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: Enfermedades respiratorias :
 
ENFERMEDADES RESPIRATORIAS

01. ¿Qué son las enfermedades respiratorias? 07. El ciclo respiratorio
02. Cómo respiramos 08. Síntomas y significado
03. Capacidad pulmonar 09. Factores desencadenantes o agravantes
04. Entrada de aire a las vías respiratorias 10. Enfermedades pulmonares obstructivas
05. Ejercicios respiratorios 11. Enfermedades pulmonares profesionales
06. Vías respiratorias 12. Enfermedades respiratorias y psiquismo

12. ENFERMEDADES RESPIRATORIAS Y PSIQUISMO

Desde muy antiguo se relaciona la tuberculosis con ciertas actitudes psicológicas. Ya en 1826 Laennec  escribía: “Entre las causas ocasionales de la tisis (tuberculosa), no conozco ninguna que sea más cierta que las pasiones tristes, sobre todo cuando son profundas y de larga duración”. La aparición de la enfermedad, según A. Haynal y W. Pasini es a menudo precedida por una lucha contra las tendencias depresivas, su  aparición marca el fracaso de esta lucha. Se resiente como una manifestación del destino, a la persona no le queda más que resignarse. Según estos autores entre los tuberculosos se encuentran personalidades depresivas y esquizoides, con tendencias suicidas, con una muy gran demanda de dependencia afectiva y de tipo masoquista. Esto no lo pongo para asustar, nada más lejos de mi idea, sino para que veamos que el enfoque de la medicina organicista se queda un poco corto. Con echar la culpa a los microbios e intentar “cazarlos” no se evitan para nada las causas verdaderas de la enfermedad.

Jordi y Schereider ponen el acento sobre el papel de las perturbaciones sociales en el desarrollo de la tuberculosis pulmonar. Para Begoin, la somatización (la incorporación o paso al cuerpo) permite a la persona escapar a la depresión. Varios autores han mostrado  que la situación desencadenante de la tuberculosis es a menudo la pérdida de un ser querido.

Federico  Navarro constata la existencia de un bloqueo en el tórax, el pecho no es móvil y la ventilación pulmonar más bien pobre y reducida.

Estamos de acuerdo con él, con mucha frecuencia tanto en la tuberculosis como en otros procesos respiratorios hemos visto que las personas afectadas no respiran en el pecho, no mueven las costillas al respirar. Disminuir la respiración en el pecho es una buena manera de defenderse ante los afectos. Al disminuir la respiración disminuye el sentir y con ello el sufrir. Al respirar menos, sufrimos menos en nuestras emociones, sentimientos y afectos u “soportamos” mejor la no valoración de los demás, los rechazos y “abandonos afectivos”. Como bien lo estudió W. Reich, la disminución de la respiración es una defensa corporal ante el mundo. Y los tuberculosos y en general muchas personas con graves afectaciones respiratorias se han resignado ante la vida.

Federico  Navarro, haciendo una lectura en la línea reichiana  (de  Reich) habla de una tendencia a la automutilación en los tuberculosos, es decir de una tendencia a hacerse daño física u orgánicamente, una característica masoquista arraigada y un deseo de dependencia afectiva. Según él, en la persona tuberculosa hay que trabajar la depresión. Y posiblemente de acuerdo a esa dependencia afectiva una reacción agresiva ante la persona a la que se siente dependiente, situación de ambivalencia.

Según este autor las bronquitis y las neumonías expresan siempre  la descarga energética de manifestaciones de ambivalencia (amor – odio). Estas personas sufren una condición depresiva unida a ansiedad desde tiempo atrás, acompañada de tristeza, melancolía, por un sentimiento de no poder cambiar la situación existencial.

Siguiendo con sus escritos, las personas afectadas por cáncer de pulmón, reprimen la depresión (no la viven) y también  reprimen la cólera que le hubiese podido servir para superarla, lo que le lleva a la respiración. Podríamos definir la cólera como una mezcla de rabia y odio.

No podemos olvidar que la tristeza, como hemos dicho antes, disminuye la respiración, volviéndose menos profunda, más superficial. La ansiedad y la angustia continuas dan lugar a una respiración agitada, superficial, entrecortada y muchas veces el propio organismo intenta equilibrar la respiración mediante suspiros. Lo emocional esta más que íntimamente unido a la respiración, casi son la misma cosa.

La persona triste deja caer la columna vertebral, comprimiendo los pulmones por no tener capacidad de expandirse. Una respiración profunda siempre va unida a una columna erguida pero no tensa,  y por el contrario una columna que ha “cedido” hace que los pulmones permanezcan comprimidos y no puedan expandirse para hacer una buena respiración.

La ansiedad, angustia, miedo, preocupación van acompañados siempre de un mayor o menor bloqueo del diafragma el músculo de la respiración. El nudo en la boca del estómago que con frecuencia sentimos ante estas situaciones de desequilibrio psicoemocional, expresa un mal funcionamiento de un centro nervioso llamado plexo solar, que coincide en esa zona con un centro energético (o chakra), en eso que se ha dado en llamar la anatomía oculta del ser humano. El bloqueo energético va unido al bloqueo del centro nervioso (del sistema nervioso vegetativo) y al bloqueo del diafragma. Este bloqueo del diafragma se manifiesta en una respiración superficial incompleta, agitada, siempre en la misma medida que el desequilibrio o sufrimiento psicológico y emocional. 

 
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