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Aguacate, un regalo de los dioses

Tiempo de lectura: 4 minutos

Hoy en día está en todas nuestras mesas, pero en los albores de los tiempos, los paltas, un pueblo anterior a los incas, ya consumían el fruto del árbol persea americana.

Los paltas eran los pobladores originarios de la Amazonia. Estamos hablando de entre 5.000 y 7.000 años a.C. El Imperio Azteca, con sus conquistas, hizo suyo ese territorio, y entonces descubrió el aguacate, lo que muchos todavía conocen por palta, palabra que proviene del quechua. Los incas bautizaron al fruto con el nombre de aquel pueblo y, a día de hoy, después de la conquista del nuevo mundo, todavía su nombre originario se mantiene en muchos países.

En náhuatl, aguacate significa testículo, y es que el aguacate, por su forma, tenía una connotación erótica para los aztecas, tanto que las mujeres no podían participar en su recolección. Este pueblo llamaba al árbol del aguacate «Ahuacuatl» lo que significa «Árbol del testículo». El aguacate debió ser un regalo de los dioses. Cuenta la leyenda que Quetzalcoatl, el dios tolteca, ofreció la receta del guacamole a su pueblo para que éste, desde aquellas tierras, la ofreciese al mundo. La salsa de aguacate es, sin duda, una salsa sagrada.

Flores hermafroditas

Esta baya de supuestos poderes afrodisiacos, quizás por su aporte de energía, también se relaciona con la dulzura del amor. En México, de hecho, es muy común que alguien le diga a su amado o amada “eres el aguacate de mi torta”. Como curiosidad, señalar que es una planta dicógama, es decir, que la flor posee ambos sexos en espacios temporales distintos. Son flores hermafroditas en las que los estambres y el pistilo no maduran al mismo tiempo. Otra curiosidad es que la flor del aguacate se abre dos veces, primero lo hace la parte femenina y posteriormente la masculina, a veces en el mismo día, y otras en días consecutivos.

Pero más allá de simbologías y curiosidades en las que divagar, el aguacate es hoy en día un elixir de los dioses que se consume en los cinco continentes. Desde México y Perú, el fruto se extendió por otras zonas tropicales o subtropicales, y actualmente la especie se cultiva en lugares con climas tropical y mediterráneo en todo el mundo. Su nombre, además de palta o aguacate, va variando según las zonas; aguaco, ahuaca, aguacato, abacate, avocado, avocat… Los primeros españoles que llegaron al continente americano le denominaron “pera de las Indias”.

El oro verde

También se conoce como oro verde, pero no precisamente por sus propiedades. El aguacate está de moda. Su reconocida fama de alimento saludable ha aumentado su demanda y eso ha provocado que las plantaciones transformen grandes extensiones de ecosistemas nativos, provocando la deforestación de selvas y bosques, incluso con talas ilegales.

Entre los innumerables nombres que posee este fruto está el de mantequilla verde, la mantequilla vegetal por excelencia. Su pulpa cremosa, de color verde amarillento, mas suave o mas intenso según la variedad, es ideal para untar y disfrutar de un sabor que recuerda a una suave avellana. Una delicia!

Rico y saludable

Además de rico es un alimento muy recomendable por sus beneficios para nuestra salud. Podemos decir que tiene tantas propiedades como nombres. Aunque el aguacate sea una fruta, se puede clasificar entre las verduras, pues no tiene azucares. Es rico en proteínas y grasas saludables, mayoritariamente grasas monoinsaturadas; el 72% del total de lípidos consiste en ácido oleico. La composición en ácidos grasos del aguacate y del aceite de oliva son semejantes.

Es rica en potasio y en magnesio, menos rica en hierro y en calcio. Aporta algo de betacaroteno, vitaminas del grupo B, algo de vitamina C, y mucha vitamina, lo que le da un gran valor nutritivo y antioxidante. El aguacate contiene glutatión, un potente antioxidante natural. Estos antioxidantes disminuyen el estrés oxidativo, permitiendo un ambiente celular más sano.

Colesterol bueno

El guacamole, esa salsa sagrada de la que hablábamos, es altamente beneficioso para la salud cardiovascular, ya que ayuda a bajar los niveles de colesterol, de triglicéridos y aumenta los niveles del “colesterol bueno”. Es un alimento recomendable en nuestras dietas si somos deportistas o tenemos un trabajo estresante ya que protege nuestros corazones. Y por su alto contenido en ácido fólico es muy recomendable para las mujeres embarazadas, puesto que ayuda a la correcta formación del feto.

Sus propiedades de todas formas van mucho más allá, por eso que, además de su exquisita pulpa, se usa su planta y sus hojas, como plantas medicinales unas, y como extracto de aceites para la piel y el cabello las otras. En muchos lugares el tronco se utiliza para hacer fogones, la hoja para envolturas o infusiones, y la semilla para dar sabor y textura a los caldos. 

El fruto de los mil nombres

Siguiendo con sus nombres no nos podemos olvidar de su nombre científico: Persea americana. Se trata de una especie arbórea del género Persea perteneciente a la familia Lauraceae, a la que pertenecen también el laurel y la canela. Existen distintas variedades de diferente color y tamaño, y no hay que olvidar que es un fruto climatérico, es decir, que puede madurar después de cortado de la planta.

Por eso podemos comprarlos un poco verdes, como se cogen de los arboles, y dejarlos madurar en casa, poco a poco, o de manera más rápida, juntándolos con manzanas o peras, ya que la pectina hace que se activen los procesos de su maduración. Si los envolvemos en papel de periódico aceleramos ese proceso.

Esta deliciosa fruta de una especial textura es rica en todos los nombres y rincones del mundo, pero tiene mucho más sabor la variedad que tiene la piel más rugosa.

Aliado perfecto

En la cocina es un aliado perfecto. Lo podemos usa tanto en platos salados como en dulces. Untado en pan, tal cual, con un chorrito de aceite de oliva, es un manjar. La receta reina es el guacamole, la salsa sagrada, ese elixir de los dioses o crema de aguacate. La receta es de lo más sencilla: aguacate, cebolla, tomate, limón, algunas hierbas y, con unos nachos, a disfrutar de un plato exquisito.

Lo podemos utilizar para dar cremosidad a casi todo, para hacer cremas y salsas, para acompañar platos de pasta o para añadir en crepes o hacer canapés. Es ideal para añadir a la ensalada en pequeños taquitos. En dulces podemos hacer muses, helados, pudines.

Este fruto de los mil nombres es muy versátil. Sólo tenemos que tener en cuenta que su pulpa se oxida fácilmente, y para evitarlo podemos echar mano de un ácido como el limón o la lima. El único inconveniente que tiene es su precio en el mercado, que suele ser elevado, pero teniendo en cuenta todo lo que nos aporta, nos podemos dar un capricho de vez en cuando.

En nuestra Escuela de Cocina encontraréis las mejores recetas con este ingrediente “divino”.

¡Qué aproveche! On egin!

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