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Medicina Higienista

“La salud es el estado normal de todo ser vivo mientras tenga en cuenta y respete las leyes de la vida: cualquier desviación de esas leyes abre el paso a la enfermedad”

La Medicina Higienista parte de la corriente de pensamiento relativa a la Salud llamada Higienismo o Higiene Vital.  Su significado proviene de Higiene, palabra que a su vez tiene su origen en Higeia o Higea, una de las hijas de Asclepio o Esculapio, dios de la Medicina en la antigua Grecia. La otra hija era Panacea.  

La Higiene Vital o Higienismo no es algo nuevo, quizás sea tan antiguo como la humanidad misma. De hecho, se encuentra en continua creación y se define como “el arte de la curación a través del arte de vivir”.

Cuando el ser humano se encuentra en equilibrio con la naturaleza y consigo mismo, vive en Salud y, cuando ese equilibrio se rompe, tanto hacia fuera como hacia dentro, aparecen diferentes grados de “enfermedad” o de menor Salud.

La energía vital es la que mantiene la vida. Cada una de las células que forman parte del organismo humano vive gracias a ella. Cuando baja el nivel energético, se expresa la enfermedad y aparecen los diferentes desarreglos orgánicos.

¿Qué es la “enfermedad”?

La “enfermedad” no es una equivocación o un fallo en el funcionamiento del cuerpo. En muchos casos, es un intento de mantener la vida mediante variados procesos de desintoxicación y regeneración.

Si hablamos, por ejemplo, de enfermedad aguda,  expresa procesos desintoxicativos o inflamatorios con un propósito de curación. En el caso de la enfermedad crónica, sin embargo, lo que refleja es un intento de adaptación a una forma de vida antinatural, esto es, en contra de las leyes de la naturaleza.   

Ambos procesos son señales que utiliza el cuerpo para decirnos, en su lenguaje, que algo hay que revisar en nuestra manera de vivir.

La “enfermedad” no es, como única causa, resultado del «ataque» de los microbios, ni es consecuencia de la edad, la herencia, el clima, la mala suerte o el «Dios lo ha querido»; aunque también es cierto que algunos de estos factores sí pueden intervenir, desencadenando o modificando las crisis.

En resumen: Primero es la enfermedad y luego, influyen sobre ella, la edad, las condiciones climatológicas, los microbios, etc. La mala suerte y el dios castigador se abstienen.

¿De dónde viene  y cómo actúa la energía vital?

La digestión y asimilación de nutrientes, así como el descanso, son procesos básicos que nos ayudan a extraer “la energía vital” que necesitamos para entusiasmarnos por la vida, pero también son necesarios el contacto con el sol, el agua, la tierra y el aire, mover el cuerpo, expresar las emociones, favorecer los pensamientos conscientes, una respiración profunda, una sana relación con nuestra propia consciencia y el resto de personas, etc. Es decir, lo que llamamos factores de Salud, elementos que favorecen la Salud y la vida.

La energía vital se manifiesta tanto en la Salud como en la “enfermedad”. Y en ambos estados, nuestro cuerpo, como organismo vivo, tiene un verdadero poder de autocuración. Si nos hacemos una herida o nos rompemos un hueso, será ella la encargada de la cicatrización y la que trabajará para que los fragmentos del hueso vuelvan a unirse.

Dicha fuerza de autocuración surge del poder de regeneración de toda la naturaleza en su conjunto y, a su vez, es una manifestación y una cualidad de toda energía viva. La curación no es un acto médico, sino un proceso biológico.

El agotamiento, una de las causas de la enfermedad

Mientras la persona lleva una vida sana, el aporte y el desgaste energéticos se encuentran en equilibrio, es decir, se obtiene y se gasta una cantidad semejante de energía. Pero en esa corriente, necesitamos energía para todo. El problema surge cuando, debido a nuestra forma de vida antinatural, “derrochamos” o gastamos más energía de la que recuperamos. Es entonces cuando nuestras reservas y fuerzas se van debilitando, apareciendo el agotamiento y lo que llamamos “enfermedad”. De hecho, la mayoría de enfermedades se manifiestan acompañadas de sus síntomas: debilidad y cansancio.

¿Qué nos produce agotamiento?



Una alimentación excesiva, desnaturalizada, de mala calidad, las sustancias tóxicas (café, alcohol, tabaco, otras drogas…), la contaminación de la tierra, del agua y del aire, las tensiones y desequilibrios emocionales y mentales, el excesivo e inadecuado trabajo, la represión social, las relaciones humanas egoístas basadas en el pequeño «yo» o ego como ombligo del Universo, la ausencia del pensamiento positivo, la falta de consciencia y de esperanza en la vida, etc. Estas son solo algunas de las causas que nos llevan al desequilibrio energético y finalmente al agotamiento.

La intoxicación y el agotamiento, lo que nos enferma

En el metabolismo normal, en los procesos energéticos, en el crecimiento y regeneración de los tejidos, etc., se forman cierta cantidad de sustancias de desecho (gas carbónico, urea, ácido úrico, ácido láctico, creatinina…). Dichas sustancias, que necesariamente deben ser eliminadas, se forman en el interior de cada célula y pasan primero a la sangre, viajando después a los órganos de eliminación.

Cuando una persona lleva una forma de vida sana, los procesos de eliminación se realizan con relativa facilidad. Pero si la manera de vivir es la que conocemos como «normal», a las sustancias de desecho que hemos citado antes, se añadirán otras más. Esa suma de toxicidad supondrá un trabajo extra para nuestro organismo, una sobrecarga excesiva, que provocará que los órganos de eliminación no puedan cumplir sus funciones, produciéndose una insuficiencia energética por agotamiento y el consecuente acúmulo de sustancias de desecho o tóxicos en el organismo.

Agotamiento e intoxicación son, pues, las dos causas principales de cualquier enfermedad.  

Crisis de desintoxicación

Si las toxinas se acumulan en una cantidad excesiva, superando el nivel de tolerancia, el organismo provoca lo que llamamos “crisis de desintoxicación” con el fin de evitar el mal funcionamiento, la degeneración y finalmente, la muerte celular. Dichas crisis son lo que en la medicina convencional se conocen como “enfermedades agudas o de corta duración” (anginas, catarros, bronquitis aguda, tos, vómitos, diarreas, «infecciones» urinarias…), aunque en Medicina Higienista son consideradas verdaderas “crisis curativas”. Es decir, no intentemos «curar» el catarro, pues ese mismo catarro es lo que nos está curando. 

 Si lo tratamos, cortaremos sus síntomas (mocos, flemas, boca seca, orina oscura, sudor, fiebre…) y evitaremos que se produzca la desintoxicación y la eliminación. Otros síntomas como el malestar general, la cabeza embotada, el aumento de sensibilidad a los ruidos y luces fuertes, etc., nos avisan de la necesidad de descanso físico y psíquico.

En las crisis curativas, el cuerpo se dedica a desintoxicar y a renovar los órganos. Para ello, va “digiriendo” sus propios tejidos, al mismo tiempo que elimina el agua retenida, diluyendo las sustancias tóxicas. En este proceso se origina una lógica pérdida de peso que no debe alarmarnos.