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Movimiento y reposo. El equilibrio está en el medio

Tiempo de lectura: 8 minutos

Hay un tiempo señalado para todo,
un tiempo para cada suceso bajo el cielo.

Eclesiastés 3:1-8

Un tiempo para todo

El Libro del Antiguo Testamento dejó escrito hace miles de años que hay un tiempo para todo: un tiempo para nacer y un tiempo para morir; un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar; un tiempo para llorar, y un tiempo para reír; un tiempo de lamentarse, y un tiempo de bailar; un tiempo para abrazar, y un tiempo para despedirse; un tiempo para intentar o buscar, y un tiempo para desistir; un tiempo para guardar, y un tiempo para desechar; un tiempo para callar, y un tiempo para hablar…

El poema es mas extenso, y he obviado algunos de los versos que hacen referencia a odios y guerras, pero estas sabias palabras reflejan que en la vida tenemos que buscar el equilibrio dentro de nosotros mismos. Como existen el día y la noche, el ser humano, para vivir en salud, debe encontrar ese equilibrio entre hacer y no hacer, entre el movimiento y el reposo, respetando los ritmos internos. 

Nada en demasía, nada en exceso

En el templo de Apolo, en Delfos, está escrito “medén ágan”, que significa nada en demasía, nada en exceso. Y de eso se trata, de que la balanza esté en equilibrio, de respetar los ritmos, como lo hacemos al inspirar y al espirar.

Uno de los cuatro libros del confucionismo chino habla también de la doctrina de la medianía, zhong yong. Confucio dijo que la virtud de la medianía es de primer orden, pero que siempre ha sido poco común entre las personas. En el budismo existe una idea semejante, el llamado camino del medio, madhyamā-pratipad. Maimónides, judío sefardí, médico y filósofo, también desarrolló ese concepto, y la expresión latina aurea mediocritas, dorado término medio, alude a la pretensión de alcanzar ese punto medio. En castellano es habitual citar la expresión “en el término medio está la virtud” o como decían los latinos “in medio, virtus”.

Son muchas las referencias que los antiguos hacían a ese punto de equilibrio. El reposo, el descanso, es un factor necesario para la persona agotada. Durante el trabajo y el movimiento, mientras nos sentimos fuertes, gastamos energías, mientras que con el reposo, cuando nos sentimos débiles, nos recargamos. Durante la vigilia del día “enfermamos”, mientras dormimos nos recuperamos y curamos. El ritmo trabajo-descanso, acción-relajación, es muy necesario en el mantenimiento del equilibrio, siempre dinámico, al que llamamos salud. El reposo del cuerpo y la quietud de la mente nos ayudan en ese camino hacia la curación

La importancia del reposo

El cuerpo se “gasta” durante el día y se recupera durante el reposo y el sueño. Deberíamos acostarnos pronto, antes de medianoche, y levantarnos temprano. El cuerpo y la mente descansan mejor así. Si tienes problemas de insomnio puedes hacer una retrospectiva de lo vivido durante el día cuando te metas en la cama. Se trata de hacer un recorrido desde lo último vivido y así hacia atrás, hasta lo vivido al despertarnos, en forma de imágenes y sin pensar mucho. Esta sencilla pero valiosa técnica te puede ayudar a dormir; de hecho fue recomendada por el propio Rudolf Steiner.

Si no cuidamos el equilibrio entre el trabajo y el movimiento con el reposo, acabaremos estresados y agotados física y psíquicamente. La persona enferma es una persona agotada. Necesita descansar y dormir mucho. No olvidemos que el cansancio es uno de los principales síntomas de enfermedad y que el animal enfermo, por propio instinto, se va a un rincón aislado del mundo a descansar y recuperar energías. 

Mientras la actividad nos desgasta, el reposo nos cura. Durante el descanso y el sueño, el cuerpo se desintoxica, se regenera y recupera lo gastado durante el día, por lo que es necesario mantener las diversas formas de reposo. El reposo físico está especialmente recomendado en la enfermedad. En esas ocasiones podemos también hacer un reposo fisiológico o metabólico, ayuno o a dieta de frutas o crudos. De esa manera el cuerpo ahorra energía de la digestión y asimilación de los alimentos ingeridos, y esa energía se invierte en el proceso de curación, guiado por la inteligencia somática de nuestro organismo. El reposo psicoemocional nos ayudará a estar serenos. Podemos compartir con alguien nuestras inquietudes, preocupaciones, miedos y dolores del alma, esto nos ayudará a convertir el dolor en amor. El reposo sensorial, la calma y el silencio, también nos ayudará. 

Somos seres articulados 

Y así como nuestro cuerpo necesita el reposo, también necesita el movimiento. Somos seres articulados, prestos para el movimiento. En estos días en los que estamos confinados en nuestras casas, es más necesario que nunca adoptar una rutina y encontrar un espacio para la actividad física. 

Vivimos en un mundo cada vez más sedentario, pero el ejercicio es imprescindible para activar el organismo y mantener la mente más tranquila y relajada. Si llevamos una forma de vida sedentaria, tenderemos a darle muchas vueltas a la cabeza. Suelo repetir mucho esa frase de que “cuando el cuerpo se para, la mente se dispara”, pero es así. Por el contrario, cuando el cuerpo durante el esfuerzo se cansa, la mente descansa, y ya sabemos que somos una unidad cuerpo-mente. Por eso es aconsejable practicar cualquier deporte o, al menos, caminar de forma rápida una hora al día o más tiempo. Con ello fortalecemos y equilibramos el aparato cardiocirculatorio, los pulmones y nuestro estado de salud en general.

Los beneficios del ejercicio físico son interminables. El movimiento físico disminuye la grasa corporal, aumenta la masa muscular y la masa ósea, favorece la calcificación y previene la osteoporosis, aumenta la capacidad respiratoria, mejora el movimiento de nuestras articulaciones y la función cardiovascular, evita la arteriosclerosis, reduce los niveles de colesterol y de triglicéridos en sangre, favorece la circulación, disminuye la presión arterial y la cantidad de glucosa en sangre, mejora la digestión y el metabolismo y, además, nos permite mantenernos más relajados y dormir con mayor facilidad. 

En tiempos revueltos como los actuales, cabe destacar que también mejora la respuesta inmunológica ante infecciones, inflamaciones o agresiones de distinto tipo. El sistema inmune mantiene el equilibrio interno del organismo. Sabemos además que con el ejercicio aumenta la sensación de bienestar ya que se produce una liberación de endorfinas, sustancias del propio organismo con una estructura química similar a morfina, que favorecen el “sentirse bien” después del ejercicio. Podríamos decir que el ejercicio nos ayuda a mantenernos con ánimo a pesar de las dificultades de la vida.

Cuando el cuerpo se para, la mente se dispara

Una persona que no se mueve tiene la energía parada y bloqueada, así que la recomendación es que elijas una actividad o ejercicio adecuado a tu edad y constitución. Y si el ejercicio físico se acompaña de diversión y entretenimiento, mejor aún. Bailar puede ser una muy buena opción. Pon música en tu casa y baila, solo, con tu pareja, con tus hijos… Deja que el cuerpo se deje llevar por la música, buscando el movimiento y la expresión del cuerpo libre.

Las personas mentalmente más sanas se encuentran también corporalmente más sueltas; por el contrario, las que sufren graves problemas psicológicos, tienen el cuerpo sin vida, rígido, con poca expresión y con la “coraza” puesta. Las tensiones musculares o acorazamiento muscular, como descubrió Wilhelm Reich, desgastan las fuerzas del cuerpo e impide la buena circulación de la energía vital.

Las diferentes técnicas de relajación, estiramientos, yoga, meditación y consciencia corporal, son necesarias para una buena salud física, emocional y mental. Las técnicas de estiramientos ayudan mucho a que los músculos contraídos vuelvan a recuperar un tono normal y una forma más correcta. Un músculo suelto, un cuerpo suelto, como el de los niños, permite que la energía vital circule en su interior. De esta manera se siente la fuerza de la vida. Cuando realizamos un gran esfuerzo o trabajo prolongado debemos relajar o estirar los músculos contraídos.

El arte de vivir en armonía y equilibrio

Asclepio, dios de la medicina entre los griegos antiguos, tuvo dos hijas, Panacea, diosa de la curación, e Higeia, diosa del arte de curar a través del arte de vivir. Y una de esas artes es el arte de vivir en armonía y equilibrio. Para ello es necesario dedicar un tiempo para nosotros mismos. Todos los seres humanos necesitamos momentos para estar con nosotros mismos, tiempo de quietud, momentos para meditar y conectar con la vida dentro y fuera de nosotros. 

Durante estos días de confinamiento, cuando no podemos salir fuera, nos queda otra dirección, ir hacia nuestro interior. Estos tiempos convulsos son un buen momento para interiorizar, para mirar hacia dentro. Pasa un tiempo escuchando música, relájate y trata de pensar en cosas agradables o no pensar en nada. Meditar, leer un buen libro… o sencillamente “perder el tiempo” para no perderte, para encontrarte contigo mismo.

Intenta vivir aquí y ahora. No hay otro momento, no hay otro lugar. El ayer ya pasó, no existe, el mañana no ha llegado todavía. El mejor antídoto para la ansiedad, como dice Luis Pelayo, es vivir aquí y ahora. Menos pensar y más sentir y observar. Observar es observar, no es pensar. No caigas en el miedo, no ayudes a aumentar la contaminación psíquica o la plaga emocional que nos rodea y nos contagia. 

Deja que te den un masaje de vez en cuando. Es importante aprender a dejarse cuidar.

Recupera la capacidad de disfrutar. Estos días nos podemos reunir para jugar, contar historias, leer poesía, cuentos, historias, cantar juntos. Tómate un tiempo para disfrutar de las cosas que te gustan sin más preocupaciones, dejando emerger el niño o la niña que llevas dentro. Es momento de recuperar nuestro “niño interior” y dejarle disfrutar del juego, la risa y el humor. Sorpréndete a ti mismo regalándote algo, no es necesario que sea algo material, puede ser un baño de espuma y sal, un rato al sol, un masaje, una comida rica y sana. Deja que tu vida se llene de imaginación, inspiración e intuición.

Sonríe y da las gracias

Y mantén la capacidad de agradecimiento. No tanto pensar en lo que nos falta, no tenemos, hemos perdido o quisiéramos tener, sino sentir y agradecer lo mucho que tenemos. La capacidad de agradecimiento es una de las fuerzas más curativas con la que podemos contar los seres humanos. 

Es tiempo especialmente para mantener las relaciones con los demás sin aislarse. El grupo y el afecto del grupo te pueden ayudar en los momentos difíciles. Las relaciones afectivas nos acolchan en las crisis. El amor alimenta y nutre. La “red” familiar o la “urdimbre” afectiva, de Rof Carballo, nos sostiene, nos protege. Podemos reírnos juntos, y como decía el psiquiatra Ola Raknes, nos hace bien practicar y vivir las tres haches: humanidad, humildad y humor. De vez en cuando es bueno reírnos de nosotros mismos, de nuestra “avería”; sin cogernos la vida tan en serio. Un poco de chifladura sana nos ayuda a vivir, un poco de sana “locura” nos cura.

Regala una sonrisa al día, ¡por lo menos! Un día que no sonrías es un día no aprovechado. Incluso en los momentos difíciles podemos sonreír. La sonrisa y la risa son síntomas de salud. Deja que tu sonrisa sincera encienda la sonrisa de las personas que están a tu lado. Y abraza a los seres queridos. Un buen abrazo es un acto de amor y de compartir energía. No te cortes por el qué pensarán los demás, de alguna manera abraza la vida. Si tienes hijos pequeños no olvides que tan importante o más que el propio alimento es el contacto piel con piel. El niño pequeño necesita sentir el contacto y las caricias de los mayores como alimento para crecer física y psicológicamente sanos. 

Confía y espera

Estas dos palabras pueden ayudarte en épocas de crisis a salir de una situación difícil. Es necesario recuperar la autoconfianza y la confianza en la vida. Confiar, aunque a veces parezca lo contrario, que la vida nos cuida, que las cosas volverán a su sitio. 

Es importante la fuerza de la intención y las ganas de vivir. Es importante tener una motivación y unos objetivos para vivir. De lo contrario, cuando esta motivación falta, sólo podemos sobrevivir. Viktor Frankl ya lo decía, quien tiene un por qué para vivir, encuentra un cómo. Frankl que vivió en primera persona los horrores de un campo de concentración nazi, observó que sobrevivían los internos que tenían un motivo para vivir, que mantenían un sentido de vida.

Por eso yo te animo a que disfrutes, vivas, ames, y que descanses de vez en cuando!

Ya me di al poder que mi destino rige,
No me aferro ya a nada, para así no tener nada que defender,
No tengo pensamientos, para así poder ver.
No temo ya a nada, para así poder acordarme de mí,
Sereno y desprendido,
Me dejará el águila pasar a la libertad.

“El Don del águila”. Carlos Castaneda

Dr. Karmelo Bizkarra Maiztegi

Director médico del Centro de Salud Vital Zuhaizpe

3 comentatios

  1. FERNANDO

    Gracias Karmelo por todo lo bueno que nos das. Un abrazo desde el corazón.

  2. Andrea M.T.

    Hola …. solo quería darles las Gracias por TODO lo que han compartido estas últimas semanas.
    Han sido una gran ayuda los articulos, los ejercicios y las recetas … ¡¡¡ Muchas Gracias !!!
    Saluditos Cariñosos y LO MEJOR PARA USTEDES.
    Andrea 🌿
    Santiago / Chile

  3. Braulio

    Hola

    Muy buena la entrevista a Spiritual Chef, gracias. ¿Qué medio de comunicación de Gipuzkoa te ha censurado? ¿Qué han alegado?

    Salud, paz

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