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El Ayuno terapéutico

Tiempo de lectura: 24 minutos

¿POR QUÉ EL AYUNO?

El ayuno ha tomado parte de la vida diaria en la humanidad desde siempre, especialmente en los momentos rituales. La cuaresma no es más que un recuerdo de aquellos tiempos. Precisamente en el momento en el que la tierra se encuentra más desnuda en frutas y verduras. El ayuno ha sido siempre utilizado en la triple vía de “limpieza” corporal, descontaminación mental y claridad espiritual

En palabras del Dr. Pedro Laín Entralgo: “A comienzos del siglo XIX….Vigente desde los hipocráticos, la restricción alimentaria en las enfermedades agudas seguía siendo la regla…” (Historia de la Medicina, pág.534. P. Laín Entralgo. Masson-Salvat)

Durante todas las noches descansamos, dormimos y ayunamos. Durante el día gastamos nuestra energía en la actividad de vigilia, en el trabajo, en nuestros problemas emocionales, en nuestros pensamientos,..durante la noche el cuerpo descansa y toda la energía durante esas horas de ayuno se dirige hacia la recuperación, eliminación, y regeneración de lo gastado durante el día. El cuerpo se gasta y se consume de día, y se recupera de noche. Los niños pequeños que necesitan mucha energía para sus procesos metabólicos y de crecimiento, duermen mucho. El cuerpo se cura por la noche lo que gastamos y “enfermamos” durante el día, y durante ese periodo el cuerpo descansa físicamente, y descansa fisiológicamente, proceso éste último que conocemos como periodo de ayuno. Periodo que termina con el desayuno (des-ayuno). Por la noche trabajan las fuerzas de regeneración, durante el día las fuerzas orgánicas están centradas en otras actividades: el movimiento, el trabajo, la relación con el mundo que nos rodea y con los demás seres humanos. 

Numerosos experimentos con animales han demostrado que la subalimentación – en contraste con la sobrealimentación – tiende a prolongar la vida y a mejorar la salud. En los seres humanos el efecto curativo debido al descenso de calorías ingeridas es igualmente esencial.

Cuando hablamos de ayuno nos referimos al periodo en el que nos mantenemos a agua, sin ninguna ingestión de otros alimentos (el agua es una forma de “alimento”). Cuando nos mantenemos a frutas o zumos hablaríamos de dietas de frutas o zumos. Y si nos mantenemos a frutas y ensaladas (con verduras crudas) hablaríamos de dieta de crudos.

El organismo sano siempre tiene un depósito de reservas nutritivas necesarias que le ayuden a salir del apuro cuando se encuentra varios días o incluso sin alimentos.

Un ayuno proporciona un estado en el que el organismo puede curarse y normalizarse a sí mismo con más rapidez y eficacia. Se pone al día en los retrasos de eliminación de sustancias de desecho y tóxicas y en la reparación de tejidos y órganos.

En el ayuno, el cuerpo no deja de alimentarse ya que se alimenta de sus propias reservas. Durante el ayuno el cuerpo se alimenta de su interior. Mientras existen reservas almacenadas en el cuerpo hablamos de ayuno, cuando las reservas se agotan, el cuerpo comienza a digerir las partes y órganos más vitales, ese periodo es conocido como inanición. La inanición no aparece, en una persona con una constitución más o menos normal, antes de cuatro semanas. Sólo en personas “consumidas” por un proceso de enfermedad o anorexia, por ejemplo, el periodo de inanición aparece antes.

Rara vez le damos unas vacaciones al aparato digestivo que siempre se ven sobrecargados de trabajo por el exceso de una alimentación no adecuada y el ayuno es una buena manera de “dar vacaciones” a todos los órganos digestivos incluidos el hígado y el páncreas.

Los animales y los niños ayunan por instinto, dejan de comer cuando sus energías son necesarias en la desintoxicación y en relación. Ayunan en la enfermedad y en los accidentes. 

Un momento adecuado para ayunar es cuando hay un dolor físico y también cuando la persona se encuentra cercana a la muerte. En esos momentos, con frecuencia, no tiene ganas de comer, pudiendo incluso sufrir vómitos. El cuerpo rechaza la comida y si la persona come aumenta el sufrimiento.

En el medio natural son muy frecuentes los periodos de ayuno. “Hay un momento para cada cosa, un momento para comer y un momento para ayunar”. Mientras tanto el cuerpo que ayuna vive de su interior. Los animales que hibernan (oso, marmota) pasan largos periodos sin ingerir alimentos, sólo asimilando las sustancias nutritivas acumuladas en sus células, tejidos y órganos. Las semillas asimilan sus propias reservas para germinar o brotar. En el ayuno hay una autolisis o autofagia, proceso en el que nos alimentamos de nuestras propias reservas. El cuerpo durante el ayuno no deja de comer, come a plato puesto.

Al contrario de lo que puede parecer en el ayuno no se pasa hambre. Después de más de cuatro décadas asesorando ayunantes no he visto que se pase hambre. La sensación física de hambre apenas dura 24-48 horas. Solo hasta el momento que el cuerpo hecha mano de sus grandes reservas grasas. Después no hay hambre, aunque algunas personas sienten “hambre psicológica”. También hay personas que mientras ayunan disfrutan de ver comer a otros o de hablar de recetas de comida. Todo depende del carácter de la persona, así como de la predisposición y los motivos para hacer el ayuno.

CONSEJOS PARA HACER UN BUEN AYUNO

La persona que ayuna debe descansar para que el máximo de energía esté disponible en el proceso de eliminación y “puesta a punto” del organismo humano. El organismo humano no es una máquina a pesar de la visión mecanicista actual de todo lo vivo y tiene toda la capacidad de autorregeneración y autocuración. Una herida se cicatriza sola; el hueso roto, si está en su sitio, se vuelve a soldar en los dos extremos; el cuerpo del bebé “sabe” como desarrollarse guiado por su propia sabiduría sin necesidad que le tengamos que decir como hacerlo. El organismo vivo tiene una gran capacidad de autorregulación, tanto en la salud como en la enfermedad. Mediante el descanso durante el ayuno ahorramos energía para que ésta sea dirigida hacia la recuperación. En el mismo ayuno, el cuerpo no tiene que gastar energía en la digestión y asimilación de los alimentos. Él extrae su energía de las sustancias “predigeridas”, asimiladas y en reserva por todo el cuerpo, especialmente en el hígado, en la grasa y en el músculo. Este ahorro de energía hace que la inteligencia corporal o somática inicie el trabajo de “limpieza” corporal y recuperación de las zonas alteradas. El cuerpo durante el ayuno se pone en situación de “cerrado por reparaciones” o “por inventario”. Es momento de eliminar no de ingerir y comienza a perder lastre.

Es importante que la persona que ayuna este tranquila, relajada y si es posible en contacto con la naturaleza, de la que nos alimentamos también. No sólo es alimento lo que ingerimos o comemos, también lo son cada uno de los cuatro elementos de la naturaleza. Todos necesitamos, para estar sanos, el contacto con la naturaleza (al menos los fines de semana), el agua, el aire y el sol. Una persona puede estar varias semanas sin comer, sólo unos días sin agua y apenas unos minutos sin respirar. Esto nos indica que el agua y el aire son imprescindibles para la salud y la vida.

El cuerpo necesita el agua como vehículo para sus procesos metabólicos, y durante el ayuno el agua nos ayuda a eliminar y depurar el organismo. La persona que ayuna tiene que tener especial cuidado en beber la suficiente cantidad. Una buena medida de seguridad es ingerir un mínimo de un litro de agua al día. Tampoco es bueno beber en exceso ya que podemos sobrecargar a los riñones ralentizando el proceso de eliminación. Al principio del ayuno, las personas que tienen gran retención de líquidos en el organismo, apenas tienen sed ya que su cuerpo es un “botijo” lleno de agua. 

Por supuesto es imprescindible hacer el ayuno bajo asesoramiento y control. Un ayuno de más de dos o tres días es necesario que sea controlado por un médico especialista en ayunos Una persona enferma siempre debe de ayunar bajo estricta vigilancia de un médico experto. El ayuno es algo muy natural pero es un nuevo “lenguaje” que hay que aprender a interpretar y traducir sus síntomas. El ayuno normal no da más que síntomas en general leves, pero hay que saber que nos transmite el cuerpo. La persona que toma medicamentos no puede interrumpirlos sin consultar con el médico y las que no hayan tomado medicamentos responderán mucho antes al ayuno, obteniendo mejores resultados.

En los casos en los que no se aconseja el ayuno puede ser suficiente una dieta a frutas o crudos (frutas o ensaladas) como proceso de eliminación. Si la persona no puede descansar para ayunar es mejor mantenerse a frutas o ensaladas o saltarse alguna comida de vez en cuando sustituyéndola por un zumo, unas frutas o ensaladas.

Hay pocas situaciones en las que nos se puede ayunar y estas son especialmente enfermedades graves como algunos cánceres muy extendidos (especialmente de hígado o riñones, por ser órganos de desintoxicación con la capacidad mermada o casi anulada, tuberculosis diseminada, verdaderas y graves enfermedades del corazón, anorexia o bulimia

LA ELIMINACIÓN

Normalmente los residuos de la función de las células son eliminados hacia el exterior por los órganos de eliminación. Muchas veces tras ser transformados por dichos órganos. Esta capacidad de eliminación aumenta con el ayuno, toda la energía se canaliza hacia esa función. En efecto, el organismo lleva siempre cierto retraso en su propia limpieza y puesta a punto.

Es aconsejable que la persona que ayuna duerma con la ventana abierta, para no volver a respirar las sustancias de desecho expulsadas por el aire. Los pulmones también son órganos de desintoxicación y renovación, especialmente importantes durante el ayuno.

BENEFICIOS DEL AYUNO

El ayuno bien hecho es verdaderamente efectivo para dar un buen repaso al cuerpo.

¿Y como se cura el cuerpo? El cuerpo guiado por su instinto somático siempre canaliza su energía hacia las zonas más necesitadas. Yo no sé en este momento como funciona mi corazón o mis pulmones, pero si que sé que lo hacen en las mejores condiciones posibles. De la misma manera se cura el cuerpo sin que ni el mejor de los médicos sepa apenas cómo lo hace. El “médico interior” guía todos los procesos necesarios para ello.

El cuerpo humano es algo tan complejo que es imprescindible intervenir lo menos posible. Si intentamos arreglar un ordenador sin muchos conocimientos, posiblemente provocaremos una avería mucho mayor. Pues bien, infinitamente más complicado que cualquier ordenador es el ser humano. Cuanto más intervengamos mayor será la avería. Sobre todo si no respetamos su capacidad autocurativa.

El cuerpo busca su equilibrio, o la homeostasis interna de la que habla los estudios de la fisiología corporal. El ayuno es un buen medio de buscar la armonía interna perdida en la enfermedad. Dicha enfermedad es un proceso adaptativo ante los cambios vitales y el ayuno es una gran ayuda en el proceso curativo. Se convierte en una gran herramienta, se expresa como Terapia Magna.

Durante el ayuno el cuerpo no pierde nada que le sea vital. Sólo se pierde lo que no es útil, grasa excesiva, incluida el colesterol depositado en los vasos sanguíneos, sustancias tóxicas y de desecho acumuladas durante años en el cuerpo. Los órganos vitales quedan intactos. Cuando una persona muere por inanición, que no por ayuno, tras más allá de 40 ó 50 días, órganos vitales como el corazón y cerebro permanecen sin alteraciones especiales, sólo pierden un 3% del peso, y por supuesto ni un solo gramo de sustancias vitales.

En general todas las enfermedades se ven favorecidas por el ayuno. Aunque en realidad el ayuno no cura nada. Es el cuerpo el que se cura con el ayuno. El organismo vivo tiene el poder de autocuración como parte del poder de curación y regeneración de toda la naturaleza y los procesos del universo al que pertenecemos. La madre naturaleza, a pesar de los desastres ecológicos producidos por el ser humano, mantiene intactas su capacidad regenerativa y, no solo eso, sino que además nos da de comer y nos cuida. En un gran acto de amor da de comer al que le destruye.

Es importante darse cuenta de que un ayuno no hace nada. Todo lo que ocurre cuando una persona ayuna es que al poder curativo ya presente y activo dentro del organismo se le presenta una mejor oportunidad para realizar su trabajo. Al no ingerir comida canaliza su energía hacia la eliminación y regeneración celular, pudiendo recuperar el tiempo atrasado en la eliminación por sobrecarga de los órganos de eliminación.

SÍNTOMAS QUE PUEDEN APARECER EN EL AYUNO

Los peores días del ayuno son, por diferencia, el segundo y el tercero. A partir de ahí los síntomas van normalmente desapareciendo, en forma incluso rápida. Al principio del ayuno predominan los síntomas de desintoxicación, de eliminación de desechos, con el paso de los días de ayuno disminuyen los síntomas de desintoxicación, a veces desagradables, para dar paso a la regeneración. Al principio del ayuno predomina la eliminación, al final la regeneración y la curación.

El dolor de cabeza, que normalmente dura unas horas y rara vez se alarga un poco más, es un síntoma muy frecuente, especialmente en las personas que tienen antecedentes de cefaleas. Este dolor de cabeza puede aparecer con el sólo hecho de dejar de tomar café, comer una alimentación sana o descansar. Muchas personas tienen síntomas de desintoxicación durante el fin de semana cuando descansan. Cuando el cuerpo descansa no gasta tanta energía hacia el exterior (trabajo físico o mental, preocupaciones, movimiento, etc), y esa energía interiorizada se canaliza a los procesos de eliminación, desintoxicación, regeneración y aparecen los síntomas de desintoxicación. En el ayuno la energía que el cuerpo ahorra por no tener que digerir o asimilar los alimentos, se interioriza y pone en marcha los procesos autocurativos. Ello se acompaña de síntomas, no de empeoramiento de la enfermedad sino de curación. Parece que enfermamos para curarnos.

Durante el ayuno la cantidad eliminada de saliva disminuye y se siente la boca seca. Tiende a volverse neutra o poco ácida. No volverá a su alcalinidad habitual hasta el momento de realimentación. La lengua se puede volver blanca, muy blanca o cargada (saburral), a veces amarillenta y la boca pastosa. En la lengua aparecen a veces “manchas”, en lo que se conoce como lengua en forma de mapa geográfica.  Hay mal gusto de boca. Incluso el agua de bebida nos puede saber mal a consecuencia de ello. Estos síntomas van descendiendo y la lengua se va volviendo más rojiza cuando avanza el ayuno.

El aliento puede ser “cargado” y fuerte, fétido, intestinal o cetónico (olor a acetona).

A veces tienen lugar una sensación de estómago lleno o incluso nauseas o vómitos, que indican el trabajo de regeneración del conducto digestivo y la eliminación de sustancias tóxicas a través de la bilis. Los vómitos pueden ser en pequeña cantidad en forma de jugos gástricos (más o menos transparentes o blanquecino) o de bilis (de color amarillo o verde), rara vez tiene el color oscuro de una bebida de cola o de café. Cuando la bilis está muy “cargada” de sustancias tóxicas y dichos tóxicos llegan al duodeno, o primera porción del intestino, el organismo humano, guiado por el instinto somático de autocuración elimina dichas sustancias tóxicas hacia arriba en forma de vómitos, rara vez hacia abajo en forma de diarrea. Durante el ayuno el cuerpo responde con crisis curativas o de desintoxicación, todo ello guiado por el instinto somático que siempre vela por su salud. 

Hay un sentimiento de debilidad muscular que ocurre con frecuencia, aunque varía mucho de persona a persona. Suele ocurrir además que cuando más descansamos durante el ayuno más débiles nos sentimos. Hay una mayor interiorización de la energía.

Con cierta incidencia durante el ayuno aparecen molestias en el estómago, hígado o intestino que indican los procesos de eliminación de sustancias tóxicas y la regeneración de las zonas enfermas o “sensibles” por procesos físicos o psicosomáticos anteriores. El aparato digestivo, que “descansa” durante el ayuno, invierte su trabajo. Al no tener que digerir alimentos, utiliza su energía para recuperar y renovar los órganos más afectados (estómago, hígado y conducto intestinal), y esto hace que la zona se vuelva más “sensible”. 

Durante el ayuno se renueva además la microbiota intestinal y aumenta su diversidad, que siempre es un signo de salud. No podemos olvidar que nuestro cuerpo tiene un órgano oculto al que llamamos flora bacteriana o microbiota y que dependemos también de su buena salud. Además se sabe que el número de bacterias en el organismo sorprendentemente supera en diez veces al número de células. Gracias a las bacterias saludables del intestino se forman varias vitaminas, se mantiene a punto el sistema inmunitario y se sintetizan ciertos neurotransmisores como la serotonina. La salud del organismo depende de la salud de nuestra microbiota general y en concreto de la intestinal, y el ayuno ayuda a su mantenimiento y recuperación.

SE DESPIERTAN LAS ENFERMEDADES LATENTES

La zona afectada o enferma del cuerpo puede molestar un poco en el ayuno cuando el cuerpo intenta regenerar y curar dicha zona. Con frecuencia en el cuerpo las enfermedades de endurecimiento y esclerosis se curan a partir de una inflamación, y esto ocurre con mucha frecuencia en el ayuno. Pero la inflamación da, con frecuencia, síntomas molestos. Si entiendo que me estoy curando es más fácil aceptar o tolerar dichos síntomas molestos.

La aplicación de una bolsa de agua caliente localmente en el abdomen o en la zona hepática puede calmar los posibles trastornos intestinales que aparecen durante el ayuno. A mi me gusta decir que para pensar necesitamos frío en la cabeza, de la misma manera que para digerir necesitamos calor en la zona digestiva-metabólica.

El descenso de peso es normalmente bastante rápido al principio del ayuno. Ello es debido a la eliminación de las sustancias tóxicas y el agua retenida en el cuerpo. Al principio del ayuno aumenta la diuresis o eliminación de agua por la orina. Las personas que tienen una “retención de líquidos” tienden a perder menos cantidad de agua y por ello de peso. Es más, muchas personas notan que han bajado en volumen y apenas o no tanto en peso. Notan que la ropa les queda más floja, aunque la aguja del peso sigue sin descender. Cosa que afecta mucho a los que se obsesionan sólo por bajar de peso. Nunca debemos olvidar que la finalidad del ayuno no debe ser el descenso de peso, aunque ese descenso es consecuencia de la eliminación de sustancias tóxicas acumuladas durante años en el cuerpo. Cuando la finalidad del ayuno es bajar de peso, la persona sube el peso muy rápidamente con la realimentación porque va a tender a comer en exceso. La ansiedad aumentada al dejar el ayuno puede hacerle descontrolar y comer en exceso o ingerir alimentos no adecuados. El descenso de peso es consecuencia del ayuno y de la salud recuperada, no es la finalidad del ayuno.

Ocurren a veces mareos, sobre todo al levantarse de forma brusca (es la hipertensión ortostática). Por eso es bueno levantarse poco a poco, por etapas (estar un rato sentado antes de ponerse de pie).

La orina se vuelve más oscura, olorosa y se carga de sustancias de desecho y tóxicas en vía de eliminación. Puede aparecer cargada de sedimentos en forma de arenilla. No olvidemos que utilizamos la comida para tapar ansiedades, preocupaciones, disgustos, etc. y cuando dejamos de comer quitamos la tapadera y pueden surgir diferente síntomas psicoemocionales. De pequeño cuando el niño llora la madre piensa casi siempre que tiene hambre. El niño puede llorar porque tiene frío, esta mojado, siente a la madre nerviosa,…etc. pero la madre interpreta, muchas veces de forma errónea, y le da de comer. Es posible que este mecanismo sea el que se nos despierta de adultos cuando estamos mal, aburridos, nos hemos enfadado, o nos han dicho que no nos quieren echamos mano de la comida para “tranquilizarnos”.

Pueden ocurrir crisis o cambios psíquicos de descarga emocional. A veces inestabilidad emocional, inquietud, agresividad.

Hay una mayor sensación de frío en los pies y en las manos. Síntomas de interiorización de la energía y de la sangre hacia los órganos internos. Para aumentar el proceso de desintoxicación la sangre se retira de las zonas más periféricas. Una bolsa de agua caliente (no una manta eléctrica), puede ser una buena “compañera” para calentar los pies y el abdomen.

Desciende mucho la tolerancia, a los ruidos, a la luz, a la relación con los demás. El ayuno favorece el retiro y la interiorización física y psíquica. No es casualidad que en las civilizaciones antiguas se realizara el ayuno en momentos de retiro y meditación. En la Biblia vemos que Jesucristo se retira al desierto para ayunar durante cuarenta días. Se recomienda hacer el ayuno en un lugar tranquilo, en contacto con la naturaleza y fuera de los ruidos y ajetreos de las grandes ciudades. He visto muchas veces que las personas que ayunan se vuelven mucho más sensibles al ritmo de la ciudad y se cansan o incluso se agotan con facilidad al verse en la calle. El ayuno en contacto con la naturaleza ayuda a la curación. Y si no es posible, una habitación aireada y limpia y unas cuantas flores nos pueden hacer salir del paso de forma airosa.

Con frecuencia aparece el insomnio o hay una disminución de la capacidad para dormir. La persona que ayuna duerme menos. Todos sabemos que una comilona nos lleva a echarnos una siesta o a descansar durante unos minutos después de comer. Ocurre también que la persona tiene la sensación de que duerme menos de lo que verdaderamente duerme. Mientras se queja de no dormir bien, los compañeros y compañeras de habitación certifican que duerme más de lo que dice.

La persona ayunante se hace especialmente sensible a los olores: del tabaco, perfumes,…incluso puede llegar a marearse ante los olores fuertes de colonias y desodorantes químicos y sintéticos.

El ayunante se queja de olor corporal que no desaparece por mucho que se bañe. Es un olor corporal que indica procesos de eliminación, de desintoxicación.

Al principio del ayuno puede haber un aumento de la frecuencia cardíaca, incluso con aparición de palpitaciones o sentir los latidos por otras zonas como por ejemplo el abdomen o el bajo vientre. Durante los primeros días del ayuno, cuando las sustancias tóxicas se eliminan en mayor cantidad, hay un aumento de la frecuencia cardiaca. Los latidos cardíacos aumentan de la misma manera en la digestión de la comida, especialmente con los cereales que son de una digestión más lenta y costosa. El aumento de las pulsaciones coinciden con el descenso de peso. Ambas cosas indican una aceleración de la eliminación. Algunas veces las pulsaciones pueden pasar de los 100-110 pulsaciones por minuto. Si esto ocurre durante un periodo breve no es alarmante, pero si se prolonga se necesita la vigilancia estrecha de un médico higienista y a veces lo mejor es cortar el ayuno. Lo normal es que el cuerpo, regido por su instinto de conservación, mantenga estas variaciones bajo limites no perjudiciales. Pero cuando esta capacidad autocurativa y de autorregulación no surge desde el interior tiene que ser guiado por un experto higienista desde el exterior. Normalmente, tras los primeros días de ayuno las pulsaciones disminuyen.

Puede haber una sensación de dolor o una ligera molestia, normalmente leves, en la zona del hígado o en los riñones. Molestias que se alivian o calman aplicando una bolsa de agua caliente  

En situación normal el ayunante no expulsa heces durante los días de ayuno, pero en las personas afectadas de trastornos intestinales puede ocurrir su expulsión. A veces, cuando la bilis es muy tóxica, el cuerpo la elimina para que no perjudique al intestino, acelerando el tránsito intestinal. Cuando el contenido intestinal se vuelve tóxico e irritante, el organismo reacciona eliminándolo en forma de heces, con cierta frecuencia muy olorosas y oscuras, oscuras o casi negras (color brea). Las materias fecales son transformadas por la bilis y son expulsadas al exterior con la diarrea en caso de que la inteligencia somática vea necesario. Otras veces el ayunante sufre de gases intestinales y los elimina hacia arriba (en forma de eructo) o hacia abajo por el ano. Esto tiene que ver con la descomposición de los restos de alimentos y la eliminación de la bilis y su transformación a lo largo del conducto digestivo. A veces parece ser una forma extra de eliminación.

De normal no se forman heces duras (tapón fecal), pero esto puede ocurrir en las personas intoxicadas, con poca energía y que hacen un ayuno demasiado prolongado para su situación. O en aquellas que no han realizado una buena preparación al ayuno con una alimentación a base de frutas y verduras, especialmente crudas los dos o tres días anteriores al inicio de ayuno. Rara vez durante el ayuno puede aparecer una diarrea como una manera de eliminación extra del contenido intestinal.

Con frecuencia en el ayuno no aparecen síntomas especiales, sobre todo en personas jóvenes y sin enfermedades. Pero puede ocurrir que tras realizar un ayuno sin especiales síntomas, estos aparezcan en la realimentación, son las “crisis postayuno”.

Si decimos que una persona tiene sensación de estómago lleno, la boca seca, la lengua blanca, nauseas, vómitos; nos parecerá que la persona está “empachada”. Pero curiosamente los mismos síntomas acompañan al ayuno. La persona que ayuna tiene con frecuencia los mismos síntomas que tras una indigestión por exceso de comida. Los extremos se tocan.

ENTRADA AL AYUNO

Es necesario descender poco a poco al ayuno, especialmente si queremos hacer uno mediano o largo. Conseguiremos así reducir la aparición de las crisis de desintoxicación y eliminaremos al máximo posible el contenido en residuos intestinales. Con el descenso lento disminuimos la frecuencia de aparición de síntomas molestos o dolorosos (dolores de cabeza, náuseas, molestias en los riñones, etc). En una eliminación brusca los órganos de eliminación (hígado, riñones, pulmones, piel) pueden verse sobrecargados. Ocurre lo mismo con los órganos relevo de excreción cuando las toxinas son eliminadas del interior de las células al exterior. Estos síntomas ocurren en las personas muy intoxicadas.

La eliminación progresiva de los restos intestinales previene de la aparición de “tapones fecales” (fecalomas), por endurecimiento excesivo de las heces. Especialmente importante en personas con antecedentes de hemorroides, porque puede agravar el cuadro o hacer aparecer una hemorroides larvada. Después del ayuno, en la realimentación, es frecuente que la primera deposición sea muy oscura, color brea, muy olorosa y líquida.

Recomendamos hacer una entrada suave con un régimen suave (régimen asociado: frutas, verduras, cereales integrales, frutos secos; eliminando progresivamente carnes, pescados, huevos y lácteos), y unos días de crudos y finalmente de frutas. La entrada lenta es especialmente necesaria en las personas muy intoxicadas o en las que toman medicación. No es tan imprescindible en personas jóvenes, sin enfermedades graves o que llevan una alimentación sana. Aunque no hay que violentar nunca al cuerpo.

Con el descenso lento evitaremos que surjan síntomas molestos y que aparezcan fecalomas (tapones fecales).

Algunas personas, de todas maneras, se ven sorprendidas con crisis durante la preparación al ayuno que les obliga a entrar directamente a él. El cuerpo manda y controla el proceso.

LA REALIMENTACIÓN

La realimentación tras el ayuno tiene que ser progresiva y a base de alimentos adecuados. Las frutas o los zumos de frutas son los alimentos más aconsejables al principio de la realimentación. Las naranjas y las mandarinas durante el invierno y el melón o la sandía por su alto contenido en agua son las mejores frutas para comenzar a comer tras el ayuno. Un exceso de comida o unos alimentos no adecuados pueden dar al traste con los beneficios conseguidos con el ayuno.

Normalmente la realimentación progresiva tiene que durar al menos la mitad de los días de ayuno, y mejor aún si la realimentación dura los mismos días que los de ayuno. Para un ayuno de una semana podemos comenzar a realimentarnos con fruta acuosa durante un par de días. El día tercero podemos añadir ensaladas. Al cuarto, si queremos, añadimos unas verduras cocidas.

RECOMENDACIONES PRÁCTICAS

El reposo es necesario durante el ayuno, aunque se recomendable el paseo suave y airearse para no estar totalmente parado. El exceso de horas de cama puede hacer empeorar el estado mental del ayunante. La quietud mental, que es uno de los efectos beneficiosos del ayuno, es imprescindible en el ayuno. De hecho, el ayuno ha sido utilizado para calmar los pensamientos y buscar una claridad mental. Verdaderamente durante el ayuno hay una expansión de la consciencia y un acercamiento a la propia esencia. En el ayuno no es bueno mantener una actitud mental sino una actitud de escucha de las reacciones del cuerpo. Un estado de contemplación de la naturaleza.

Durante el ayuno disminuye el metabolismo y puede surgir la sensación de frío. Es necesario que la persona no se enfríe. Una bolsa de agua caliente (que no queme) puede ser una buena compañía. Cambiamos la bolsa de suero por la de agua caliente. Mientras tanto es necesario cubrirse con ropas cálidas, incluso en verano. De todas maneras, es necesario no calentar en exceso la habitación, y menos con calefacción. El aire excesivamente caliente reseca los pulmones y hace descender la eliminación por el aire espirado.

Durante el verano es necesario reservarse del sol caliente especialmente en la cabeza, ya que la persona se hace muy sensible al calor en la cabeza. Es mejor estar a la sombra durante las horas de calor. En cambio, durante el invierno los rayos solares pueden ser muy revitalizantes para el ayunante.

No es bueno tomar una excesiva cantidad de zumo. De una misma clase de fruta a la vez. Podemos masticar la pulpa de la fruta o de la hortaliza, ingiriendo su zumo muy lentamente, escupiendo la parte de la pulpa. No se debe sobre todo tomar más zumo del que se consumiría tomando la fruta entera.

Es recomendable durante el ayuno descansar lo suficiente. Dando pequeños paseos para airearnos y “descansar” así también la cabeza. No es necesario mantener cama a toda costa, pues de esta manera puede haber una pérdida energética excesiva a través de nuestros pensamientos repetitivos o rumiantes. Evitar igualmente grandes esfuerzos tanto físicos como mentales. 

La persona que ayuna debe reducir el gasto exterior de energía, dejando de trabajar, de preocuparse y manteniéndose lo más tranquilo posible, en un lugar relajado, sin ruidos. Evitando además el exceso de lecturas prolongadas, y conversaciones excesivamente largas. El ayuno es un momento de interiorización y de aislamiento. El cuerpo retira la energía del sistema de relación con el exterior y la concentra en la eliminación y en la reparación y renovación de las zonas afectadas.

Es necesario mantenerse en un estado de relajación, sin tensiones mentales, preocupaciones, alejados de las malas noticias, sin ver la TV, en contacto con la naturaleza, en un entorno que favorezca el descanso y la interiorización. Es igualmente necesario hacer un ayuno de noticias. Recomendamos encarecidamente mantener una actitud positiva ante la vida, aún en los momentos más sensibles del ayuno.

Es necesario mantener un buen aseo personal. El ayunante elimina muchas sustancias tóxicas por la piel, manteniendo un olor característico. Tampoco utilizar continuamente jabón o gel de ducha pues ese olor surge de dentro y tiene que ver con la eliminación de sustancias tóxicas desde el interior del cuerpo hacia el exterior. Si limpiamos el interior del cuerpo, no necesitaremos limpiar tanto el exterior. El olor corporal de una persona enferma o intoxicada es desagradable. Por el contrario, el olor de la piel de una persona sana es agradable, como la piel de un niño recién bañado.

Durante el ayuno no debemos utilizar agua ni demasiado caliente ni demasiado fría, para evitar un despilfarro de la energía vital. Cuando el agua es muy fría el cuerpo tiene que poner en marcha un aumento del metabolismo para contrarrestar esta disminución de la temperatura. Que puede ser saludable en otros momentos pero no en el ayuno. Es recomendable también durante el ayuno no darse baños (en la bañera) de agua muy caliente ni durante mucho tiempo pues podemos provocar mareos por un estado temporal de hipotensión. La sangre durante el baño caliente se deriva hacia la piel para favorecer la pérdida de calor interno del organismo, y temporalmente puede dar como resultado una disminución temporal de sangre en los sistemas y órganos internos del organismo y especialmente en el cerebro, lo que puede ocasionar un mareo puntual que no es aconsejable en ese momento. Si por cualquier motivo el baño de agua caliente se vuelve aconsejable, por ej. en un cólico de riñón o dolor de regla, durante el ayuno es aconsejable que la sala de baño esté bien aireada para que no se acumule el calor ni el vapor de agua, que pueden dar una verdadera sensación de agobio.

Es mejor reducir el contacto con el exterior, evitar lo máximo las llamadas por teléfono, las malas noticias. Evitar las preocupaciones para poder recogerse en sí mismo o interiorizar en la vida.

No es bueno conducir durante el ayuno, para evitar mareos mientras vamos en coche.

EL AYUNO EN LA FIEBRE

El ayuno regula la temperatura del cuerpo. La fiebre sube aún más cuando comemos. Todos tenemos la experiencia de que una gran comilona nos hace aumentar la temperatura corporal. Comenzamos quitándonos una prenda de ropa tras otra, hasta quedarnos casi sin ropa. De la misma manera sube la temperatura si seguimos la actividad diaria. El trabajo o el ejercicio aumentan la temperatura corporal. Por eso en la fiebre lo más recomendable es mantenerse con agua y en la cama. El ayuno, sin la necesidad de usar medicamentos antipiréticos, desciende la temperatura corporal. No hay que olvidar que la temperatura tiene sus ciclos y cambia a lo largo del día, la temperatura mínima tiene lugar hacia primeras horas de la mañana y la máxima hacia el atardecer.

LA COMPAÑÍA

Un ayuno es más fácil cuando se hace en compañía, especialmente de otras personas ayunando. Una persona que ayuna puede animar a otras personas a realizar un ayuno. Un ayuno en grupo es más fácil. La persona que ayuna se identifica y agradece la compañía de otro ayunante a su lado y también la de un profesional sanitario que le de tranquilidad para transitar por ese proceso.

El ayuno es un momento de recogimiento y no todas las personas están preparadas, no fisiológica sino psicológicamente para vivirlo. La sensación de soledad se puede ver acrecentada, y es difícil de ser aceptada por una persona muy volcada hacia la vida exterior y al exceso de actividad. Igual que puede ocurrir el  sentimiento de impotencia o de “no llegar”.

UNA ALIMENTACIÓN SANA DURANTE UN TIEMPO

Una alimentación sana durante un tiempo puede ser una buena preparación al ayuno. El cuerpo lleva a cabo, poco a poco, la eliminación y es más difícil que aparezcan crisis de desintoxicación. Aunque a veces esos síntomas ocurren al mejorar la alimentación y comenzar una dieta sana. Cuando la persona inicia una alimentación saludable el cuerpo comienza a desintoxicar y da un “repaso” a su interior, pudiendo aparecer crisis curativas inevitables. Debemos entender dichas crisis como un camino de autocuración. Como ya hemos dicho varias el reposo fisiológico o ayuno facilita el repaso curativo del organismo.

Cualquier persona que se prepare para ayunar no puede olvidar que al principio del ayuno pueden empeorar los síntomas. Eso no quiere decir que empeore el cuerpo o la enfermedad. Durante el ayuno el organismo hace un repaso de su interior y pueden aparecer síntomas desagradables y molestos, que si la persona no entiendo como lo que son puede concluir que el ayuno es malo. Una persona alcohólica o toxicómana se sienten peor cuando no beben o toman drogas, su cuerpo comienza a desintoxicar y aparece el síndrome de abstinencia. Si ellos vuelven al alcohol o a las drogas, los síntomas desagradables y molestos desaparecen. Ello, como sabemos, no indica que el alcohol o las drogas sean buenas, sino todo lo contrario. A veces el cuerpo, durante el ayuno, empeora para curarse y se acompaña de síntomas de desintoxicación y renovación. A veces, cuando las enfermedades son graves, es necesario tener claros los pasos que pueden surgir antes de que aparezca la mejoría. A veces la persona puede pasar por una época de aparente empeoramiento y se puede asustar si no tiene a su lado un especialista sanitario que le de tranquilidad.

CUANDO NO HAY QUE AYUNAR

Son muy pocas las situaciones en las que no está recomendado ayunar. Entre ellas podemos destacar: la tuberculosis diseminada, el cáncer muy extendido, la delgadez o caquexia extrema, la anorexia, la cirrosis hepática, las enfermedades cardíacas verdaderamente graves, personas que tienen un órgano transplantado, y a las que se les ha extirpado la tiroides…y especialmente cuando se tiene miedo al ayuno.

Cuando no es el mejor momento para ayunar o la persona toma muchos medicamentos se recomienda que lleve una alimentación sana durante un tiempo antes de plantearse un ayuno. Todo ello depende de la enfermedad y del medicamento que esté tomando. Hay medicamentos con los que hay que tener especial cuidado en no eliminarlos sin un estricto control médico: anticoagulantes, betabloqueantes, broncodilatadores, insulina, corticoides. Sin olvidar que algunos pocos medicamentos no se pueden eliminar de por vida. Dejemos de lado cualquier posición extremista.

ANTES DE UNA INTERVENCIÓN

Es aconsejable ayunar un par de días o tres, o mantenerse a frutas o frutas y ensaladas, antes y después de cualquier operación verdaderamente necesaria e inevitable. No podemos olvidar que ahora mismo en los hospitales hay mucha gente “ayunando”. Mucha gente esta recibiendo solamente un poco de agua con algunas sales minerales o un poquito de azúcar. A este aporte hídrico le conocemos como “estar a suero”, cuando en realidad es agua con un poquito de sales o azúcar refinado.

VARIANTE DEL AYUNO

Algunas personas consideran aburrida una dieta a agua, a otras, debido a que se sensibilizan los sentidos y la lengua se vuelve saburral, les sabe mal el agua que beben. Por esta razón, en esta situación parece interesante beber pequeñas cantidades de zumo de limón o naranja con el agua para darle sabor. Esta es una buena manera de asegurar que el ayunante ingiera la cantidad necesaria de agua. En tiempo frío un caldo caliente puede ayudarnos a seguir ayunando.

¿QUÉ HACE EL ORGANISMO CUANDO AYUNAMOS?

  • Degrada las grasas del organismo, lo que ocasiona una rápida pérdida de peso. 
  • Se reabsorben o disminuyen, y este es un hecho comprobado, los depósitos de colesterol en las arterias.
  • Aumenta la cantidad de orina eliminada o diuresis. Esto explica la gran cantidad de peso perdida por algunas personas durante los primeros días de ayuno.
  • Desvía la energía utilizada en el proceso digestivo hacia la eliminación de sustancias de desecho, poniendo al día el retraso crónico en la eliminación que tiene lugar por nuestra alimentación excesiva y no adecuada, que hace que los órganos de eliminación (especialmente hígado, riñones, pulmones y piel) se ven sobrecargados de trabajo y no cumplen de forma muy efectiva su trabajo. El ritmo de vida, los factores psicoemocionales y el estrés, agotan también al cuerpo y a sus órganos de eliminación.
  • Desvía la energía utilizada en el proceso digestivo hacia los tejidos y órganos que necesitan ser reparados, regenerados y revitalizados.
  • Al ayunar le damos la oportunidad para que descanse verdaderamente el aparato digestivo con lo que se pone al día de sus funciones y puede recuperar la capacidad de sus jugos digestivos y de la microbiota intestinal, imprescindibles para mantener o recuperar la salud.
  • Durante el ayuno el cuerpo se alimenta de las reservas menos vitales y ocurre con frecuencia una desintegración de quistes, abscesos, bultos, tumores benignos. Incluso tiene un gran efecto sobre los tumores malignos. Durante el ayuno, el organismo primero degrada y quema las sustancias no esenciales para obtener energía. Una fuente de material no esencial es el tejido enfermo, como los tumores benignos. Cuando el organismo físico no tiene comida, los tejidos se utilizan en orden inverso a la importancia que tienen para el organismo. Primero se utilizan los menos vitales. La grasa es el primer tejido en desaparecer. Para suministrar nutrientes a los tejidos más vitales, como el cerebro, los nervios, el corazón y los pulmones, las reservas almacenadas se emplean antes de utilizar cualquier tejido esencial para la funcionalidad del organismo.
  • Durante el ayuno, la capacidad del organismo para disolver los coágulos aumenta considerablemente. Este proceso, denominado fibrinolisis, no permite que se produzcan problemas tales como trombosis o embolias. El ayuno tiene un gran efecto anticoagulante siendo eficaz y esencial, como lo he visto varias veces, para la recuperación de un ictus o trombosis cerebral sin secuelas.
  • Aumenta la capacidad del sistema inmunitario del organismo.

De todas maneras, no podemos olvidar que el cuerpo no tiene un poder de recuperación ilimitado y por ello es mejor prevenir que curar.  Conforme avanza la vida, los poderes de autocuración disminuyen. A decir verdad, el ayuno sólo cura lo curable, que no es poco.

NO HAY CARENCIAS DURANTE EL AYUNO

Como dice el Dr. Alan M. Immerman, prestigioso médico higienista americano, es significativo que, incluso en ayunos prolongados de varias semanas, jamás aparecen enfermedades deficitarias como el beriberi, la pelagra, raquitismo, escorbuto u otras, lo que demuestra que las reservas del organismo suelen estar bien equilibradas. Se ha demostrado por el contrario que el ayuno mejora los estados de raquitismo y el metabolismo del calcio se equilibra. El Dr. Alan M. Immerman ha observado mejoras en la pelagra durante un ayuno. El equilibrio bioquímico se puede conservar e incluso recuperar durante el ayuno. Es importante saber esto porque si no fuese así el ayuno sería perjudicial.

Actualmente, en occidente, no enfermamos o morimos por inanición, sino por sobrealimentación. Por eso el ayuno se convierte en Terapia Magna.

Dr. Karmelo Bizkarra Maiztegi

Director Médico del Centro de Salud Vital Zuhaizpe

Autor del libro “El poder curativo del ayuno”

3 comentatios

  1. Eva

    Muchas gracias, Karmelo, por toda la información que compartes. Me apetece cada vez más vivir la experiencia del ayuno. Seguiré las pautas que indicas previas e intentaré realizarlo por mi misma. Si fuera necesario, ya sé a quién acudir. Un fuerte abrazo.

  2. José

    Buenas noches. De nuevo me encuentro con una información sobre el ayuno, entre otros. Soy una persona de 75 años obligado a medicarse por padecer hipertensión, ácido úrico, hiperplasia benigna y ahora luciendo marca pasos. ¡Vamos una joya!. Estoy pasando por un período duro y largo. El duelo que sufro por la muerte de mi esposa y los momentos de dolor los voy paliando con esfuerzo y tenacidad. Considero que estoy preparado para enfrentarme a mi duelo y recuperar el sentido de mi vida.
    Deseo saber si la acción del ayuno, entre otros, me ayudaría a conseguir recuperar mi tono vital. Consideraría seriamente acudir a vuestro centro de salud vital. Nada más. Gracias

    Pepe Martín

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