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El confinamiento interior

Tiempo de lectura: 6 minutos

Quien mira hacia fuera, sueña. Quien mira hacia dentro, despierta

Carl Jung

Los que ya me conocéis, en mi faceta de psicóloga, sabéis de mi interés en indagar por el mundo interno y las profundidades del ser humano, así que por ahí quiero explorar el tema de los encierros, confinamientos y limitaciones varias impuestas o autoimpuestas.

Según la definición de la RAE, confinar consiste en “recluir algo o a alguien dentro de límites”. Y es precisamente esta idea de recluir o limitar la que despierta mi interés y me lleva a cuestionarme y a preguntarte a ti, en primera persona, si eres consciente, más allá de los límites externos (impuestos o autoimpuestos), de tus limitaciones internas. ¿Eres consciente de tu confinamiento interior? ¿De los límites que te impones por miedo?  

¿Te has parado alguna vez a revisar o cuestionar las barreras que delimitan lo que eres, o, más bien, lo que crees que eres? ¿Esas fronteras dentro de las que preservas tu vida, las has cimentado tu, o son muros impuestos por creencias y maneras de entender la vida heredadas de tu familia, de tu cultura, de tu educación o impuestas por las autoridades de turno?

Amplia tu horizonte personal 

¿Quién serías si te permites ampliar tu horizonte personal interno? ¿Quién serías si te atrevieses a cuestionar todo lo que te han dicho que eres, lo que crees que eres? ¿Qué se manifestaría en ti si atravesaras tu miedo y te permitieras brillar con tu propia luz?

Escribía Marianne Williamson, en su libro Volver al Amor

Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos sin límite. Es nuestra luz, no la oscuridad lo que mas nos asusta. Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso? En realidad, ¿quién eres tú para no serlo? ( …) El hecho de jugar a ser pequeño no sirve de nada al mundo. No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras. (…) Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás.”

En mis más de veinte años de experiencia profesional acompañando procesos hacia la salud, puedo ratificar que, sin duda, lo que más nos asusta es darnos cuenta de lo poderosos que somos; nos asusta caer en la cuenta de que podemos ir más allá de nuestros límites autoimpuestos. Todos poseemos dentro el valor y el coraje para ir más allá de lo que creemos que somos, el valor para traspasar nuestro techo de cristal personal. En general, vivimos la vida dentro de unos límites internos estrechos, defendidos por principios y creencias, la mayoría heredadas, y adormecidos por hábitos que nos empequeñecen. Somos esclavos de identificaciones y programaciones impuestas y aprendidas desde nuestra niñez.

Pero nos da miedo cambiar; nos da miedo que nos dejen de querer, nos da miedo el castigo de la figura de autoridad (padres, maestros, autoridad policial o gubernativa), ante la que seguimos sometidos simplemente porque no nos atrevemos a cuestionarla, nos da miedo perder cosas en el camino hacia nuestra esencia, nos da miedo SER.

Mejor vivir sin miedo 

Dice la letra de una de las canciones de Rosana “mejor vivir sin miedo”, a lo que yo matizaría: mejor ser consciente de él, escuchar su mensaje y, en compañía de los recursos o apoyos que necesites, conquistar aquello que te da miedo, aunque el temor aún siga ahí.

Si has compartido con nosotros alguna estancia en Zuhaizpe seguramente ya comprendes a que te estoy invitando… Te invito a mirar de frente aquello que tanto te asusta y, con los ojos del corazón bien abiertos, comprobar si lo que estás percibiendo como una amenaza es tal, o es, más bien, un pensamiento o creación de tu mente. Te invito a que conectes con los recursos que tienes dentro, que son muchos más de los que crees tener, y, de la mano de tu coraje, des un primer paso que te acerque a aquello que quieres alcanzar, aunque el miedo te acompañe. Valiente no es la persona que no tiene miedo, sino la que actúa a pesar del miedo. Ya verás como cuanto más te expongas a aquello que temes y des más pasos en esa dirección, el miedo va aminorando… 

A través de mi experiencia puedo decir que cuando comprendes y miras con amor a tu miedo y a la parte de ti que se siente amenazada, cuando lo abrazas, el miedo se disuelve. Son el calor y amor los que derriten esta emoción que enfría tu alma y congela tu cuerpo hasta casi llegar a paralizarlo.

Anímate a salir de tu confinamiento interior, a traspasar tus miedos, y permitir que la luz y el amor que eres brille con todo su esplendor. 

Del miedo al amor

Alguien decía que lo contrario del amor no es el odio, sino el miedo, y hay mucho de verdad en ello.

Cuenta una breve historia, que un día le preguntaron al Maestro: ¿Qué es el amor?

Y éste respondió: La ausencia total del miedo.

Y ¿qué es a lo que le tenemos miedo? le volvieron a preguntar

“Al amor que somos “, respondió el Maestro.

El amor nos trae conexión y libertad; el miedo nos confina en nosotros mismos de espaldas a la vida y a la plenitud; nos mantiene escondidos dentro de una identidad (ego) aparentemente segura pero estrechísima, de cuyos muros limitantes muy pocas veces somos conscientes. 

Es el temor a nuestra sombra, a nuestra parte más oscura y oculta, la que nos dificulta amarnos a nosotros mismos. Ya desde pequeños nos dimos cuenta de que teníamos que esconderla si queríamos ser aceptados. ¿Qué harías si no tuvieras miedo de sentirte rechazado por ser quien eres? ¿Cuánto permiso te das para conocerte y entrar en tu sombra? La mayoría estamos encadenados en la caverna de Platón, confundiendo las sombras con la realidad.

Cuando el amor habita en nosotros, la amígdala cerebral que es la zona en nuestro cerebro donde se activa y procesa el miedo, se relaja. Amarnos es sinónimo de escucharnos, atendernos, aceptarnos, respetarnos, valorarnos y, en definitiva, ser amables con nosotros mismos en cada momento y frente a cualquier situación.

El amor nos hace volar como un pájaro libre planeando con el viento. El miedo nos convierte en un pájaro enjaulado, aunque la jaula sea de oro y llena de comodidades.

Y a pesar de que lo sabemos, ¿por qué nos asusta tanto salir de nuestra jaula? ¿Por qué nos aferramos a nuestra zona de confort, donde aparentemente “mantengo el control”, aunque eso perpetúe un estado de malestar o insatisfacción, o incluso de enfermedad?  

Los límites del ego

Todos tenemos una frontera que nos separa del resto del mundo y que nos contiene dentro de sus límites. A nivel físico esa clara frontera es nuestra piel, a un nivel anímico son los límites emocionales, y a un nivel más amplio es nuestro ego o identidad.

En general, los límites saludables nos ayudan a estructurar nuestra vida. Nos permiten tener unaidea más clara de quiénes somos y de cómo queremos vivir en relación con nosotros y con los demás, con el entorno. El problema aparece cuando los límites de nuestra identidad se vuelven una cárcel estrecha y asfixiante que nos hacen sufrir, cuando nuestro ego nos aleja cada vez más de lo que somos de verdad y nos mantiene confinados dentro de unos límites construidos en base a la necesidad de aprobación de los demás, de recibir el amor de los otros olvidándonos de quienes somos. Yo soy la primera que he de amarme a mí misma.

Nuestro ego quiere tener el poder, quiere mantener el control ante las situaciones y las personas que nos rodean, porque en lo más profundo de él hay miedo, miedo a la esencia y amor que somos.

Fingir constantemente lo que no somos, expresar opiniones contrarias a las que en realidad sustentamos, simular ante determinadas circunstancias que somos alguien diferente…, nos hace ir perdiendo contacto con nuestro ser real hasta terminar ignorando lo que realmente deseamos y necesitamos. Y esto, más pronto que tarde, nos conduce directamente a la enfermedad y al sufrimiento. 

La salida es hacia dentro

Retomo esa gran frase de ese gran psicólogo que fue Carl Jung. “Quien mira hacia fuera, sueña. Quien mira hacia dentro, despierta”.

Ir hacia adentro esasumir el reto de ir desmontando aquello que no eres. Requiere bucear en la profundidad de ti mismo para desde ahí acompañar todo lo que hay: viejas heridas, dolores antiguos y no tan antiguos, prejuicios, creencias limitantes, programaciones… Y eso necesita de buenas dosis de escucha, paciencia, valentía, dedicación y comprensión hacia todo lo que fue, tal y como fue. Sólo desde ahí podrás conectar con lo que te hace único y comprender el verdadero propósito de tu vida. 

La salida hacia dentro representa un gran cambio de paradigma, es tomar las riendas de tu vida con tus manos; es reconectarte con lo que de verdad eres y actuar desde el amor que habita en la profundidad de tu corazón.

Pero ten presente que el mirar hacia dentro es una labor de todos los días. Estamos tan acostumbrados a mirar y culpar fuera por todo lo que nos ocurre…

Este viaje interno pasa como dice el Dr. Karmelo Bizkarra, por “transformar el dolor en amor y poner el amor en acción”. Con ello estarás aportando tu granito de arena para construir entre todos un mundo más amoroso y humano.

Amalia Castro
Psicologa Gi-17-16
Directora del Centro de Salud Vital Zuhaizpe

2 comentatios

  1. Adelina Cardona

    Un millon de gracias.
    Un abrazo.

  2. Wilson Garcia

    Totalmente cierto…estamos dentro, no fuera.
    Las respuestas están en el interior y nos empeñamos en buscarlas en el lugar equivocado

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