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Miedo

Miedo

Miedo al miedo

Cuando el miedo no se ve

El miedo habita en el cuerpo; tiene bases corporales. Sin embargo, nombrarlo, a menudo se hace difícil, ya que no siempre se muestra de manera obvia y visible. A veces, está tapado de tal forma que no se ve, sino que se diluye en las profundidades de nuestra existencia y cuando sabemos por fin que está ahí, en nuestro inconsciente, es porque nos sorprende apareciendo con toda su viveza y crudeza.

Sus variantes son múltiples: el susto, el temor, el pánico y el terror son emociones frías, ya que corporalmente nos repliegan hacia el interior.

Atacar, huir o quedarse paralizado

Aunque espontáneamente, el miedo nos lleve a una de esas cuatro respuestas, como seres humanos tenemos la capacidad de encauzarlas mediante procesos racionales y volitivos. La razón y la voluntad no es que eliminen el miedo, pero nos permiten plantarle cara. Cuando lo afrontamos, éste desciende, ya que si no tuviéramos miedo, haríamos exactamente lo que queremos hacer.

El miedo en el cuerpo

El miedo se manifiesta a través de gestos, expresiones y posturas corporales como el vientre metido, los hombros subidos, los ojos muy abiertos…Tenemos dificultad para sacar el sonido o el grito, nos echamos hacia atrás, hablamos rápido, con voz temblorosa y a veces nos trabamos…Sentimos tensión en la garganta, ya que las cuerdas vocales se cierran y el sonido se hace más agudo.

El grito

El grito nos permite liberar tensión, pudiendo ser de gran ayuda para afrontar la situación; nos da apoyo para centrar las energías disponibles en ese momento y además, puede ser una llamada de socorro hacia las personas que están alrededor. A su vez, un grito desgarrador ante una situación de alarma puede incluso amedrentar a quien nos amenaza, puede asustarle.

El nudo en la boca del estómago

Otras veces el miedo y la ansiedad producen un nudo en la boca del estómago, el vientre esta encogido y la persona puede acabar vomitando. Además, nos tiemblan las piernas y perdemos el enraizamiento, dejando de tocar el suelo y la sensación de seguridad que la tierra nos transmite. La mandíbula, que para muchos expresa la voluntad, puede tiritar, al igual que los dientes, que tienden al castañeo.

Liberación de azúcar

Ante una situación de alerta, el cuerpo reacciona liberando más cantidad de azúcar a la sangre para poder utilizarla en caso de necesitar el movimiento para la lucha o la huida y, por el mismo motivo, aumenta la circulación sanguínea, la frecuencia de los latidos cardíacos y la respiración. Todo se prepara en el cuerpo para aumentar la fuerza muscular ante una posible acción a realizar.

La negación

Con mucha frecuencia sufrimos mucho más porque queremos desesperadamente que el miedo se vaya, que por el miedo en sí mismo. Y esto empeora la situación.

Otras veces, lo negamos y nos decimos a nosotros mismos que no pasa nada y, a los demás que todo va bienEsta negación hace que el miedo aumente, así que, como primer paso para buscar la salida, podemos aceptarlo.

El miedo disminuye cuando es expresado ante otras personas y cuando aceptamos nuestra vulnerabilidad compartiéndola con los demás.

Para saber más:

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