Higiene vital
 
LA TEORIA HIGIENISTA

01. La Energía Vital y el Agotamiento 04. Cómo aparece la enfermedad crónica
02. Eliminación de sustancias de desecho 05. Los sínomas de la enfermedad
03. Crisis de desintoxicación 06. Renovar el cuerpo

01. LA ENERGÍA VITAL Y EL AGOTAMIENTO

La energía que mantiene la vida. La energía vital

La naturaleza es un conjunto vivo, un «ser» vivo en el que todos sus elementos están relacionados entre sí: la tierra, el agua, el aire, el sol, los vegetales, los animales, el hombre... y cada uno de ellos mantiene el equilibrio con los restantes. Son partes integrantes de esa Naturaleza. Cuando el ser humano se encuentra en equilibrio con todo lo que le rodea y consigo mismo vive en salud, y cuando dicho equilibrio se rompe, tanto hacia afuera como hacia dentro, aparecen los diferentes grados de «enfermedad» o desequilibrio. La enfermedad no existe más que como un estado de menor salud y para conseguir la salud es necesaria la búsqueda de ese equilibrio en base al respeto de las leyes naturales y de las leyes universales.

El organismo humano y cada una de sus células viven gracias a la ENERGÍA VITAL  conseguida por la digestión y asimilación de los alimentos, por la respiración, el contacto con el sol, el agua, con la Naturaleza y mediante la relación con las demás personas en el medio social, también a través de la consciencia en el vivir, el pensamiento positivo, el movimiento, el trabajo colectivo, el descanso. el sueño... Dicha  ENERGÍA VITAL se manifiesta  tanto en la salud como en la enfermedad. Si nos hacemos una herida o nos rompemos un hueso, trabaja para que la herida cicatrice y los dos fragmentos del hueso vuelvan a unirse. En la «enfermedad», guiado instinto de conservación de nuestro cuerpo, la energía busca positivamente la salud, de tal forma que muchos de los síntomas que la acompañan indican claramente,  como luego veremos, esta finalidad.

Tanto en la salud como en la «enfermedad», nuestro  cuerpo, como organismo vivo que es, tiene verdaderamente un gran poder de curación. Esta fuerza de autocuración es una parte del poder de regeneración de toda la naturaleza que a su vez es una manifestación y una cualidad de toda energía viva.                               

Hoy en día se admite que hay miles de remedios contra las enfermedades, desde la aspirina a la penicilina, la ducha fría, las infusiones o las intervenciones quirúrgicas y los partidarios de cada una de ellas dicen que ellos «curan». Si todos estos diferentes y contradictorios  remedios tienen capacidad de «curación» no es difícil ver que el verdadero poder curativo se encuentra en la fuerza interna de todo organismo vivo, en su poder de autocuración, a pesar de nuestro esfuerzo por olvidarlo.

La salud es el estado normal de todo ser vivo mientras  tenga en cuenta y respete las leyes de la vida: cualquier desviación de esas leyes abre el paso a la «enfermedad». Bajo condiciones de vida favorables o adecuadas y apartado de los factores que producen la enfermedad (las verdaderas causas de la enfermedad),  nuestro cuerpo tiene poder de curarse a sí mismo y ninguna sustancia extraña a él, menos aún una sustancia tóxica como un medicamento puede hacerlo. El hombre sano es capaz de captar su propia energía de la Energía de la Naturaleza y del Universo. Canaliza las fuerzas del Universo que pasan por él.

Mientras la persona lleva una vida sana, el aporte y gasto de energía se encuentra en equilibrio, se obtiene y se gasta una cantidad semejante y frecuentemente el aporte energético es mayor, sobre todo en las formas más sutiles de Energía, por ejemplo en la Energía mental o psíquica.

El agotamiento es la base de la enfermedad

Hemos visto antes las distintas formas de conseguir energía. Al mismo tiempo, y debido a que la vida es un movimiento constante de fuerzas, nuestro cuerpo gasta energía en el trabajo físico, en el ejercicio, el metabolismo normal..., en   mantener constantes el calor y la temperatura del cuerpo, en el trabajo mental, en el trabajo de eliminación de las sustancias de desecho, en la relación con los demás.



El problema surge cuando debido a nuestra forma de vida antinatural gastamos más de lo que captamos, derrochamos nuestras fuerzas y con el paso del tiempo las reservas de energía se van debilitando, apareciendo el agotamiento y la enfermedad.

Una forma de vida antinatural favorece el gasto o más bien el derroche de mucha energía así como también el desequilibrio energético. El organismo necesita hacer frente y contrarrestar con mucha de su fuerza: una alimentación excesiva y de mala calidad, las sustancias tóxicas (café, alcohol, tabaco, otras drogas...), la contaminación de la tierra, del agua y del aire, las tensiones y desequilibrios emocionales y mentales, el excesivo e inadecuado trabajo, la represión social, las relaciones humanas egoístas basadas en el pequeño «yo» o ego como ombligo del Universo...

Del mismo modo que hay un derroche hay también un aporte insuficiente de energía: una alimentación basada en los alimentos refinados e industrializados, embutidos, conservas, la sal, las carnes, los pescados; no aportan la misma vitalidad que la verdura, las raíces y las frutas frescas, los frutos secos, los cereales, que durante los meses de maduración han captado la energía de la NATURALEZA: de la tierra, del agua, del aire y del sol. Más bien al contrario, los alimentos refinados e industrializados  roban, en verdad, la energía propia del organismo.

Las frutas y las hortalizas, como alimentos vivos que son, captan la energía del sol, y bajo la acción de sus rayos ultravioleta combinan el gas carbónico del aire con el agua, con los minerales y demás elementos de la tierra, formando su propia estructura. Son una combinación de las fuerzas de los cuatro elementos: la tierra, el agua, el aire y el sol (fuego), son verdaderos concentrados de Energía Viva, «la quintaesencia» de la materia viva. Del mismo modo, el aire contaminado y la mal llamada «agua potable» de las ciudades no contienen la vitalidad del aire del campo y del agua almacenada en las frutas y verduras o proveniente de un cristalino manantial. La falta de ejercicio o de un trabajo creativo tampoco sirve de estímulo ni de aporte energético. No olvidemos que el ejercicio o el trabajo producen en «un principio» un gasto de energía pero que a su vez actúan como estímulos favorecedores del equilibrio de nuestro organismo y la recuperación de la salud. «La vida es movimiento». La ausencia del pensamiento positivo y la falta de consciencia y de esperanza en la vida, el desequilibrio psíquico y emocional impiden que el ser humano se recargue con la suficiente energía mental para hacer frente a los problemas de la vida diaria.

Cuando obtenemos una insuficiente cantidad de energía y además la derrochamos en exceso a causa de diversos factores debilitantes, aparece el AGOTAMIENTO. El agotamiento es el punto central de la «enfermedad» y de hecho la mayoría de las enfermedades se manifiestan acompañadas de sus síntomas: cansancio, debilidad...

 
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