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Reflexiones en torno a las niñas y niños, y el miedo a la muerte

Tiempo de lectura: 4 minutos

5La muerte para el niño y la  niña no es irreversible (por lo menos hasta los 6-7 años) como para los adultos. La muerte para el  niño menor de 6 años es imaginaria, lúdica, experimentable, espontánea.

La muerte para los adultos es irreversible, trágica, misteriosa, incomprensible, y muchas veces innombrable.

Casi todos los niños han tenido una experiencia cercana de muerte,  de pérdida: la desaparición de los abuelos, el perro o pájaro que se les murió, alguno de los padres muertos prematuramente…

El abandono del bebé, la separación prolongada de la persona de apego también son experiencias de muerte porque el bebé no tiene aún formada la psique y la persona de apego y él son uno. Si ella desaparece el bebé también desaparece.

A menudo  los niños escenifican la muerte, juegan la muerte, incluso la verbalizan : “…y yo estaba muerta pero tu no te habías dado cuenta, pero enseguida me despertaba porque en realidad no estaba muerta”, o “…tu eras el cazador y me matabas pero a veces no me podías matar… ” o de repente ese niño que se desploma boca arriba con la boca abierta, los ojos cerrados y las palmas hacia arriba y permanece en silencio a veces “demasiado” rato para nosotros, inmóvil, y respirando muy levemente.

La muerte si es vencida simbólicamente, a través del juego, da paso a la vida, dicotomía vida/muerte, presencia/ausencia.

La muerte también es calma, es oscuridad, es parar el tiempo, es relajación, es abandonarse, es poder parar.

La muerte simbólica para el niño no es destrucción, es un camino hacia la reconstrucción, hacia la vida, tras la ausencia viene la presencia, explosión de vitalidad, movimiento y ruido.

El niño o la niña juegan con la muerte, como juegan con todo aquello que les produce miedo, porque es una forma de dominar y progresar en esa angustia. La niña se entierra entre cojines, se esconde en la oscuridad, se desploma en la inmovilidad…

El permitir que el niño y las niña jueguen a la muerte, o poder jugar a la muerte con él o con ella, en un marco seguro, y con un adulto que le acompaña, le permite reconducir y mitigar la angustia de mirar la muerte de frente.

Para el niño el muerto puede resucitar una y otra vez, y al jugarlo, produce recursos que le permiten reasegurarse ante la pérdida.

Como adultos nos toca acompañar y favorecer esos procesos de transformación y, nuestro propio análisis y trabajo emocional son herramientas al servicio de garantizar ese proceso en vez de obstaculizarlo.

Tanto la muerte simbólica como la real nos llevan a la transformación y al crecimiento.

La relación, el acompañar, el caminar juntos y crear las condiciones para que la niña pueda actuar. Establecer con el niño o la niña una relación abierta y empática, ofrecerle un soporte emocional donde el niño o la niña se sientan contenidos y arropados. Si el niño o la niña se sienten contenidos, podrán conectar con el dolor y elaborarlo.

Es importante y conveniente reflexionar sobre nuestras actitudes adultas respecto a la muerte y hacernos cargo de nuestra propia historia.

¿Cómo respondemos a ciertas preguntas incómodas o mas bien diría a preguntas que nos incomodan que nos hacen los niños? ¿Cómo reaccionamos los adultos ante la angustia de no ser, ante la angustia de la incertidumbre? ¿De lo perecedero?

Para no responder a sus preguntas justificamos nuestra actitud pensando: es mejor que lo deje pasar, todavía es demasiado pequeño, o sino proporcionamos respuestas fantásticas o imaginarias.

¿Qué es aquello de lo que realmente no queremos hablar, aquello que queremos evitar? Seguramente aquello que a nosotros también nos da miedo, esa realidad que nos ocultamos a nosotros mismos  y  paradójicamente al ocultarla el miedo se acentúa. Aquello que es desconocido, sobre lo que no se habla da todavía más miedo.

Todos sabemos con seguridad que vamos a morir, que nuestros seres queridos también morirán , que la muerte forma parte del proceso de la vida y sin embargo ocultamos la muerte a los niños.

A los adultos nos resulta dificil enfrentar nuestra propia mortalidad, nuestro miedo a morir tiene mucho que ver con nuestro miedo a vivir.

Y así proyectamos nuestra angustia de muerte en el niño, impidiéndole crear recursos que le permitan elaborar y transformar sus angustias o aquellas situaciones cercanas de pérdidas irreversibles vividas en su corta vida.

La ocultación de la muerte a los niños por parte de los adultos puede impedir la elaboración del dolor y la pérdida, agravándolo si no se les permite expresar lo que sienten.

Si obviamos la muerte como adultos, los niños y niñas atrofian los recursos de afrontamiento ante la muerte.

Podríamos aprender los adultos de esta gran riqueza de los niños de jugar la muerte para asegurarse en vida.

¿ Qué pautas y estrategias podemos utilizar los adultos?

–          ESCUCHARLES Y NO NEGAR SUS SENTIMIENTOS

–          ESTAR PRESENTES PARA EL NIÑO, RELAJADOS Y CON UNA ACTITUD EMPÁTICA

–          HABLAR DE LA MUERTE, DEL MIEDO A LA MUERTE,  DESDE LA EMOCIÓN, CLARAMENTE Y SIN ENGAÑOS

–          PERMITIRLES QUE JUEGUEN JUEGOS EN LOS QUE PROYECTEN SU MIEDO A LA MUERTE

–          UTILIZAR EJERCICIOS DE RELAJACIÓN PARA NIÑOS, EL DIBUJO LIBRE Y LOS CUENTOS COMO RECURSO

Algunos cuentos facilitadores

–          “ZAINTXO” Pello Añorga. Ed. Erein

–          “ ASÍ ES LA VIDA” Ramirez Ana Luisa. Ed. Diálogo

–          “ BUENAS NOCHES ABUELO” Peris Carme, Bausa Roser. Ed.Lóguez.

–          “CARTA PARA UN NÑO CON CÁNCER” Kübler Ross,Elisabeth. Ed. Luciérnaga

–          “ CUANDO FALLECE UN SER QUERIDO. GUIA PARA NIÑOS ANTE LA MUERTE DE ALGUIEN” Mundy Michaelene. Ed. San Pablo

–          “CUENTOS PARA EL ADIOS” Ibarrola, Begoña

–          “EL CUENTO DE THUMPY” Dodge, Nancy. Ed.Share Pregnancy

–          “EL JARDÍN DE MI ABUELO” Gil Vila, Maria Angeles.Ed. Bellaterra.

–          “EL NIÑO DE LAS ESTRELLAS” Somers, Patrik. Ed.Ing.Edicions

–          “EL VIAJE DE ÍNDIGO.UNA ODISEA POR EL UNIVERSO DE LOS SENTIMIENTOS” Miralles, Francesc. Ed.

–          “TE HECHO DE MENOS” Verrept Paul.Ed.Juventud

 

Arantza Iruretagoyena
Psicopedagoga y psicomotricista

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