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Encrucijada emocional, senda de curación

Tiempo de lectura: 7 minutos

No corras

Ve despacio

Donde tienes que ir es a ti solo

Extracto del libro “Eternidades” de Juan Ramón Jiménez

La vida del ser humano es como recorrer un camino en el que transitamos por senderos, montañas, bosques y desiertos. La vida a veces te mece, como en una cuna o una hamaca, y otras te agita, como una tormenta en medio de la mar; y en ese discurrir, en esa travesía, siempre nos encontramos con las cuatro emociones básicas, como si fueran los cuatro puntos cardinales del mundo emocional: el miedo, la tristeza, la rabia y la alegría. 

Adentrarnos en nuestras emociones a veces no es fácil, pero es un camino a transitar, no en vano, la expresión emocional es una de las 5 claves de la Salud. Las emociones pueden ser la brújula que nos marquen la dirección hacia nosotros mismos, hacia ese lugar que cita el poeta, ese lugar donde tenemos que ir, sí o sí. 

La encrucijada 

El símbolo de la cruz, desde los tiempos más antiguos de la humanidad, representa la unión de las fuerzas del Cosmos (vertical) con las fuerzas de la Naturaleza (horizontal); la unión de lo de arriba con lo de abajo, del cielo con la tierra. Zuhaizpe como sabéis está también en un cruce de caminos. Y no es casualidad que el lugar en el que se encuentra nuestro árbol, sea el lugar donde encontrar cobijo para acceder a las emociones, a nuestro mundo interior, para transitar por lugares por donde nunca antes habíamos transitado. Muchos de vosotros nos habéis dicho que tras pasar por Zuhaizpe habéis tomado decisiones que han dado un nuevo sentido a vuestras maneras de vivir, de sentir o de pensar. 

Las emociones también se organizan en torno a una encrucijada. En la encrucijada emocional, la vida camina entre dos pares de opuestos: el miedo y la tristeza, que me aíslan y separan del mundo; y la alegría y la ira (rabia), que me empujan hacia el exterior y hacia los demás. El miedo y la tristeza son como el otoño y el invierno, nos meten hacia dentro. La rabia y la alegría son como la primavera y el verano, nos sacan hacia fuera. En el miedo y la tristeza nos replegamos como en los días oscuros, en la rabia y la alegría nos expandimos como en los días de sol.

Las emociones hablan

La palabra emoción proviene del latín “emovere” que significa sacudir, “mover al exterior”. Una emoción es algo que nos pone en movimiento, que nos impulsa desde nuestro interior, que nos mueve al exterior y nos impulsa a actuar. 

El miedo nos habla de prudencia, la tristeza de una pérdida, la rabia nos ayuda a recuperar el terreno perdido, la alegría es doble alegría cuando es compartida. Toda emoción, en si misma, no es buena ni mala; es adaptativa. Si la vivimos nos equilibra, si la reprimimos nos hace enfermar. El miedo se transforma en ansiedad crónica, la tristeza cronificada en depresión, la rabia en violencia destructiva y la alegría en euforia desmedida donde no tocamos tierra.

En el fondo de lo que se trata es de expresar lo que sentimos; de atreverte a sentir. A mi me gusta utilizar la palabra sensar, palabra castellana que hemos excluido de nuestro vocabulario, y que expresa la capacidad de percibir, registrar, detectar dentro de nosotros mismos a nivel de sensaciones. Si no lo hacemos, si no nos sensamos, si no expresamos, podemos enfermar. 

Lo que no expresamos por la palabra, lo expresa el cuerpo 

Si no nos escuchamos, el cuerpo habla por nosotros en forma de enfermedad. Pierre Marty, uno de los grandes de la psicosomática, relaciona la incapacidad de expresar emociones con la aparición de muchas enfermedades psicosomáticas, y es que la represión e inhibición de la expresión emocional, es una de las primeras causas de la aparición de muchos de nuestros trastornos orgánicos. Psicosomática viene del griego antiguo Psycké y Soma. Soma para los antiguos griegos significaba cuerpo vivo, y Psycké, alma. 

Las emociones no expresadas, las que enterramos en lo más profundo de nuestro cuerpo, se quedan congeladas allí, generando zonas corporales aisladas de los circuitos de energía y de la circulación de la sangre; ancladas en zonas frías, donde incluso la temperatura es más baja que lo normal. A veces el cuerpo intenta curar dichas zonas aumentando la afluencia de sangre, de energía y de calor y aparece la inflamación. La artritis es un ejemplo de esta reacción en cualquier articulación del organismo. 

El mundo de los sentimientos y de las emociones se asienta más que en la cabeza, en el pecho; y concretamente se sitúa entre dos grandes “nudos”: el nudo en la boca del estómago, cuando estamos angustiados, con miedo o con rabia, y el nudo en la garganta, cuando no expresamos mediante la palabra lo que pensamos o sentimos, o no nos permitimos llorar.

Con frecuencia, cuando no expresamos la emoción, bloqueamos el “plexo solar” (o celíaco), centro energético y nervioso localizado en la boca del estómago, y bloqueamos también el diafragma, el gran músculo de la respiración. Al mantener contraído el diafragma, se restringe la entrada de aire y la respiración se hace más corta, lo cual nos permite no bajar, ni a la profundidad del cuerpo físico, ni emocional, ni a los instintos, ni a los impulsos… no bajamos a los sótanos para no sentir y nos quedamos arriba, en la cabeza, en el pensar. De esta manera, no perdemos la cabeza, pero tampoco vivimos la vida, solo la pensamos. Disminuimos el respirar para no sentir, no sentir para no sufrir. 

Decía John Lennon que la vida es aquello que va aconteciendo mientras tu estás ocupado en pensar en otra cosa… y de hecho, muchas veces para no sentir, nos refugiamos en una racionalización excesiva y buscamos tapaderas como el trabajo, la comida, la bebida, las drogas, los medicamentos o el consumo. Otras veces caemos en la trampa del materialismo a través del consumo excesivo y sin sentido, y muchas otras echamos la culpa de todos nuestros males a los demás. Finalmente podemos caer en la apatía, la indiferencia, la resignación, la queja, la decepción y la falta de sentido de la vida.

Al final, siempre expresamos 

La paradoja es que, de una manera u otra, al final siempre expresamos lo que sentimos. Si no lo hacemos a través de la palabra, lo hacemos a través de los gestos, de la constitución corporal y en el peor de los casos, lo expresamos a través de los síntomas de la enfermedad. Como médico trato de escuchar más allá de las palabras, porque muchas veces dice más de nosotros lo que callamos que lo que decimos. Inevitablemente nos expresamos a través de gestos, del tono de voz, de la postura corporal, del ritmo de la respiración, de la expresión de la cara, e incluso de la expresión de nuestros ojos… Hay un lenguaje corporal que habla en lugar de la palabra. Daniel Goleman señala que más del 90% de los mensajes emocionales que transmitimos son de naturaleza no verbal. 

Nuestra constitución corporal también habla de nuestras emociones; es diferente la emocionalidad expresada a través de una constitución rígida y controladora, cosa habitual en las personas delgadas (tipo palo de escoba), o una constitución más sometida o contenida (tipo tonel), característica de las personas más anchas y obesas. 

El cuerpo también habla de nuestro pasado, de lo que no nos atrevimos a sentir, a decir o a vivir. Esta demostrado que cuando nos resistimos a algo, persiste el problema. Fue Wilhelm Reich el que descubrió que para no expresar lo sentido disminuimos la respiración al mínimo y endurecemos, acorazamos el cuerpo. Y dejamos de vivir, para acomodarnos en el sobrevivir.

Como dice Amalia Castro, la psicóloga y directora de Zuhaizpe, “si tú no te haces cargo de lo que sientes, de lo que aún duele dentro, si no le das espacio, si no lo respiras, lo vives, lo observas, lo abrazas… dedicarás gran parte de tu energía inconsciente a edificar un muro, una barrera divisoria que te impedirá contactar con una parte que también eres. Probablemente, después de eso, aparecerá el agotamiento y la enfermedad, pues la vida no podrá tener acceso a esa zona de ti que se quedó congelada, bloqueada, acorazada, ausente… para no sentir”. 

Así pues, toda enfermedad nos trae un mensaje, y lleva conciencia a partes de nuestro cuerpo y de nuestra forma de ser o actuar, de las que no éramos conscientes; partes que nos estaban hablando pero que no escuchábamos. La enfermedad nos viene a hablar de lo no vivido, de lo no dicho, de lo no expresado. La enfermedad nos sacude y nos hace reaccionar. Por eso repito, una y otra vez, la importancia de alinear lo que pensamos, con lo que decimos y con lo que hacemos. Como decían los antiguos que haya verdad en el pensar, belleza en el sentir y bondad en el hacer. Tú eliges estar alineado o alienado (desalineado).

Currarse para curarse

Me habréis escuchado decir que para curarse hay que currarse, y que nuestro reto es convertir el dolor en amor. En ese compromiso hacia con uno mismo está la diferencia entre vivir y sobrevivir. Cada emoción es un color del arco irisdel mundo interno que somos, y para vivir hay que bucear en las profundidades de nuestro yo, a veces bajando a los infiernos y otras veces elevándonos al séptimo cielo. 

Nuestra vida camina entre luces y sombras, y ocurre con frecuencia que cuando más luz tenemos mayor parece la sombra. La vida siempre nos ofrece la oportunidad, muchas veces a través del dolor, de crecer hacia nuestro interior, para ser más humano, para Ser Humano. No nos conformemos con estar en el mundo sino que aspiremos a Ser en el mundo. Aspiremos a curarnos y curar al planeta, “vive y ayuda a vivir”.

Bernie Siegel, médico cirujano y famoso escritor, escribió haciendo referencia a físicos  cuánticos como David Bohm y Stewart Wolf, que es posible que al experimentar diferente emociones transformemos incluso nuestros átomos. Según Wolf, el miedo afecta a los electrones (y quizá se expresa por mediación de ellos) y el amor a los fotones. Las últimas investigaciones hablan de que las células del cuerpo se comunican mediante fotones o elementos de luz.

Somos seres de luz en esta escuela de la vida; en este viaje a Ítaca. Y está en nuestras manos mirar en nuestro interior. La curación lleva su tiempo, pero la constancia y la paciencia nos pueden ayudar a recorrer el camino hacia el equilibrio emocional. Y en estos tiempos de confinamiento en nuestras casas, nos sobra tiempo para conectar con nuestras emociones, y atrevernos a sentir, a sensar, a expresar…

La expresión emocional tiene muchas formas, podemos hablar con nuestras parejas, nuestros padres e hijos, con nuestros amigos, podemos expresar a través de la palabra, pero lo podemos hacer también pintando, cantando, bailando, tocando algún instrumento, escribiendo… son casi infinitas las posibilidades a través de las cuales nos podemos expresar, dejando nuestra impronta en el mundo, nuestro color, nuestra música personal…En la película de Zorba el griego, Zorba, cuando las cosas le iban mal se ponía a bailar. Es una buena catarsis!

Se habla mucho de inteligencia emocional pero la mayoría somos analfabetos emocionales. Desde pequeños en la escuela aprendemos los nombres de los ríos de África o las montañas de Asia, pero no sabemos nada de lo que pasa en nuestro interior; no hemos aprendido a desarrollar herramientas para gestionar nuestras emociones

Así que desde estas líneas os invito a mirar hacia dentro. Más allá de nuestras máscaras, de nuestros personajes, de nuestros mecanismos de defensa, de nuestros egos, os invito a sentir, a sensar, a dar espacio a las emociones, a respirarlas, a atravesarlas, y a expresar para ir sanando.

Cuando encauzamos y armonizamos nuestras emociones como procesos vitales, nos estamos curando. Sanando a través de las emociones.

¡Feliz travesía! ¡Feliz viaje a ÍTACA!

Dr. Karmelo Bizkarra Maiztegi

Director médico del Centro de Salud Vital Zuhaizpe

Si quieres saber más: Encrucijada emocional (Ed. DDB)

4 comentatios

  1. Francisca Truyol Pons

    Me encanta todo lo que dices, y para mi es un honor aberte conocido hace 32 años, eres una gran persona y un gran medico que vas a buscar las raices de la enfermedad, Un abrazo desde Ferrerias Menorca. Xisca, idó.

  2. Aupa! Me ha encantado el artículo. Resueno con todo lo que compartes. Soy Arteterapeuta Gestalt y me dedico a acompañar todo este mundo emocional k como dices, no nos enseñaron a gestionar. Me da mucha claridad leerte y me reafirma en mi propósito. También en en el sensar que curiosamente estoy trabajando mucho ahora con la danza contact improvisación. Y este viaje a Itaca, cuyas palabras me acompañan desde que comencé todo este viaje interno. Eskerrik asko bihotzez, me siento parte de esta gran familia. Quizá algún día pueda compartir con vosotros en persona 😉

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