Scroll to top

Aire, espíritu universal

Tiempo de lectura: 9 minutos

¿Dónde me buscas? Estoy junto a ti. 
No estoy en el templo ni en la mezquita, 
ni en el santuario de La Meca, 
ni en la morada de las divinidades hindúes. 
No estoy en los ritos y las ceremonias; 
ni en el ascetismo y sus renunciaciones.
Si me buscas de verdad me verás enseguida; 
y llegará el momento en que me encuentres. 
Dios es el aliento de todo cuanto respira.

Kabir

El prana, en sanscrito ‘aire inspirado’, es la energía universal que entra en nuestro organismo por medio del aire, y al respirarla trae consigo consciencia despierta. El poeta y místico de la India Kabir, nos sugiere que la divinidad, la esencia, está en el interior de la respiración

El maestro hindú Muktananda escribió que en el sasharara, el séptimo chakra o chakra coronario, que se sitúa en la parte alta de la cabeza, tenemos un pequeño punto de luz brillante que él llamaba perla azul. Según él, es la vibración de esta luz lo que da inicio al ciclo respiratorio. En otras palabras, el proceso respiratorio obtiene su dinamismo de esta perla azul, y la consciencia también.

Persona inspirada, persona espiritual

Inspiración, etimológicamente significa tanto el acto de inhalar el aire como el de introducir el espíritu. Una persona inspirada, inevitablemente, es una persona que inspira de forma tranquila y profunda, y una persona espiritual es una persona que espira, abandonándose al aire que surge de los pulmones. 

La inspiración está relacionada con la expansión, la autoafirmación y el hecho de recoger vida. La espiración indica entrega, aceptación y confianza. Cuando inspiro entro dentro de mí, cuando espiro me entrego a la vida. En la primera inhalación entro en mi interior y con la última exhalación abandono mi cuerpo. Con la última espiración expiro, muero, entrego el cuerpo a la tierra.

Al llevar consciencia a la respiración, ésta aumenta y se vuelve más profunda, y observar como inspiramos y espiramos se convierte en el mejor de los ejercicios respiratorios. La respiración, a diferencia de otras funciones orgánicas, tiene una parte consciente y voluntaria que podemos fomentar a través de la observación.

Principio vital

El aire, por lo tanto, es la vida respirando a través de nosotros. En la India el aire está representada por el dios Vayu, emanación del ser o atma, hálito del espíritu universal, soberano de lo más sutil. En la cosmogonía antigua, el hálito divino o ruah elohim, el pneuma o esencia, el spiritus o aliento divino, es el principio de la vida. El soplo de Dios en la Biblia da vida al barro inerte. En El Génesis leemos que la emanación que sale de la boca de Yahvé, aleteaba sobre la faz de la tierra para agitar las aguas primordiales, separarlas y crear el mundo y la vida: “Dios formó al hombre con polvo del suelo e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente”. Y el mito antiguo no era un cuento, sino una manera de interpretar y explicar la realidad, en tiempos en los que predominaba la visión y la conexión con el espíritu, justo el otro polo de la visión materialista y reduccionista que impera hoy en día.

En muchas lenguas nativas americanas un mismo vocablo designa las nociones de “gran espíritu” y “gran viento”. Según Carmelo Lisón Tolosana, gran antropólogo fallecido recientemente, en muchas culturas la insuflación divina infunde el principio vital en el cuerpo humano primigenio: Nueva Zelanda, Hawai y Borneo y también en antiguos pueblos como los fenicios, los cananeos y los asirios. Quizás podríamos decir que para las antiguas tradiciones espirituales el hálito divino era al mismo tiempo el aliento de vida y la respiración en mi. 

En el inicio el aire

El aire también fue considerado como origen primero de todo lo existente. Según no recuerdan los filósofos griegos antiguos, todo proviene del aire y todo retorna a él. Epiménides concreta más al asegurarnos que el aire, en cuanto principio masculino, engendró a todos los seres. Diógenes de Apolonia atribuyó al aire cualidades espirituales. Para Anaxímenes era causa de la vida y origen de todo lo creado. El filósofo griego afirmaba que el principio de todas las cosas existentes es el aire, y que éste al hacerse más sutil se convierte en fuego, al condensarse en viento, luego en nube, más condensado en agua, tierra y piedra; y que todas las demás cosas se producen a partir de éstas. Pero no estaban hablando de la materia, sino de las fuerzas y de los procesos que mueven dichos elementos. Con su filosofía explicaban la esencia que se encuentra tras la forma de la sustancia, de la materia.

Entre los fenicios correspondió al aire, según Filón de Biblos, diferenciar y ordenar el cosmos; esta función fue llevada a cabo, según la cosmogonía babilónica, por la actuación del viento o principio masculino. En el otro lado, Tiamat es la diosa babilónica primordial del “mar salado”. Ti significa vida y ama, madre. 

El aire como alimento

La respiración, al margen de las referencias de los antiguos, trae a nuestro cuerpo el oxígeno del aire y la energía del tercero de los cuatro elementos de la naturaleza (tierra, agua, aire y sol). En el cuerpo no tenemos reserva de oxígeno, a diferencia de cualquier otra sustancia necesaria para la vida. Comemos o bebemos varias veces al día, pero respiramos continuamente, día y noche, y esto indica lo necesario que es respirar para vivir. Una persona puede permanecer sin comer unos días o incluso unas semanas, pero apenas puede estar unos minutos sin respirar. 

El oxígeno del aire es necesario para la combustión o catabolismo de las sustancias nutritivas que ingerimos en los alimentos. De nada sirve comer alimentos sanos si no respiramos. Como decía Rudolf Steiner, gracias a la respiración somos seres orgánicos, nos mantenemos vivos y no nos convertimos en algo mineralizado, cristalizado; no nos convertimos en un “palito de carbono” como él decía. Si no respiramos nos vamos debilitando, dejamos de estar vivos, y nos convertimos en carbono mineral que compone la trama sobre la que se plasma el cuerpo.

Rudolf Steiner creía que el ser humano, a lo largo de su vida terrestre, se protege a si mismo del exceso de las fuerzas telúricas, viviendo no en la tierra, sino en el aire: “La respiración os protege de la pesadez; vuestra vida psíquica no se encuentra del todo en vuestro cuerpo material sino en vuestra respiración”. Rudolf Hauschka creía que el aire es el elemento que manifiesta la fuerza plasmadora o materializadora que se expresa tanto en los procesos de oxidación como en la formación del organismo.

Todo nuestro cuerpo respira

Aunque el aire entre por los pulmones, el último tramo de la respiración se lleva a cabo en cada una de los millones y millones de células de nuestro organismo; nuestras células también respiran, nuestro cuerpo en su totalidad respira. El oxígeno que llega a ellas quema o da lugar a la combustión de las sustancias nutritivas, y en esa combustión interior se produce energía y calor. Cuanto más aire respiramos más energía y calor tenemos; el aire mantiene vivo nuestro fuego interno. La vida es calor, la muerte es fría. 

El flujo respiratorio se relaciona con la inhalación del oxígeno y con la expulsión de gas carbónico y con la regulación del equilibrio ácido-base en la sangre y en todo el organismo. Ciertas enfermedades como el cáncer están relacionadas con una disminución de la oxigenación de las células y un aumento de la acidez de los tejidos del cuerpo. 

Respiración y emociones

Nos hacemos conscientes del valor del aire cuando nos falta aire para respirar. Cuando alguien sufre de alguna enfermedad respiratoria como asma o EPOC se da cuenta del valor de la respiración. Y esa dificultad respiratoria suele ir acompañada de angustia psicoemocional. La respiración y las emociones siempre van juntas y se interrelacionan. Cuando cambia la emoción cambia la respiración, y cuando cambia la respiración cambia la emoción. Cualquier variación emocional o psicológica cambia la respiración.

Disminuir la respiración es un mecanismo de defensa físico para no sentir. Cuando estamos nerviosos, preocupados, con miedo, tristes o con rabia, en vez de respirar para vivir, respiramos para sobrevivir. Todas estas emociones cortan, entrecortan, disminuyen y dificultan la respiración. El miedo corta la respiración, la tristeza la disminuye, la depresión la apaga; el amor expande los pulmones, el bienestar hace aumentar la respiración, el contento y la felicidad nos hace respirar a pleno pulmón. 

Fue Wilhelm Reich, el que se dio cuenta se que cuando una persona no quiere expresar sus emociones contrae y bloquea su cuerpo en lo que llamó “coraza muscular” y, además disminuye la respiración. Al descender al máximo la respiración reprimimos las emociones, nos las guardamos, pero a cambio dejamos de sentir. Disminuimos el sentir para disminuir el sufrir, pero el sacrificio es muy grande, porque al mismo tiempo dejamos de disfrutar.

Los vientos del cambio

El viento, aire en movimiento, se presenta desde la filosofía presocrática como la fuente de numerosos cambios físicos y psicoemocionales. Hipócrates, en su “Tratado sobre los vientos”, explicaba la relación entre lugares de viento y enfermedades. En nuestra sociedad aún hoy en día está arraigada la idea de que el viento nos altera, especialmente el viento sur -hego haizea, decimos en euskera-. El aumento de iones positivos (que son negativos) en la atmósfera mientras sopla el viento sur cálido, provoca reales alteraciones psicoemocionales e incluso cambios neurológicos, que provocan frecuentemente dolor de cabeza. Además, las zonas de mucho viento se consideran zonas catalizadoras de cambios psicoemocionales más o menos bruscos.

Eolo, dios de todos los vientos, si era tan temido y respetado, era precisamente porque tenía el poder de liberar cuando quisiera los vientos que tenía encadenados. En la cosmología náhuatl el dios del viento era Quetzalcoatl, cuya era terminó cuando un viento impetuoso arrambló con todo, para dar impulso a una nueva época dominada por el sol. Quetzalcoatl tenía sobre el pecho un ornamento llamado ecacozcatl, joya del viento, formado por una concha seccionada, cuyo dibujo en espiral recordaba explícitamente a los remolinos y las trombas de viento. La espiral es un forma dinámica de la energía, energía que se plasma en la materia en formas tan diversas que van desde los remolinos del viento, a la punta de los helechos en crecimiento, pasando por multitud de caracolas o la formación de huracanes. La espiral, podríamos decir, es anterior a la materia y además la plasma.

Clave de salud

Como veíamos en el artículo Respirar para vivir, la respiración, es una de las cinco Claves para la Salud. La respiración es una función rítmica del organismo que, a diferencia de otras funciones del organismo como la digestión, la circulación, o los latidos del corazón, puede ser influenciada por nuestra voluntad. Conscientemente podemos hacer una respiración más profunda, tranquila y lenta, pero, a pesar de ello, respiramos por debajo de nuestra capacidad, que es siete veces superior al medio litro que inhalamos normalmente. 

Respirar profundamente, por lo tanto, es una de las mejores cosas que podemos hacer por nuestra salud. Con la inhalación y exhalación tranquila y profunda nos llenamos de energía vital y al mismo tiempo nuestra mente entra en quietud. La respiración nos trae al presente. 

Respiración abdominal y torácica

De las diferentes formas de respirar destacamos principalmente la respiración abdominal y la torácica. Esta última, localizada en el pecho, nos ayuda a sentir más, a ser más afectivos. Cuando nos sentimos amados respiramos en el pecho. El poeta Jorge Guillén lo expresa de esta manera tan bella: “Respiro / Y el aire en mis pulmones / Ya es saber, ya es amor, ya es alegría”.

La respiración abdominal nos ayuda a sentir más profundamente nuestro cuerpo, a bajar la energía y la consciencia hacia la zona inferior del organismo, hacia el abdomen. Una persona que respira bien en la zona del vientre es una persona que se encuentra más centrada en sí misma. 

Recordemos aquellos muñecos llamados “tentempiés” o “tentetiesos”, en los que el peso se situaba tan abajo que, por mucho que se tambalearan o les tambalearan desde fuera volvían a retomar la posición inicial. Si el peso lo hubieran tenido en la cabeza, como la mayoría de personas, al tambalearse caerían y les sería más difícil levantarse. La cabeza no es el centro, el verdadero centro de nuestro organismo está mucho más cerca del ombligo que de la nariz. 

Quizás esa sea la razón por lo que a lo largo de la historia se ha asociado el aire con la locura, “le ha dado un aire” decimos. El Quijote, luchando contra los molinos de viento, representa mejor que nadie a las personas llenas de aire, de imaginación, de utopías, que no pisan tierra. El gran ecólogo H. David Thoreau escribió un precioso poema en el que dice que si hemos construido castillos en el aire, no nos debemos avergonzar de ellos, que están donde deben estar, pero que ahora tenemos que construir los cimientos. 

Elemento para la curación

El aire es elemento para la curación en la medida que constituye el medio transmisor e intercambiador de las manifestaciones de la energía. Steiner sostenía que las fuerzas de la nutrición en el organismo humano se convierten en fuerzas curativas cuando se compenetran del misterio de la respiración: Nuestro propio ritmo respiratorio forma parte del ritmo de todo el universo. Hay que recordar también que el alquimista y el espagirista soplaba sobre el medicamento preparado para aportarle el aliento vital. Los ‘soplos’ empleados por los sanadores, o la curación por la palabra, son otras formas que hacen alusión a esa capacidad del aire para la curación.

Y como sabemos la música también cura. El viento posee la capacidad mediante un instrumento o nuestra voz de transmutarse en música. Ese elemento invisible e inaprehensible a diferencia de la tierra, el agua y el fuego, con la vibración, se convierte en música, canción, poesía, oración o mantra. El Om es el aire, la vida, que vibra a través nuestra como sonido sagrado.

Respirar en el bosque

Ahora que en breve vamos a poder salir de nuestras casas, lo primero que podemos hacer es ir a un bosque y respirar a pleno pulmón. Los bosques son los pulmones de la tierra, y nuestros pulmones se abren al contacto con la naturaleza. En Japón llaman shinrin-yoku a una terapia que consiste en pasear por un bosque y dejar que la naturaleza entre por los órganos de los sentidos, lo que los anglosajones llaman un “baño de bosque”, forest bathing, y que en nuestra cultura se ha conocido como “baños de aire”.

Mientras llega ese anhelado día, podemos abrir las ventanas de nuestras casas y respirar, dejar que el aire inunde todos los rincones de nuestro organismo y de nuestro Ser y llenarnos de Energía Vital y al mismo tiempo de Consciencia. 

Aire salvaje, aire maternal del mundo, acurrucándome en todas partes .

(Wild Air, world-mothering air, nestling me everywhere).

Así decía Manley Hopkins, otro gran poeta.

Jose Ángelo Gaiarsa, gran psiquiatra brasileño, dice que el niño al nacer a la vida, lo primero que hace es sincronizar su respiración con la de la madre. Es otra manera de acurrucarse. No olvidemos que nuestra vida transcurre en el intervalo entre la primera inspiración y la última espiración.

Así que toma aire y respira!

Dr. Karmelo Bizkarra Maiztegi

Director médico del Centro de Salud Vital Zuhaizpe

Escribe un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *