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El Agua, fuente de vida

Tiempo de lectura: 10 minutos

No hay nada más flexible que el agua. 
Pero para vencer lo duro y lo rígido nada la supera. 
La rigidez conduce a la muerte. 
La flexibilidad a la vida. 

Lao–Tse

El agua representa el origen de la vida. Venimos del agua y nacemos a la luz. En el periodo de gestación, durante nueve meses, vivimos en el líquido amniótico, en las aguas primordiales, sumergidos en un microcosmos cálido, un mar interno, un océano protector donde también hay sales minerales. Y al final de ese tiempo “se rompen las aguas” y aparecemos a la luz, “dar a luz”. Este es el mito del nacimiento de Afrodita o Venus, surgiendo de las aguas, o el de Moisés, salvado de las aguas. 

El agua es principio de todas las cosas. Donde no hay agua, no hay vida. Para Tales de Mileto, filosofo griego, el agua era la materia prima originaria, a partir de la cual había sido creado el mundo: “Las plantas y los animales no son más que agua condensada”. Una teoría muy arraigada también en oriente. En la India se considera que el agua mantiene la vida y circula en forma de líquidos en la naturaleza, desde la savia de los árboles a la sangre humana pasando por la linfa y el líquido cefalorraquídeo. En el siglo III a de C. Tshuang-Tzu señalaba que el agua es la sangre de la tierra y que fluye a través de sus venas y músculos. Las culturas chamánicas afirman que el agua es un ser vivo y que es preciso comportarse con ella con el mayor respeto. Todo era agua dicen los textos hindúes, y en los manuscritos tántricos el agua es prana, el aliento vital que aporta la vida.

Caminos de agua

El agua es uno de los cuatro elementos vitales de la naturaleza que permiten mantener la vida. Además de ser H2O, el agua es una de las fuerzas o procesos cósmicos que se plasma en la tierra en forma de un fluido líquido y hemos incorporado los procesos que nos rodean y también el agua. Verdaderamente, aunque hayamos oído muchas veces el dicho: “polvo eres y en polvo te convertirás”, en verdad somos más agua que polvo, y nuestro cuerpo está formado en un un 70 % de agua, exactamente la misma proporción  que los océanos cubren el planeta tierra. La superficie de la tierra está cubierta en un 70% de agua. De alguna manera, somos mares. Jacques Cousteau así lo afirmaba: “El agua de mar de mis células reacciona recordándome que soy mar y que el mar está en mí”. No fue el único. En palabras del célebre biólogo Claude Bernard, cuando el hombre salió del mar, se llevó el océano consigo. En sumerio la palabra mar también significa útero, además de agua significaba también esperma, concepción, generación. En hebreo Mem tiene relación con el agua y también tiene relación con madre, vida, útero o mar. 

Organismo acuoso

Rudolf Steiner sostenía que el hombre es en realidad una columna líquida; que el agua tiene relación con el cuerpo etérico, y que es el hígado el órgano que regula el organismo acuoso en nuestro cuerpo. El agua recorre todo nuestro organismo permitiendo los procesos de digestión, nutrición, circulación y eliminación. El agua transporta nutrientes a las células, de hecho, es el medio de comunicación entre ellas; regula la temperatura corporal, la misma función que tienen los mares y océanos en nuestro planeta; remueve y elimina las toxinas; lubrifica las articulaciones; humedece el aparato respiratorio; mantiene al cerebro en suspensión para amortiguar el efecto de los movimientos bruscos y golpes y para reducir su peso relativo.

Todos los sistemas fluviales se unen en la superficie del globo formando una red compleja muy similar al sistema circulatorio del ser humano. Y la composición relativa del agua de mar, especialmente en los tiempos antiguos, recordaba a la composición de la sangre humana, incluso en las proporciones cuantitativas; la mayor excepción es que mientras la sangre humana contiene hierro, el agua del océano contiene magnesio. 

Agua en circulación 

El agua circula por nuestro cuerpo en forma de sangre, de linfa, de jugos digestivos, de líquido cefalorraquídeo, de líquido extracelular o intracelular como caminos de agua, como si de ríos y arroyos se tratarán. Es agua también la leche materna, la menstruación, el semen, la orina, el sudor, la bilis, los jugos gástricos, intestinales y pancreáticos, el pus, los mocos, los esputos, las flemas y las lágrimas. Todo metabolismo en el organismo es posible por el agua, no hay un metabolismo seco.

Empédocles decía que el agua salada eran las lágrimas de Perséfone, y que estas disolvían las penas y traían renacimiento. En tiempos modernos Alexander Lowen dice que las lagrimas son como la lluvia del cielo y el llanto limpia el aire.

La luna y el agua

La influencia de la luna en la tierra, otra fuerza cósmica, se lleva a cabo a través del agua. Y en la medida que somos seres de agua, su influencia nos afecta directamente; al igual que la luna mueve las mareas, la energía del mar, mueve también nuestros mares internos, nuestras emociones. Durante la luna llena hay más cambios emocionales; las emociones están a flor de piel.

Mi padre, que era carpintero de profesión, me contaba cuando yo era niño, que había que cortar la madera en luna menguante, porque de esa manera contenía menos agua y se pudría o resquebrajaba menos. Luego descubrí que en la fase de luna creciente y llena, por el impulso de la luna, el agua de la tierra sube por la savia hasta la copa del árbol, en cambio en menguante parte de esa agua desciende de nuevo hacia la tierra.

Ingerir agua

Y si somos agua tenemos que beber agua para renovar nuestro mar interno. Los alimentos más sanos son, inevitablemente, los que contienen la misma proporción o más de agua que nuestro organismo. Las frutas y las verduras están compuestos en más del 80 o 90% de agua. Los vegetales contienen agua destilada, energetizada y vitalizada.    

El agua viva, filtrada y llena de vitalidad de las frutas y verduras, es nuestro mejor alimento. Los zumos hay que comerlos, no beberlos, y los zumos de frutas (naranja, manzana, uva…) o de verduras  (zanahoria, remolacha roja, sólas o con manzana) y los caldos de verduras o infusiones suaves (manzanilla, menta poleo, melisa…) ayudan a mantener el “caudal” de agua en equilibrio dentro de nuestro organismo. Beber un poco de agua, un zumo de frutas o verduras, nos recarga de energía cuando nos sentimos corporal o psicológicamente cansados. Un trago de agua o zumo nos ayuda a recobrar la vitalidad perdida.

Agua que no has de beber, déjala correr

El agua más recomendable para beber es la más pura, es decir, la que contiene menos minerales. Las aguas con muchos minerales o aguas “duras” son igualmente duras para nuestro organismo. Además, cuando bebemos el agua potable de las ciudades, no tenemos que olvidar que el cloro mata a los microbios, pero destruye también la vitalidad del agua.

El agua pura es un tesoro. Ryrie Charlie, en el libro Las energías curativas del agua, habla de que los antiguos chinos guardaban el agua de los glaciares en jarrones de jade, y los incas y aztecas ponían el agua en jarras de obsidiana. 

Agua que limpia… 

Nilo Saito, maestra japonesa, decía que el agua representa el afecto de una madre, y es el símbolo de la madre en todos los lugares y en todas las épocas. Quizás por eso nos gusta sumergirnos en el agua, para volver a ese lugar original. Un acto que les encanta a los niños, y que tiene muchos beneficios, no en vano el agua no sólo nos limpia por fuera, sino también por dentro. Cuando nos encontramos física o psicológicamente agotados, una ducha o un baño nos ayuda a “descargar” el cuerpo y la mente. El agua caliente es relajante y por el contrario el agua fría es vitalizante, mientras el cuerpo tiene la energía suficiente para responder generando calor. 

El agua también nos descarga la electricidad estática que acumulamos en nuestro cuerpo debido a la ropa de fibra sintética, al aire acondicionado, los electrodomésticos, el coche, las luces, los aparatos electrónicos… Tras varias horas de trabajo con el ordenador podemos dejar las manos bajo el grifo abierto para “descargarlas” y refrescarnos la cara, la nuca…De esa manera descargamos la electricidad estática acumulada.

La bendición del agua 

Mircea Eliade en Tratado de historia de las religiones dice que la inmersión en el agua simboliza un retorno al estado que precedió a la forma, una total regeneración, un nuevo nacimiento; para él, emerger del agua es una repetición del acto de creación en que la forma fue expresada por primera vez. Según los egipcios, la madre Isis pescaba en el Mar de Nun los seres o “peces” no manifestados y los traía al universo manifestado cada vez que picaban en su anzuelo.

En muchas culturas se nos da la bienvenida a la vida a través del agua. El agua de la pila bautismal cayendo sobre la cabeza es un recuerdo del antiguo bautismo en el que se sumergía el cuerpo en el río de aguas limpias y puras. El bautismo, del griego baptismos, significa sumergir (baptisein) sumergirse, hundirse, emerger de las aguas. 

En La Didache, la enseñanza de los doce apóstoles, se dejó escrito que el agua bautismal debía ser “agua viva nacida de una fuente”. El bautismo es considerado como un renacimiento, como un segundo nacimiento después del nacimiento natural. 

El ritual de sumergirse en aguas sagradas para purificarse está también presente en las tradiciones sintoístas, hindúes y confucianas. Todas las grandes civilizaciones a lo largo del mundo han utilizado el agua como ritual. El Nilo, el Éufrates, el Tigris, el Indo, el Huangho, deben su origen y su florecimiento al elemento acuoso. En las religiones musulmana y judía, el agua es la base de la purificación; por eso está presente en todos los lugares sagrados, y es necesario hacer las abluciones antes de entrar a la oración. En el hinduismo, el agua tiene capacidad de purificación. 

En el agua todo se disuelve, toda forma se desintegra, toda la “historia” queda abolida, nada de lo que ha existido hasta ahora subsiste después de una inmersión en el agua.

El poder curativo del agua

En muchas culturas a lo largo de la historia, el agua ha sido y es un elemento para la curación. A muchos manantiales se les atribuye desde antiguo un poder curativo por sus aguas y los grandes centros energéticos, ermitas e iglesias incluidas, se construían al lado de fuentes.

En la Grecia antigua, los templos de curación dedicados a Asclepio, el dios de la medicina, solían estar situados cerca de manantiales a los que se les reconocían poderes curativos. La talasoterapia, del griego thalasa, mar, es un método curativo a través de las propiedades del agua del mar, y durante el siglo XVIII la ciudad belga Spa se convirtió en el balneario más de moda en Europa. Se dice también que SPA significa “Salus Per Aqua”, pero esto puede que sea un dicho moderno.  

Los antiguos médicos alquimistas y espagiristas utilizaban el rocío de la mañana o el agua derretida de la nieve o del hielo como base para sus grandes remedios de sanación. Consideraban al rocío como un líquido precioso del cual se puede extraer el espíritu universal, spiritus mundi, y emplear como el sustrato de muchos medicamentos naturales.

El agua es pura alquimia. Disuelve y da vida a la tierra. El aire oxigena el agua. La luz del sol revitaliza el aire. Gracias al agua podemos ver el arcoíris. El agua tiene una gran capacidad para disolver las cosas y es el elemento que estructura nuestro mundo. El hidrógeno, que es el elemento más sencillo de nuestra química universal y el más abundante, (constituyendo aproximadamente el 75% de la materia conocida) es el ingrediente principal del agua, y también se esparce a través de las galaxias.

Agua, lugar de encuentro

El agua es también un lugar de encuentro, los hammanes, los baños, las termas… Y en Zuhaizpe también tenemos nuestro rincón del agua, un pequeño spa abierto al cielo, a las estrellas, donde, sumergidos en el agua, solos o acompañados, nos podemos relajar y conectar con nosotros y con el universo. 

El sonido del agua es uno de los más relajantes de la naturaleza. Siempre suelo aconsejar un paseo por la orilla de un río, o por la orilla del mar, para dejar atrás las tristezas, los dolores, las angustias. Un paseo bajo la lluvia también es una buena opción. En las cascadas de agua se forman iones negativos (que en realidad son positivos), igual que en las tormentas, y al llover, el agua descarga cierta energía de la naturaleza. Antes de la tormenta el aire se carga de electricidad y con el agua de la lluvia se descarga la tensión del ambiente.

Entre la tierra y el cosmos

El agua, para muchos investigadores, es el intermediario entre la tierra y el cosmos. Theodor Schwenk, pionero en el estudio del agua, explicando las enseñanzas de Rudolf Steiner, decía que el agua actúa como un órgano de percepción, que es capaz de acoger en sí los ritmos cósmicos y de transmitir las energías cósmicas. Según Steiner la tierra era acuosa en etapas pretéritas muy lejanas, antes de condensarse en la actual tierra sólida.

Jeannette E. Sherbondy, profesora que ha dedicado su vida a estudiar los mitos sobre el agua, cree que el agua, en sus múltiples formas, era el elemento original de este cosmos y sus movimientos envolvían a todo. El agua era la esencia de la vida misma.

La memoria del agua 

El agua no tiene ni forma, ni olor, ni sabor, ni color, pero lo que si tiene es memoria. Masaru Emoto ha demostrado con sus investigaciones que el agua tiene la capacidad de almacenar información y que guarda memoria. Se ha visto que si fundimos un copo de nieve y lo volvemos a congelar en las mismas condiciones, reproducirá el mismo patrón, no uno parecido, sino exactamente el mismo. Según Emoto el agua recuerda su distribución previa y vuelve a ella de inmediato: “El agua arrastra información física terrestre (minerales) a medida que viaja por el subsuelo o en superficie, pero también capta informaciones más sutiles. El agua no solamente transmite información molecular, sino también energías extremadamente sutiles”.

Jacques Benveniste, médico, bioquímico e inmunólogo, publicó en 1988 en la revista Nature un artículo donde afirmaba que el agua conservaba la información de las sustancias con las que había estado en contacto. Julio César Payan, médico y especialista de una de las grandes terapias integrativas, la terapia neural, cree que el agua, que forma diferentes cristales o copos de nieve, puede ser un condensador atómico de memoria en el organismo.

La flexibilidad y adaptabilidad del agua

Otra cualidad del agua es su flexibilidad y adaptabilidad. La vida es metamorfosis, cambio, transformación, y el agua nos enseña que la capacidad de adaptación a los diferentes procesos rítmicos, la maleabilidad, la plasticidad, son cualidades que nos ayudan a vivir. 

En los sistemas vivientes, los cristales líquidos actúan como mediador o “médium”, lo cual es típico del elemento agua: la comunicación. Y es la condición básica para la coherencia y la interrelación permanente que requieren los sistemas vivos para existir. 

El agua adopta la forma del recipiente que la contiene, y es capaz de disolver y quitar la forma a todo lo que esté en contacto con ella; lo funde o lo fusiona con ella. Es receptiva, pero su suavidad puede erosionar la roca más dura. Lao-Tse precisamente hace referencia a esa cualidad en el poema que he citado al principio de este texto, el maestro taoísta, dice que no hay nada más flexible que el agua, y para cerrar el círculo, para unir el principio con el fin, voy a recurrir una vez mas a él, en lo que es una invitación a que vivamos a vivir como el agua.

Si nada en tu interior está rígido, todo se abrirá por sí mismo. 
En movimiento, sé como el agua. 
Cuando estés quieto, como un espejo. 
Responde como un eco. 

Lao–Tse

Dr. Karmelo Bizkarra Maiztegi

Director médico del Centro de Salud Vital Zuhaizpe

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