Una buena alimentación

Un poco de historia

Según Herodoto, historiador griego del siglo V a.C., los egipcios creían que los alimentos constituían el origen de todas las enfermedades. Sócrates a finales del siglo V a. C. recomendó moderación en la comida y en la bebida, considerando que una persona debe comer sólo cuando tiene hambre y beber cuando tiene sed.

Hipócrates, célebre médico griego ya dijo «que tu alimento sea tu mejor medicina». Galeno, el médico más célebre entre los últimos escritores clásicos, consideraba que una adecuada elección de alimentos era fundamental para una vida larga y sana. Esta idea tomada de los hipocráticos fue el tema central de los escritos durante la Edad Media y de los primeros textos científicos. En el siglo X, el famosísimo Régimen Sanitatis Salernitanum, de la Escuela de Salerno, poema dedicado a la dieta, dice en sus primeros versos: «Si te faltan médicos, sean tus médicos estas tres cosas: mente alegre, descanso, dieta moderada». La convicción de que la dieta era un elemento fundamental en la salud y en la longevidad dio lugar a una gran variedad de estudios a partir del siglo XIII, entre ellos los de Roger Bacon.

En el siglo XVII, el médico ingles George Herbert afirmó: «quien quiera que haya sido el padre de la enfermedad, una mala dieta fue su madre».

La asociación de alimentos con la salud entra dentro de los preceptos religiosos y creencias a lo largo de la historia de las civilizaciones.

La alimentación hoy

El tema de la alimentación ha sido ampliamente tratado durante los últimos años por muchos especialistas de escuelas e ideas diferentes. Ideas con frecuencia muy contradictorias que pueden llegar a confundir a las personas que se preocupan de estudiarla. Lo que para uno es blanco para otro es negro, y a un tercero le parece gris.

En las páginas que van a continuación estudiaremos una alimentación sana desde el punto de vista higienista, considerándola como una parte importante de la vida y del mantenimiento y recuperación de la salud.

Este libro está escrito pensando en un sector privilegiado de la humanidad, al que pertenecemos, aún sin darnos cuenta siquiera, ya que podemos elegir lo que queremos comer. Si la lechuga, el tomate o la manzana no nos gustan podemos cambiarlos por la hamburguesa, el chorizo o la lata de sardinas. Si el niño no nos come lo suficiente, unos «donuts con agujero» pueden llenarle el estómago, aunque lástima no podemos decirle «que le aproveche».

Entre tanto gran parte de la humanidad no tiene elección, y lo que es peor, carece de alimentos para mantener su cuerpo y su vida, ya no digamos su salud. – Biafra, Etiopia, el tercer mundo..- son nombres y palabras que nos recuerdan (re – cuerdo, volver a estar cuerdo) la verdadera hambre y necesidad de alimentos que sufren nuestros «hermanos».

Según la Oficina de las «Naciones Unidas» para la Infancia cada semana mueren 250.000 niños en el mundo por desnutrición, es decir porque no tienen qué comer. Y mientras tanto al otro lado del mundo: ¡Es que mi niño no me come nada de nada…!

Una alimentación sana es aquella que puede mantener la salud y además ayuda a recuperarla cuando alguien se encuentra enfermo. Es también la más agradable, en su estado natural y sin necesidad de muchas transformaciones para la mayoría de los sentidos.

Para el sentido del gusto las frutas y las verduras, en su estado natural y sin ningún tipo de transformación, ni condimentación, son los alimentos más agradables. La mayor parte del resto de los alimentos además de los mal llamados «alimentos», necesitan ser fritos, refritos, condimentados, endulzados… y transformados con el fin de que sean agradables al gusto.

Para el olfato es muy agradable el aroma de los alimentos sanos, especialmente la fruta. En su estado natural, recién recogida después de una buena maduración en el árbol, la manzana tiene un aroma muy diferente al de la carne o pescado crudos por ejemplo, y el olor de las fruterías mucho más agradable que el de las carnicerías o las pescaderías. Que nos perdonen los que trabajan buenamente en estas últimas pues no se trata de fastidiarles.

Los diferentes y bonitos colores de las frutas y de las verduras, tan agradables para el sentido de la vista, indican que estamos de nuevo ante los alimentos más sanos y beneficiosos para nuestro organismo.

Incluso para el sentido del tacto las frutas, las verduras, los frutos secos,… son más agradables que otros alimentos, antes de ninguna transformación.

Ve en cada alimento lo que recibes de él por los diferentes sentidos y busca el más placentero a la mayoría de ellos, ese probablemente sea uno de los más sanos.

Igualmente, un alimento sano pensamos nosotros, es aquel que para conseguirlo hemos perdido o «destruido» la menor cantidad de vida posible.

Ya que los animales son seres más evolucionados que los vegetales preferimos alimentarnos de estos últimos. Alteramos mucho menos el equilibrio de la naturaleza si esperamos a recoger la fruta bien madura del árbol o una vez caída, que si matamos al animal para comérnoslo.

Menos mal que existen los mataderos, donde hacen el trabajo desagradable por nosotros. Y lo conozco bien pues viví durante años en un barrio al que llamaban «El Matadero», por encontrarse a cien metros del Matadero Municipal. Despertaba con muchísima frecuencia antes del amanecer con los gritos de los primeros cerdos – «txarriak»-que recibían la gracia del cuchillo en su garganta .Una y otra vez los chillidos herían con fuerza los sensibles oídos del niño pequeño, indefenso ante esta agresión. A pesar de todo, cuando luego la chuleta de uno de ellos llegaba al plato, no era fácil relacionarlo con los agudos chillidos de agonía oídos antes de la salida del sol.

Hace unos años surgía la noticia en los periódicos de que en los Estados Unidos los niños pequeños dibujaban una bandeja con muslos y pechugas de pollo cuando se les pedía que dibujaran una gallina o un pollo. El niño de las grandes ciudades no era capaz de comprender que lo que había en la bandeja, alguna vez hubiera tenido vida.

No nos resultaría fácil comer la carne si la tuviéramos que preparar desde el principio, comenzando por afilar el cuchillo.

En una alimentación sana no es importante la cantidad de calorías sino la vitalidad de los alimentos, recogida de la Naturaleza durante el proceso de maduración ¿Y cuanto hay que comer? Déjate llevar por el instinto o inteligencia interna del cuerpo, y distingue el hambre verdadera de las continuas ganas de comer, mediante las cuales, y con mucha frecuencia, intentas tapar las angustias y problemas personales. Muy a menudo, cuando estamos deprimidos o preocupados comemos en exceso para tapar ese vacío emocional, que incluso lo llegamos a sentir físicamente en forma de vacío o nudo en la boca del estómago o en el abdomen.

De la misma manera no tenemos derecho alguno para comer en exceso y de forma continúa cuando las dos terceras partes de la humanidad pasan hambre o no tienen que comer.

Es comprensible que alguna vez, y más por la forma de vida que llevamos, hagamos algún extra comiendo demasiado, pero en cambio si eso mismo lo hacemos diariamente, de algún modo «facilitamos» que una parte importante del mundo pase hambre.

Sinceramente y al margen de las posiciones egoístas y de falta de respeto de los diferentes gobiernos y estados del «primer mundo», pensamos que cada uno de nosotros tiene su parte de responsabilidad de lo que ocurre al otro lado del Planeta. Si yo consumo en exceso y despilfarro en todos los sentidos a mi alrededor, es posible que ello traiga como consecuencia la falta de comida y de necesidades vitales mínimas a otro ser humano que viva en una de las regiones más pobres de nuestra Tierra.

Todos, absolutamente todos, somos «células» de un ser humano global, y nuestra colaboración o por contra la posición egoísta influye sobre el resto de las células. En nuestro organismo, el mal funcionamiento de una célula del riñón, del corazón o del cerebro repercute de forma directa en cada uno de esos órganos, pero también en el resto del cuerpo. Nuestro cuerpo físico, emocional, mental y espiritual es una unidad, aunque día a día aparezcan más especialidades médicas. La visión local y parcial impide, con mucha frecuencia, una visión global y de unidad.

La sensación de hambre verdadera se satisface con un alimento sencillo, en su estado natural y sin ninguna necesidad de condimentos ni preparados sofisticados. El «apetito» es mucho más difícil de contentar y pide platos estimulantes y muy elaborados y condimentados. «No hay mejor salsa para los alimentos que el hambre», decía Shelton.

Cuando llevamos una alimentación sana y sencilla no nos apetece utilizar condimentos fuertes como el vinagre, la sal, los picantes… La sal es una sustancia mineral que no puede ser bien asimilada por el organismo, las sales minerales mejor utilizadas por él son las contenidas en los vegetales. El «salero» hay que tenerlo dentro, no sobre la mesa.

El resultado de las experiencias muy conocidas de Beaumont sobre Alexis Saint Martin (1825 – 1833) mostraron que los alimentos con especias se digieren 3/4 de hora más lentamente que los sencillos, y esto para un estómago habituado a su utilización.

Si hablamos de la calidad de los alimentos es importante también hablar de la actitud ante la comida. Muchas personas tragan sin masticar o engullen la comida como si tuvieran miedo de que alguien les quitara el plato. Mientras tanto en su cabeza se agitan los pensamientos más desordenados y negativos, ajenos al momento que viven, y como el sabio decía «allá donde están tus pensamientos estás tú».

Otras personas, en cambio, descansan de su trabajo, dejan a un lado las preocupaciones, se recogen unos momentos para orar meditar o simplemente estar consigo mismo, hacen unas respiraciones profundas y comen conscientes de lo que están haciendo.

Sienten incluso agradecimiento por esos alimentos que les permiten vivir, o por las FUERZAS que las hacen crecer: la Tierra, la Naturaleza, Dios…

¿Quien de los dos, aún comiendo lo mismo, las mismas proteínas y calorías digerirá y asimilara mejor lo que come? ¿Cual de los dos recibirá más energía vital de los alimentos?

Si nos fijamos bien como la persona mueve los cubiertos, mastica la comida y la manera de comportarse ante la mesa, podemos saber en que situación vive y su grado de «evolución». Ante los momentos más cotidianos podemos conocer a las personas. En los momentos más «importantes» es mucho más fácil fingir.

Los pensamientos «desordenados» y con falta de armonía a la hora de comer o después, facilitan la mala digestión. Es igualmente cierto que los problemas y las tensiones continuas dan lugar a ciertos desarreglos digestivos como la úlcera de estómago o duodeno, o la gastritis. Cuando en la cabeza hay un «nudo» de ideas y pensamientos, otro nudo similar se forma en el estómago. Es el llamado «nudo en el estómago».

Citamos aquí a O. M. Aivanhov en su bonito libro: «El Yoga de la Nutrición»:

«La boca contiene órganos extremadamente perfeccionados, glándulas situadas sobre la lengua, cuya finalidad consiste en captar las partículas etéricas de los alimentos. ¡Cuantas veces habéis hecho la experiencia! Estabais hambrientos casi sin alma y empezasteis a comer… desde los primeros bocados, aún antes de que la comida hubiera podido ser digerida, os sentisteis restablecidos, reanimados. ¿ Como pudo ocurrir esto tan deprisa? Gracias a la boca, el organismo había ya absorbido las energías, los elementos etéricos que alimentan el sistema nervioso. Antes de que el estómago recibiera los alimentos, el sistema nervioso estaba ya alimentado».

Los alimentos naturales y sanos son mucho más que calorías y proteínas, son «paquetes» de energía, parte de la Energía vital de la Naturaleza. Regalos del Sol que alimenta la Tierra, el Agua, y el Aire para que nos mantengan con buena vitalidad.

De nuevo citamos a Aivanhov en el mismo libro: Cuando hablo de los elementos etéricos que es necesario buscar en los alimentos, no debéis sorprenderos. Una fruta, por ejemplo, está compuesta de materias sólidas, liquidas, gaseosas y etéricas. Todos conocen las materias sólidas y liquidas, pero no se ocupan tanto de los aromas, que son ya más sutiles y que pertenecen al ámbito del aire. En cuanto al lado etérico, que está relacionado con los colores de la fruta y sobre todo con su vida es un campo totalmente ignorado y abandonado, pero que, no obstante, es de la mayor importancia, pues gracias a las partículas etéricas de los alimentos, el hombre nutre sus cuerpos sutiles.

Las frutas y las verduras tienen azúcares, almidones, proteínas, minerales, vitaminas,… pero tienen otros «elementos» que no podemos olvidar: los colores, los aromas, la energía vital recogida del Sol y la Naturaleza. Estos últimos, aunque todavía poco estudiados, son necesarios para la buena vitalidad de nuestro cuerpo y también ayudan al equilibrio de nuestra mente y corazón. Una manzana puede que tenga menos calorías y proteínas que un asado de cochinillo, pero tiene mucha más vitalidad, y esto no es anticientífico. El cochinillo -txarritxu- perdió su vitalidad cuando grito por última vez.

Las carencias de vitaminas y minerales, hoy en día y en nuestra sociedad de consumo, pueden ser debidas a una falta de ingestión de frutas y verduras, frutos secos, cereales no refinados,… pero con frecuencia son consecuencia de la no absorción de dichas sustancias por problemas gastrointestinales, malas digestiones, fermentaciones y putrefacciones que sufrimos las personas por nuestra mala manera de comer.

El aparato digestivo adapta la formación de enzimas a los alimentos ingeridos, e incluso Pavlov fisiólogo renombrado, encontró que cuando se cambia de régimen, las enzimas digestivas se adaptan con el tiempo al nuevo régimen y pierden la posibilidad de digerir los alimentos anteriormente utilizados.

Alguien que lleve una alimentación sana pierde gradualmente su poder digestivo ante los alimentos no adecuados. Además el cuerpo se vuelve más sensible y cualquier «exceso» se siente con mucha facilidad en forma molesta. El cuerpo sano no es más débil sino más sensible y nos avisa de que no le cuidamos mucho.

Vic Susman, en su libro «La Alternativa Vegetariana», nos dice que la palabra vegetariano deriva del latín «vegetus» que significa «completo, fresco, lleno de vida», tal como se utilizaba en el antiguo término latino «homo vegetus», aplicado a una persona vigorosa física y mentalmente.

En nuestro libro, escrito con todo cariño, puedes encontrar algunos consejos que te pueden ayudar en el camino de la alimentación y la salud. Recuerda que no tendrás «recetas mágicas», sino herramientas para trabajarte tu mismo en el camino hacia la salud y la verdad. Consejos como los extraídos de un libro llamado «Refranerillo de la Alimentación» del Dr. Castillo, editado en el año 1940, te ayudarán. En dicho libro se recogen refranes y dichos populares como los siguientes: «El que bien come y bien digiere, solo de viejo se muere»; Don Quijote dio este consejo a Sancho: «Come poco y cena más poco que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago». «Cena temprano y vivirás sano», y otro que dice «Comer y beber sentado y dormir echado». Este último lo dedicamos a las amas de casa que se preocupan tanto de atender a la familia que no se sientan ni para comer. Otro dicho muy sabio, «Quien come de más, menos tiempo comerá».

En otras páginas del libro y dedicado al apetito aparece este consejo «El comer sin apetito hace daño y es delito». Y el autor hace este comentario: «Sí, delito o falta grave, habiendo tantos infelices que pasan hambre»; son los años de la posguerra. Hoy en día dos terceras partes de la humanidad pasan aún hambre, no hemos avanzado mucho, aunque por suerte nuestro plato esta lleno, a veces demasiado lleno, a la hora de comer. No falta comida, está mal repartida.

Otros refranes nos recuerdan «Fruta cara no es sana», «Carne y pescado en una comida, acortan la vida», «Pan casero de ese quiero», y eso que en aquel entonces no se añadían las porquerías químicas que se le añaden hoy.

Respecto de la tranquilidad y el bienestar a la hora de comer, este otro que decía: «Más vale pan con amor que gallina con dolor». El siguiente dicho popular apoya nuestras ideas y dice «Quien comió hasta enfermar, ayune hasta sanar».

Algún pillín ya estará diciendo: Os olvidáis de ese otro que dice «Con pan y vino se anda el camino». Mal se andará el camino con mucho vino, a menos que tenga muchas revueltas.

En cuanto a la alimentación infantil, un error frecuente es creer que si el niño se desarrolla con una mayor rapidez, mejor. Sobre todo cuando es mayor que el de la vecina.

Un niño alimentado de forma sana tiene un desarrollo normalmente más lento, e igualmente si continúa con los alimentos sanos, una vez que vaya haciéndose adulto, un envejecimiento más tardío. Antes creces, antes mueres. ¡Hay un tiempo para cada cosa! El niño sano tarda más en crecer pero esta más equilibrado y fuerte, un roble tarda mucho más en crecer que un pino pero su madera es más resistente y noble. Ni en esta ni en ninguna otra situación, compares a un niño con otro, solamente ayúdale a caminar a su propio ritmo. No es mejor el que va más rápido en su desarrollo, pues antes llegara al «final», en su cuerpo y en la tierra.

Llevando una alimentación sana puedes llegar a disfrutar mucho más de la comida, el sentido del gusto se vuelve mucho más sensible. Se logra captar el gusto natural del alimento sin necesidad de añadir sal o azúcar, o cualquier otro condimento. No hace falta añadir azúcar a la naranja, sal a la ensalada, ni refritos a las verduras.

Es mejor que no comas en exceso, ya que si así lo haces, de forma continuada, la energía se concentrara en el estómago y la cabeza no estará tan clara. Si quieres mantener un mayor grado de consciencia e intuición no llenes el estómago en exceso. Si quieres que tu energía suba hacia el corazón, convirtiéndose en amor, y hacia la cabeza dando lugar a un aumento de la consciencia e intuición (conocimiento en la unidad), no la lleves demasiado hacia abajo, comiendo continuamente y en mucha cantidad. Una gran comilona produce embotamiento de la cabeza y ganas de dormir, y si ello lo haces con mucha frecuencia puede que estés «dormido» en la vida.

Cuando alguien canaliza el «placer de vivir» a través de la comida casi exclusivamente, está señalando el desequilibrio y la falta de placer y goce en otros campos de la vida, y los placeres temporales más fáciles de conseguir, y sin mucho esfuerzo, son la comida y la bebida.

La forma de comer actual, el abuso y la mala calidad de los alimentos frecuentemente utilizados, el exceso de grasas y proteínas, de hidratos de carbono refinados (harinas y azúcares), da lugar a la aparición de diversas enfermedades de la civilización del consumo. Diversos estudios han relacionado el exceso de consumo de grasas con enfermedades del corazón (angina, infarto) y de los vasos sanguíneos (aumento del colesterol y arteriosclerosis) con el consecuente desequilibrio para todo el organismo. Igualmente lo han emparentado con cánceres, como los de intestino grueso (colon y recto) y el cáncer de mama. También hay una relación con la diabetes, trastorno que tiene mucho que ver con el desequilibrio del metabolismo de los azúcares.

Una dieta que abuse de proteínas se relaciona con la pérdida de Calcio por la orina y la consecuente descalcificación y formación de cálculos renales (piedras en el riñón). Dietas pobres en fibra (pobres en fruta, verduras y cereales integrales) se vinculan con el cáncer de colon. Según algunos estudios el exceso de proteínas en la dieta eleva el riesgo de aparición de muchos tumores malignos.

Según Charles B. Simone en su libro Cáncer & Nutrition, los cánceres de mama, útero, riñón y colon están íntimamente relacionados con el consumo excesivo de proteínas y grasas, particularmente en forma de carne y grasa animal. Otros cánceres están relacionados igualmente con la dieta.

Según el Dr. Yudkin, especialista en nutrición, el consumo elevado de azúcar refinado, es un importante factor de riesgo en el desarrollo de la enfermedad aterosclerótica del corazón, facilita la aparición de úlceras gastroduodenales (estómago y duodeno) y da lugar a diversas alteraciones del hígado parecidas a las que produce el alcohol, como ya demostró el Dr. Charles Best. No olvidemos que el alcohol no es más que la fermentación del azúcar.

Por el contrario los pueblos cuya alimentación es sobre todo vegetariana, presentan unos bajos niveles de colesterol en la sangre, apenas padecen de tensión arterial alta y sus tasas de enfermedades cardiovasculares son bajísimas.

En nuestra alimentación normal deberíamos eliminar o disminuir ciertas sustancias no adecuadas o perjudiciales para la salud, y en especial:

– Reducir muchísimo o eliminar el consumo de carnes y pescados. Eliminar los embutidos por su alto contenido en proteínas y grasas de origen animal, además de las porquerías que le son añadidas en su elaboración.

– Eliminar las conservas por ser «alimentos» desvitalizados y excesivamente concentrados en sal, azúcar y conservantes.

– Eliminar o reducir la mantequilla, de tal forma que sea utilizada solo de vez en cuando. No utilizar las margarinas, ni tan siquiera las «vegetales» porque sus grasas han sufrido una desnaturalización excesivamente grande y se acompañan además de muchos conservantes, colorantes, aromatizantes,…

– Evitar o reducir el consumo de los alimentos industrializados ricos en harinas y azúcares, especialmente los refinados, por ser alimentos sin vida, o por su alto contenido en sustancias químicas: galletas, azúcar, mermeladas, pan blanco, pasteles, harina y arroz blancos,… Sustituir el pan blanco y la harina blanca por pan y harina integrales, aunque es recomendable consumirlos siempre de forma moderada.

– Suprimir los alimentos ricos en grasas de origen animal: carnes grasas, carne de cerdo, tocino, y las vísceras: hígado, riñones…

– Evitar el uso de condimentos, especias fuertes y picantes. Ir eliminando la sal hasta que desaparezca de la dieta. La única sal verdaderamente asimilable por el organismo es la contenida en los vegetales. Prescindir igualmente de los alimentos salados: jamón, conservas de pescado o verduras.

– Evitar los quesos fuertes o fermentados, ya que contienen elementos de alguna manera perjudiciales.

– Eliminar el café, el té, los refrescos y las bebidas alcohólicas.

– Suprimir la utilización de los fritos. No es sana la utilización de aceite a tan alta temperatura.

– Sustituir la leche por sus derivados: cuajada, yogur, queso fresco, requesón, siempre de forma muy moderada.

– Moderar el consumo de las legumbres, y comerlas siempre acompañadas de mucha verdura para facilitar su digestión.

– Disminuir el consumo de huevos a un máximo de dos a la semana, teniendo en cuenta, especialmente en los niños, que la yema es mejor que la clara, aunque siempre de forma moderada. Eliminar los huevos fritos.

– Eliminar al máximo el chocolate y especialmente en los niños pequeños, siempre teniendo en cuenta de no crear frustraciones, sabiéndolo sustituir por otros dulces caseros. El chocolate contiene una sustancia llamada teobromina que es un alcaloide de la familia de la cafeína del café, o la teína del té, no siendo buena para la salud. Conocemos personas que han utilizado el chocolate como substitutivo del café y en especial como estimulante para mantenerse más despierto.

En los últimos años hemos asistido a una nueva moda, la de los alimentos «naturales», y ya podemos comprar chorizo natural, mermelada natural, paté natural,… Es como si en plena naturaleza se criaran chorizos, mermeladas, o patés, que surgieran de una planta o de un árbol, como las frutas o las verduras. Cualquier día de estos, los nuevos agricultores nos descubren, como uno de esos híbridos, el árbol de la mermelada o la planta natural del chorizo,… Esperemos, la ciencia avanza que es una barbaridad, lo malo que cuando la dirección elegida es errónea, el avance es un retroceso. ¡Y así nos va!

La palabra «natural» tiene aquí tanto significado en relación a estos «comestibles» (se pueden comer pero no alimentan), como cuando decimos refresco natural para referirnos a un refresco que no esta muy frío o en el frigorífico. Los refrescos del comercio están muy lejos de ser naturales. ¡Quiero un refresco natural!

Las frutas y las verduras siguen teniendo actividad vital aún después de ser recogidas; especialmente la fruta, que sigue madurando fuera del árbol. Son «alimentos vivos». Por la vida y el calor que siguen generando son más difíciles de enfriar en un frigorífico. En cambio las carnes y pescados son más fáciles de enfriar.

No hay que olvidar que el ser humano se alimenta igualmente de los otros elementos: del contacto con la Naturaleza, del aire que respira, del agua que bebe o la contenida en los alimentos vivos, y del Sol, origen y «alma» de nuestro sistema planetario, de donde surge la chispa de vida que nos mantiene. En el origen de todo «aquello que no tiene Nombre», aquello que al llamarlo Dios, con frecuencia lo hemos empequeñecido o utilizado.

DIOS es principio y fin, está en nuestro interior dándonos la vida que mantiene unidas todas las células de nuestro cuerpo. La vida sigue cuando las células se separan con la muerte y nuestro SER buscará otros alimentos más sutiles y vivirá absorbiendo la luz, vivirá más cerca del Todo, al cual creemos no pertenecer. Quizás en vez de alimentarse de las frutas y verduras que crecen al sol, pueda alimentarse directamente de su luz, del espíritu del Gran Sol. Nuestro SER seguirá alimentándose y «creciendo» para siempre.

De la misma manera necesitamos alimentarnos de una actitud positiva ante la vida y de sentimientos de amor ante todo lo que nos rodea y los seres humanos que caminan a nuestro lado. Esta forma de buena alimentación es la mejor manera de sanarnos y de paso ayudar a que la Tierra sane.

Para terminar, a fin de que nos demos cuenta de que el cuerpo es una unidad, citamos un par de estudios que muestran la manera en el que dos síntomas de desequilibrio, como son el aumento de colesterol y glucosa o azúcar en sangre, no solamente dependen de lo que comemos, sino también de nuestra actitud ante la vida. El Dr. Dean Ornish, cardiólogo, observó que el aprendizaje de la relajación como parte de un programa general de cambio en el estilo vida, puede hacer descender los niveles de colesterol en sangre y favorecer el flujo de sangre hacia el corazón. Igualmente los grupos Cuerpo – Mente de Joan Borysenko han demostrado que muchos diabéticos pueden valerse de la relajación para reducir la cantidad de insulina.

La diabetes es un trastorno que no sólo depende del exceso de la ingesta de azúcares. Además del importante factor psíquico, como una de las causas de desequilibrio, con frecuencia se encuentra el excesivo consumo de grasas o una alteración del metabolismo graso. Diversos investigadores han obtenido excelentes resultados en los pacientes diabéticos al mantenerles bajo dietas muy pobres en grasas.

El cuerpo es una unidad y la enfermedad tiene siempre muchas causas. El fallo de cualquiera de sus piezas puede abrir la puerta al desequilibrio. La enfermedad no es un elemento extraño que intenta fastidiarnos, es el elemento corrector de la Naturaleza. Ella nos indica que algo va mal y que el camino que seguimos no es el más correcto. ¡Cuantas personas han cambiado sus vidas gracias a una enfermedad!. La enfermedad nos enseña,… siempre que estemos dispuestos a aprender.

A veces es una manera de llamar la atención o el cariño de las personas que nos rodean, una disculpa para no seguir adelante, o una manera de autocastigarnos,…

Si queremos estar sanos debemos cuidar todas las «piezas» de nuestro Ser. La parte física y energética, la emocional, la psíquica y la espiritual. Un asiento no puede sostenerse sobre una sola pata, si solamente cuidamos lo físico o la alimentación, nuestra vida es muy inestable. Todo asiento necesita al menos tres patas para sostenerse en pie, nosotros que estamos más «evolucionados» necesitamos cuatro: un cuerpo sano para seguir sobre la tierra, amor para sentirnos unidos a todo lo que nos rodea, luz en nuestra mente para elegir bien el camino y la búsqueda espiritual del significado profundo de la vida.

Para cuidar un coche no solamente tenemos que ponerle gasolina de buena calidad (su alimento), sino que el resto de las piezas deben estar en buenas condiciones, de otra forma el coche no irá bien. Entre otras cosas, las bujías deben producir la chispa de encendido y la parte eléctrica mantiene el coche en marcha. En nuestro organismo debemos de cuidar, no solamente la alimentación, sino las «bujías de encendido» -los sentimientos del «corazón»-, y la parte «eléctrica» -los pensamientos y la mente-. Si cualquiera de estas partes no van bien, el coche, perdón, el cuerpo estará enfermo y habremos perdido la armonía existente entre todos sus órganos.

Cualquier cambio supone un esfuerzo pero el de la alimentación merece la pena. El ser humano tiene miedo a los grandes cambios, surge entonces la inseguridad y desgraciadamente se queda con el «más vale malo conocido que bueno por conocer». Otras veces nos parece más cómodo llevar la misma alimentación de siempre o sencillamente no queremos cambiar, que importa que nos encontremos física o psíquicamente mal.

A los que están dispuestos a hacer cualquier cambio para mejorar su vida y buscar la verdad: On Egin!, ¡Que Aproveche!

Extraído de nuestro libro: “El arte de saber alimentarte. Desde la ciencia de la nutrición al arte de la alimentación”. Editorial Desclée De Brouwer

Descargar en pdf