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El Ayuno

Tiempo de lectura: 9 minutos

“El ayuno es el remedio más grande, dentro de la física”

Paracelso (médico del siglo XVI)

El ayuno, nuestra terapia magna

Desde la antigüedad hasta nuestros días, culturas de todos los tiempos, tanto de oriente como de occidente, han practicado el ayuno. Se trata de una práctica que ha tomado parte de la vida diaria de la humanidad desde tiempos inmemoriales, especialmente en los rituales y en las ceremonias de iniciación de muchas culturas del mundo. Ha sido un camino de expiación o de purificación, para desintoxicar el cuerpo y adquirir una mayor conciencia, practicado en ceremonias y ritos de diversas religiones y filosofías, tales como el cristianismo, el judaísmo, el islam, el confucionismo, el hinduismo, el taoísmo y el jainismo. El ayuno se menciona en las Upanishad, en el Mahabharata, en el Talmud, en el Corán, en la Biblia…

Jesús, Buda, Mahoma, Francisco de Asís y muchos de los grandes místicos de la humanidad practicaron el ayuno en su camino hacia el “despertar”. Jesucristo se retiró al desierto para ayunar durante cuarenta días. Durante los primeros tiempos de la era cristiana la práctica del ayuno de veinticuatro horas era muy común. Es lo que se llamaba en latín: “Jejunium a vespera ad vesperam”. Ayunar desde el atardecer de un día al atardecer del siguiente. Lo contrario al ramadán, el mes sagrado de los musulmanes, donde se ayuna desde el amanecer hasta la puesta del sol.

Ceremonias primitivas

No hay que olvidar que los antiguos místicos consideraban el ayuno como un medio imprescindible para el desarrollo espiritual. En las primeras civilizaciones el ayuno era parte de la vida. También lo era entre los antiguos persas. Para entrar en la escuela pitagórica era requisito hacer un ayuno. En el templo de Delfos, en la Grecia antigua, la sacerdotisa tan sólo podía consultar el oráculo tras ser purificada por un ayuno de veinticuatro horas. Sócrates y Platón ayunaban regularmente durante diez días seguidos.

En las ceremonias primitivas la abstinencia de alimentos formaba también parte de los ritos de fertilidad. Muchas de esas ceremonias se practicaban en los equinoccios de primavera y otoño y han perdurado durante siglos. El ayuno es y ha sido practicado entre los chamanes de diversas culturas a lo largo y ancho de toda la geografía del planeta, especialmente para celebrar rituales de curación o sanación, rituales de acceso al “mundo paralelo” al que acuden en “búsqueda de la visión”. El ayuno era una práctica común entre los indios hopi. Los incas guardaban ayuno para entrar en relación con sus dioses. Los aztecas también practicaban el ayuno en sus ceremonias rituales. En los pueblos celtas, todo candidato a ser druida debía someterse a una larga preparación que incluía el ayuno.

Camino olvidado hacia la salud

El ayuno, a pesar de que como hemos visto, viene de lejos, actualmente es un camino olvidado hacia la salud. Parece una paradoja pero a pesar de que los médicos antiguos, desde los hipocráticos, utilizaban esta práctica como método de curación, en los últimos tiempos ha sido relegada a la amnesia. 

La capacidad curativa del ayuno es evidente. Es en ese momento, cuando le damos un descanso fisiológico a nuestro organismo, cuando éste pone en marcha todos los mecanismos de limpieza, desintoxicación y regeneración para iniciar su propio camino de autocuración. A través del ayuno se despiertan en nosotros las capacidades de autocuración que laboran día y noche en nuestro organismo.

Invertir la energía

La explicación es muy sencilla. Cuando una persona ayuna no gasta energía en el proceso de digestión, absorción y asimilación de nutrientes, así que, esa energía la invierte, primero en los procesos de eliminación de sustancias de desecho y tóxicas y también en los procesos de regeneración. Y lo hace guiado por la inteligencia somática, esa misma que permite que nuestro corazón lata, día y noche, o que nuestros pulmones se expandan y se replieguen incluso cuando dormimos. Es la fuerza vital natural, “vis medicatrix naturae”. Es el misterio de la auto-curación, o como decían los antiguos “mysterium magnum”. Una herida se cicatriza sola y un hueso roto, si está en su sitio, se vuelve a soldar en los dos extremos. La curación es una cualidad de todo ser vivo, que mantiene en si mismo una parte de la capacidad curativa de las fuerzas de la naturaleza y del cosmos.  

La curación es un proceso biológico y no un acto médico, y el ayuno posibilita que el cuerpo ponga en marcha todos los procesos de desintoxicación, limpieza y regeneración. En este sentido el ayuno en si, realmente no cura. Es el cuerpo el que se cura mientras ayunamos. El poder de curación es siempre algo inherente al organismo vivo.

Eliminar los bloqueos

La energía, en el momento del ayuno, se encauza hacia las zonas enfermas o a punto de enfermar. Mientras el cuerpo se alimenta de su interior, de sus propias reservas. En realidad en el ayuno no dejamos de comer, comemos a “plato puesto”. Durante las primeras horas, consume glucosa, posteriormente se utilizan las grasas y algo de las proteínas. El Dr. Rüdiger Dahlke señala que con el ayuno ahorramos un 30% de nuestra capacidad energética, exactamente la proporción que se necesita para llevar a cabo la digestión. Y toda esa energía que se ahorra se canaliza hacia la curación.

A través del ayuno el cuerpo elimina todo lo que no es vital para su correcto funcionamiento. Se produce una verdadera autodigestión, autolisis o autofagia, de todas las sustancias perjudiciales para él. El Premio Nobel de Medicina del año 2016, Yoshinori Ohsumi, demostró que a través de la autofagia, las células reciclan sus componentes en mal estado y crean otros nuevos orgánulos celulares en condiciones óptimas. La autolisis o autofagia es la autodigestión y el autorreciclaje de las células y los tejidos con la ayuda de las enzimas intracelulares. 

Regeneración celular

Durante el tiempo de ayuno nuestro organismo consume los alimentos que tiene almacenados en sus propias células. Así se vacía el intestino y los posibles gérmenes patógenos que pueden acompañar a la microbiota saludable se quedan sin alimento. El conducto digestivo se deshace de las bacterias de putrefacción. El organismo se desintoxica y se va sanando. El ayuno restablece la bioquímica y la fisiología normal y saludable de la microbiota intestinal y con ello de todo el organismo. Uno de los efectos directos del ayuno es que aumenta la variabilidad de la microbiota, siendo este uno de los mejores signos de salud.

La primera desintoxicación durante el ayuno es la desintoxicación celular. Las sustancias de desecho y tóxicas son expulsadas del interior de cada una de las millones y millones de células que habitan en nuestro cuerpo. Desde el interior de las células las sustancias de desecho y tóxicas pasan al líquido extracelular, de éste a la sangre venosa o a la linfa y a partir de ahí a la circulación sanguínea llegando a los órganos de eliminación. El ayuno no sólo limpia los órganos de eliminación como son el hígado, los riñones, los pulmones, y la piel, sino que desintoxica todo nuestro organismo. Una vez comenzada la desintoxicación, el cuerpo pierde lastre y puede comenzar la regeneración de las zonas enfermas. 

Durante el ayuno, no solo descansa el aparato digestivo, sino también los millones y millones de células del cuerpo. Así, poco a poco, día tras día, noche tras noche, las células, los tejidos y los órganos se van regenerando. El cuerpo energético se libera de bloqueos y eso hace que los átomos, las moléculas, las células, los tejidos y los órganos permanezcan unidos y en una fluida comunicación. Cuando eliminamos las barreras que ponemos a la curación ésta ocurre por sí misma y tenemos que mencionar que es precisamente en el cuerpo energético donde están los centros y canales de energía, lo que los orientales conocen como chakras y meridianos.

Capacidad inmunitaria

Hay que destacar que la salud de todo el organismo es imprescindible para la buena acción del sistema inmune. La capacidad inmunitaria en el fondo, es la capacidad de distinguir lo que es propio de nuestro organismo y lo que es ajeno y extraño a él. Si lo que entra en el organismo son sustancias nutritivas, agua y aire puro, el sistema inmunitario permite su entrada. Si en cambio es tóxico o perjudicial, lo neutraliza y lo desorganiza. El sistema inmunitario más que un mecanismo de defensa es un sistema de equilibrio, de homeostasis, de autorregulación. El organismo antes que nada disuelve (solve) y luego se coagula, alcanzando un nivel de mayor salud. 

Un germen o microorganismo sólo puede germinar si el terreno está “abonado” para ello y eso se produce si las células están llenas de sustancias de desecho y tóxicas, o están desorganizadas o descompuestas. 

El ayuno, en ese sentido, evita cualquier infección bacteriana en el intestino, así como en el resto del organismo. Al eliminar los restos de nutrientes mal digeridos, que han sufrido fermentación (carbohidratos), putrefacción (proteínas) y enranciamiento (lípidos) deja sin “alimento” a millones de bacterias alteradas que podrían perjudicar al organismo. Al desintoxicar intracelular y extracelularmente el cuerpo “deja sin alimento” a posibles gérmenes o micororganismos patógenos, que en su mayor parte se producen en el interior del organismo.

Equilibra la microbiota intestinal

El ayuno renueva así la microbiota intestinal aumentando su diversidad. No podemos olvidar que nuestro cuerpo tiene un órgano oculto al que se llamaba flora bacteriana y que actualmente se conoce como microbiota y que es indicadora de nuestro estado de salud. Se sabe que el número de bacterias en el organismo supera en diez veces al número de células. Gracias a las bacterias saludables del intestino se forman varias vitaminas (complejo B, K), se mantiene a punto el sistema inmunitario y se sintetizan ciertos neurotransmisores como la serotonina, por eso se conocen al intestino como el segundo cerebro. La salud de nuestro organismo depende en gran medida de la salud de nuestra microbiota y el ayuno ayuda a su mantenimiento y recuperación.

Durante el ayuno el cuerpo no pierde nada que sea vital. Sólo se pierde lo que no es útil, grasa excesiva, incluida el colesterol depositado en los vasos sanguíneos, y sustancias tóxicas y de desecho acumuladas en nuestro cuerpo. Los órganos vitales quedan intactos. El cuerpo sacrifica lo menos vivo y mantiene con mucho mimo los órganos más vitales. El organismo primero degrada y quema las sustancias no esenciales para obtener energía. Una fuente de material no esencial es el tejido enfermo.

Desintegración de tumoraciones

El ayuno, debido a que obliga al cuerpo a depender de sus recursos internos, produce una lisis o destrucción de los tejidos malsanos que no son vitales. Estamos hablando de tejidos con pus, flemas, fístulas, abscesos… Durante el ayuno el cuerpo se alimenta de las reservas menos vitales y ocurre con frecuencia una desintegración de quistes, bultos, tumores benignos. Incluso tiene un gran efecto sobre los tumores malignos, como lo confirman los estudios de los últimos años. El ayuno, por lo tanto, favorece la desintegración y la absorción de derrames, depósitos, tejidos enfermos y tumoraciones. 

Como decíamos, en las primeras horas del ayuno el cuerpo consume el azúcar, la glucosa, que fluye en la sangre y la almacena en el hígado y los músculos en forma de glucógeno, al que se le ha llamado también “almidón animal”. Posteriormente se sustenta de transformar sus reservas grasas y una parte de proteínas. 

Cuando el organismo físico no tiene comida, los tejidos se utilizan en orden inverso a la importancia que tienen para el organismo. Primero se utilizan los menos vitales. La grasa es el primer tejido en desaparecer. El organismo se alimenta de las sustancias almacenadas en los tejidos grasos, el hígado, el músculo y otras zonas del organismo. Para suministrar nutrientes a los tejidos más vitales, como el cerebro, los nervios, el corazón y los pulmones. Incluso cuando ocurre la inanición, tras un mínimo de 30 o 40 días en ausencia total  alimentos, el cerebro y el corazón apenas pierden un 3% de su peso. 

La armonía interna

El ayuno a agua, también conocido como ayuno hídrico o dieta cero, es sin duda una puesta a punto. Personalmente creo que es el mayor medio de curación. El ayuno es el camino más directo y sencillo de buscar la armonía interna perdida en la enfermedad. Durante la práctica del ayuno el cuerpo busca su equilibrio u homeostasis interna, y nuestro “médico interior” nos guía en este camino. 

El ayuno es un tiempo para interiorizar, un momento para estar hacia dentro. Los efectos son innumerables, pero quiero citar algo sutil pero profundo a su vez. El ayuno ha sido siempre utilizado en la cuádruple vía: desintoxicación corporal, equilibrio emocional, descontaminación mental y búsqueda de claridad espiritual. El ayuno despierta la sensibilidad, los sentidos, la percepción del mundo, y durante el ayuno la luz de la vida se refleja en nuestros ojos. Guardo en mi corazón miles de miradas de ojos brillantes llenos de luz, y es que el ayuno cambia el estado mental favoreciendo una expansión de la consciencia. 

Por eso es importante que la persona que ayuna este tranquila, relajada y si es posible en contacto con la naturaleza. No sólo nos alimentamos de comida, también lo hacemos de cada uno de los cuatro elementos de la naturaleza: la tierra, el agua, el aire y el sol. Una persona puede estar varias semanas sin comer, sólo unos días sin agua y apenas unos minutos sin respirar. Cuando más sutil es el alimento menos tiempo podemos sobrevivir sin él.

Supervisión de un médico especialista

En Zuhaizpe llevamos más de tres décadas supervisando y controlando ayunos y los resultados son palpables.  A lo largo de estos años, en nuestro centro, por donde han pasado miles y miles de personas, hemos visto como personas con graves enfermedades se han recuperado tras un ayuno. 

Es imprescindible hacer el ayuno bajo la supervisión de un médico experto en el control de ayunos y dietas de desintoxicación. Un ayuno de más de dos o tres días es necesario que sea controlado por un médico especializado en ayunos. El ayuno es algo muy natural pero es un nuevo “lenguaje” que hay que aprender a interpretar y traducir sus síntomas. El ayuno normal no da más que síntomas en general leves, pero hay que saber que nos transmite el cuerpo. 

En Zuhaizpe practicamos el ayuno terapéutico y utilizo el término terapéutico en su sentido original. Terapéutico viene del griego therapeutikós y significa servicial, que cuida de algo o alguien. Derivado de therapéuo, yo cuido. Y la palabra terapeuta viene del griego therapeutés, servidor. Realmente el terapeuta no es el que cura sino el que acompaña y cuida mientras la curación tiene lugar, el que está presente mientras acontece el misterio de la auto-curación, que decíamos antes, lo que los antiguos llamaban el “mysterium magnum”. Y el método del ayuno, tan antiguo como la humanidad misma, ha sido, es y siempre será, Terapia Magna.

Dr. Karmelo Bizkarra Maiztegi

Director Médico del Centro de Salud Vital Zuhaizpe

Autor del libro “El poder curativo del ayuno”

3 comentatios

  1. Manuel

    Hola
    Mi agradecimiento al Sr Karmelo Bizkarra por toda su sapiencia en general y en este caso del ayuno .
    Gracias

  2. Eulalia

    Muchas gracias por un artículo tan interesante. Quisiera hacer una pregunta, si me pueden contestar se lo agradecería. En una,semana se pueden notar los cambios en enfermedades como la artrosis?

    • Zuhaizpe

      Buenas tardes Eulalia,

      Si que se pueden notar. No obstante, lo mejor es incorporar la práctica del ayuno intermitente poco a poco, progresivamente, hasta que se convierta una manera de vivir y tenga efectos más a largo plazo.

      ¡Salud-os y gracias por seguirnos y por comentar!

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