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Tiempo de lectura: 2 minutos

Una vieja leyenda árabe, que se titula “La arena y la piedra”, anima a escribir las ofensas que recibimos en la fina arena del desierto, para que los vientos del olvido y del perdón se encarguen de borrarlas. Del mismo modo, nos alienta a grabar lo grandioso que vivimos en la piedra de la memoria del corazón, pues es allí precisamente, donde ningún viento puede borrarlo…

No hay árbol que el viento no haya sacudido…

A media tarde, en el Valle de Yerri (Deierri) desde donde os escribo, la brisa que acaricia se convierte, muchas veces como ahora, en un viento fuerte que agita los árboles, empuja a las nubes y alborota a los pájaros. Cuando te envuelve, tiene el poder de sacudirte internamente. Es un viento que contraría a mucha gente (porque la mueve) y que divierte a otra tanta (que no se resiste y fluye con él). Claro que nunca sopla a gusto de todos.

Uno de los grandes regalos que recibo de la Vida es poder compaginar la dirección de Zuhaizpe con la labor terapéutica. Acompañaros en vuestros procesos me ayuda a revisar, a mí también, si las ofensas que he recibido a lo largo de mi vida las he escrito en la piedra, y los logros en la arena, o al revés… Como sabéis, esa mirada hacia dentro demanda una gran dosis de humildad, coraje, honestidad con una misma… Y también sabéis, sobre todo los que os dedicáis a acompañar emocionalmente a otras personas, que en casa del herrero, los cuchillos acostumbran a ser de palo. 🙂

Aceptar y seguir

Motivos para escribir en la arena he tenido alguno a lo largo este último mes; acordarme de que conviene escribir en ella, en lugar de en la piedra del corazón, me ha costado. Aceptar los cambios (no elegidos ni deseados) y seguir con la mirada puesta en un horizonte mayor que esa pequeñez del día a día y del ego humano -incluido el mío-, ha sido mi gran reto. Y es que, a veces… ¡tengo las ideas tan claras de cómo deben ser las cosas…!

Dejar que lo que me duele, duela.., para que no se enquiste mi enojo; poner nombre a lo difícil y afrontarlo, para que algo se mueva y se me mueva; mostrar mi desconcierto y mi no saber qué hacer; llorar la perdida; pedir consejo… 

Una vez más, vuelvo a comprobar que des(a)nudarme me ayuda. Y ayuda. Los vientos de este Valle lo saben y me lo recuerdan.

Amalia Castro

Directora de Zuhaizpe

3 comentatios

  1. montse

    Gracias por este escrito”para mi …de grandísima ayuda…
    Nunca lo había visto asi….en la piedra ….o en la arena…..
    .
    .asi la vida….’cambia el color y el sentido’
    Para mí

  2. Luz Barba Vera

    Gracias , es un placer leerte.
    sabiendo que atraviesas experiencias reales , los grandes siempre tienden a estar muy solos , no solo escriben en piedra o arena sino que os toca crear nuevos senderos a martillo y cincel y esa es tarea dificil cuando se trabaja en abierto , al descubierto y muchas veces en el ojo del uracan ,
    estas acompañada y muchas personas te portan en el alma porque tu ayuda acostumbra a ser de alma a alma y tus errores solo son por ser humana y estar aqui .
    Agradezco a tus valles y a tus montañas que vivas y continues.

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