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Tiempo de lectura: 4 minutos

El origen del término “porrusalda” viene del euskera “porru” (puerro) y “salda” (caldo), así que ya os imagináis cuál es “el alimento del mes” que os proponemos en este post. Explicaros, antes de entrar en harina (integral) que este es un artículo… precisamente eso; “integrativo” ;-), ya que no sólo incluye una riquísima receta, sino también un tema musical de los que solemos poner en Zuhaizpe y que nos trasportará, directamente, a uno de los países de origen de nuestro vegetal protagonista.

¡Que empiece el baile! 

La historia de esta hortaliza se inicia, seguramente, en zonas de Egipto, Turquía y Palestina, y se sabe de su existencia desde el 4000 a. C. Durante la Edad Media fue muy consumida, ya que ayudó a paliar el hambre en Europa, debido a que su cultivo es muy poco exigente y se adapta bien a cualquier clima (aunque si lo dejaran hablar, es probable que, lo que nos diría el puerro es que de mayor, le gustaría ser “un mozo bien plantado en una zona templada, suave y, sobre todo, con bastante humedad”).

Folk y vitaminas

Familia de la cebolla, esta verdura y bulbo la recuerdan por su olor y su parte más blanca. Es su interior, como el de muchas personas, su zona más dulce, si bien éste no contiene ni clorofila, ni tantas vitaminas como su capa más verdosa (B, C y E). Y hablando de sus hojas externas, cabe destacar que, como es en ellas donde se encuentra la fibra, su consumo puede ser de difícil asimilación para aquellas persona que tienen el conducto digestivo más sensible. Si no fuera así -y esta sería la segunda cuestión a tener en cuenta-, lo que os recomendamos es lanzar sus trozos más verdosos al puchero donde se cuece la vida, o lo que es lo mismo, al caldito de verduras que nos calienta en las noches más frías o “cuando no tenemos el cuerpo para bailar jotas”.

Danza ligera

El puerro es un vegetal que lleva dentro el ritmo del potasio y el calcio, y son sus joviales betacarotenos los que le dan esa energía fresca y “tiesuna”. En cuanto al hierro y al magnesio, se vuelve un poco más tímido, aunque también los lleva en su interior. Ahora bien, si hablamos de su azufre, entonces es otro cantar, porque ahí sí suben los decibelios. Para que este detalle no nos llegue a incomodar, lo mejor que podemos hacer es no tapar la cazuela al cocerlo De ese modo, nuestro bailarín de moda, dejará escapar volando sus compuestos azufrados y conseguirá una danza más ligera en la “pista” digestiva.  

Uno “agarrado”

A propósito de pistas de baile; os avisamos de que nos vamos a poner un tanto nostálgicos para recordar esos guateques de antaño donde el puerro, seguramente, se hubiera sentido el rey del mambo, entre patatas, cebollas y zanahorias (de las que hablamos, por cierto, en el post anterior).

Danzas ancestrales

La receta que hoy os ofrecemos tiene suaves toques de tradición, cierto gusto por lo austero y sobre todo, un aura blanca que goza de muy buena salud. La porrusalda es un plato que nos devuelve al origen, al momento de abrir la puerta de casa, a los besos de algunas madres nuestras…

Danzas populares

Se trata de un encuentro que no precisa de parafernalia. Bien al contrario, la calidez y calidad de su formato compartido –cualidades que acostumbran a ir de la mano-, nos hablan de ese aroma natural a: “esto es lo que hay para comer”. O sea, a un “aquí” y a un “ahora” prácticos, directos y llenitos de presente (pues sí, como los calcetines en Navidad; ¡un regalo que te devuelve a la tierra, más pronto que tarde!)

Ese olor a verduras de la huerta también puede trasportarnos a épocas felices en las que una conversación alrededor de la mesa era algo realmente importante. Hoy en día, la velocidad y la tecnología van ganando terreno al hecho de “estar” y de “ser”, aunque bien es cierto que aún quedan hogares donde la televisión y los móviles se apagan a la hora de comer y la compañía del instante se convierte en el mejor nutriente.

Imaginación al poder…

Pero… ¿y si en lugar de un aroma, estuviéramos hablando de una música…? ¿Se os ocurre alguna melodía con la que sacar a bailar a los ingredientes de una “salsera” porrusalda? A nosotras nos ha venido una preciosa composición que seguro os va a resultar conocida: “Kolaymi”, de Omar Faruk Tekbilek. Pero como para gustos, los colores y, para músicas, las del mundo, os proponemos que os animéis a dejarnos un comentario con los temas o canciones que os inspire nuestra receta del día. ¿Os parece muy loco…?

“No tengo problema en ser normal, pero la locura me parece más divertida” 

El secreto

La porrusalda es fácil de elaborar y adecuada para cualquier día en el que el frío se adelanta y nos visita por sorpresa. Si así os nace, dejadlo entrar, ponedle una buena melodía e invitadlo a comer. Seguro que, con un buen chorro de cariño, el ambiente se acabará “caldeando” al son de esa magia “puerril” que desprendían los discos de vinilo en nuestras infancias.

PD:  Si no sabéis de qué diantres habla la última frase de este post, preguntad a vuestros padres, tíos, abuelas o vecinas sabias de mayor edad 😉 

Porrusalda al estilo Zuhaizpe

Ingredientes para cuatro personas

  • 200 gramos de puerros
  • 200 gramos de zanahorias
  • 200 gramos de patatas
  • 1 cebolla
  • Aceite de oliva virgen extra ecológico (AOVEE)
  • Cúrcuma, pimentón y pimienta
  • Tamari

El cómo (como)

  • Arrojar dos cucharadas de aceite a la cacerola (pues eso, ¡con arrojo!)
  • Pelar y picar la cebolla fina, a cuadraditos (aprovechad para llorar las penas sin tener que dar explicaciones.). Lo mismo, con las partes verdes del puerro.
  • Echadlo todo a la cazuela y remover un poquito, dejándolo a fuego muy lento para que se poche (aquí, lo que toca es “mimar”)
  • Lavar las zanahorias y las patatas. Pelarlas y cortarlas a trozos grandes. Igual con la parte blanca del puerro.
  • Poner a cocer con agua suficiente para que quede caldo sobrante (para acompañar). En ese momento, añadir la cúrcuma y el pimentón. Y si queréis, un poco de pimienta para aprovechar la curcumina.
  • Cuando esté todo bien cocido, podéis tirar de un “truquito zuhaizpero” que consiste en engordar el caldo. Para ello, lo que haremos será pasar una parte de lo que hemos cocido por la batidora y, cuando esté bien espeso, lo añadiremos nuevamente a su cazuela de origen. Así el plato será más apetitoso. 
  • Probar y ajustar el sabor con un poco de Tamari.
  • Se recomienda servirlo en caliente y decorarlo con unas ramitas verdes de perejil o cebollino.

¡Buen provecho y a bailar!

Equipo Viviendo Zuhaizpe

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