Historia del ayuno

EL AYUNO EN LA HISTORIA 



El ayuno desde siempre ha tomado parte de la vida diaria de la humanidad, especialmente en los momentos de rituales. El ayuno de cuaresma no es más que un recuerdo de aquellos tiempos. En el momento en el que la tierra se encontraba más desnuda en frutas y verduras, antes del comienzo de la primavera, era el periodo adecuado para ayunar. Cuando las “despensas” del invierno se habían vaciado y la tierra no había dado aún sus primeros frutos de la primavera era el tiempo idóneo para el ayuno. Hubiera sido absurdo, especialmente hace siglos, instaurar la época de ayuno durante el verano por ejemplo, cuando la tierra nos da un gran número de frutas y verduras.

El ayuno ha sido siempre utilizado en la triple vía de limpieza corporal, descontaminación mental y búsqueda de claridad espiritual.

El ayuno tiene una larga historia y en gran parte está asociada a la religión y en la Biblia podemos encontrar unas 300 referencias al respecto.

Los místicos Juan de la Cruz, Teresa de Jesús y Francisco de Asís, realizaron muchos periodos de ayuno. En septiembre de 1224, tras cuarenta días de ayuno, mientras rezaba en el monte Alverno, Francisco de Asís sintió un dolor mezclado con placer y en su cuerpo aparecieron las marcas de la crucifixión de Cristo, los estigmas. Los antiguos místicos, consideraban el ayuno como un medio imprescindible para el desarrollo espiritual.

Fue importante en otra época el periodo de Cuaresma, periodo de ayuno, abstinencia y penitencia observado según la tradición cristiana. La duración de los cuarenta días de semiayuno de Cuaresma, fue establecido en el siglo IV. El martes de Carnaval, día anterior al Miércoles de Ceniza en el calendario cristiano, señala el comienzo de la Cuaresma, que es tradicionalmente un periodo de ayuno. O así lo era antes. En Alemania y Austria, el Martes de Carnaval se llama Fastnacht (‘víspera de ayuno’); en los países del sur de Europa se llama carnaval (palabra que procede de la expresión latina carnem levare, “quitar la carne”) que indica la prohibición de la ingestión de carne durante la cuaresma. Por lo general se celebra durante los tres días, llamados carnestolendas, que preceden al Miércoles de Ceniza, comienzo de la Cuaresma en el calendario cristiano.

El ayuno se ha practicado durante siglos para la preparación de ceremonias y ritos de diversas religiones y filosofías de vida que lo contemplan en mayor o menor medida, tales como el cristianismo, el judaísmo, el islam, el confucionismo, el hinduismo, el taoísmo y el jainismo. Aunque el budismo sólo hace hincapié en la moderación en el consumo de alimentos, algunos de sus seguidores, también practican ayunos.

Es y ha sido practicado entre los chamanes de diversas culturas a lo largo y ancho de toda la geografía del planeta, especialmente como preparación de festividades concretas durante el año o para celebrar rituales de curación o rituales de acceso al “mundo paralelo” al que acuden en “búsqueda de la visión” para recoger información válida que les ayude en sus acciones de cura a los individuos de su tribu o clan.

También es y ha sido utilizado en los rituales e iniciaciones de muchas culturas a lo largo y ancho del mundo. En el siglo XIII, se otorgaba la dignidad de caballería con un ritual complejo; la Iglesia pedía al escudero que consagrara su armadura en el altar, que pasara la noche previa en vela orando y en ayuno, y que tomara un baño ritual antes de vestirse. Entonces se presentaba para ser armado caballero, investido con el derecho para portar las armas.

Entre los monjes cartujos, tres veces a la semana no se comía pan, agua, ni sal, y muchas veces al año mantenían largos ayunos.

Según el Dr. Bertholet, los normandos tenían la costumbre, antes de entrar en campaña, de hacer un ayuno según decían ellos, para afrontar la muerte con el cuerpo y el espíritu purificados. Los antiguos arios, según el Dr. Möller, tenían la costumbre de ayunar un día por semana.

El ayuno era una práctica común entre los indios Hopi de Norteamérica. La danza de la serpiente es un rito en el que se ayuna. En un momento del desarrollo de la fiesta cada participante sostiene una serpiente entre los dientes mientras baila. Al día siguiente de la ceremonia las serpientes son devueltas a la naturaleza para que difundan la noticia de que los hopis viven en armonía con el mundo natural y espiritual.

El ayuno también se ha practicado a lo largo de la historia con la intención de alejar las catástrofes o como forma de cumplir una penitencia por cometer un pecado. Algunos grupos indígenas estadounidenses mantenían ayunos tribales para conjurar desastres amenazadores, mientras que determinadas culturas indígenas mexicanas e incas guardaban ayuno para entrar en relación con sus dioses. Era practicado también el ayuno en las ceremonias rituales de los aztecas.

La abstinencia de alimentos formaba también parte de los ritos de fertilidad en algunas ceremonias primitivas. Muchas de esas ceremonias se practicaban en los equinoccios de primavera y otoño y han perdurado durante siglos.

Los documentos existentes demuestran que la práctica del ayuno o la abstinencia, ya sea parcial o completa de alimentos, existió en Asiria, Babilonia, China, Grecia, India, Palestina, Persia y Roma. Por el contrario la decadencia y desaparición del imperio romano coincidió con su época de excesos, entre ellos de la comida. Sabemos que vomitaban después de comer en exceso para poder seguir comiendo.

Los grandes excesos frecuentes con la comida y la bebida están siempre ligados al declive de una sociedad o cultura y esto lo tenemos que tener en cuenta actualmente. Una cosa es disfrutar de la comida y otra es hartarse de ella. Desde ahí podemos igualmente llegar a hartarnos de la vida.

Los datos que poseemos de las primeras civilizaciones de Mesopotamia y Egipto indican que cierta forma de ayuno era una parte importante de la práctica religiosa. Era una práctica común también entre los antiguos persas. En Egipto, los candidatos a la iniciación en los misterios de Isis y Osiris se sometían a una abstinencia total de siete días. La iniciación a los misterios de Eleusis entre los griegos requería la misma abstinencia, y el período de dichos rituales sagrados oscilaba de siete a nueve días. Sócrates y Platón ayunaban regularmente durante diez días seguidos. Para entrar en la escuela Pitagórica era requisito hacer un ayuno. En el templo de Delfos, en la Grecia antigua, la sacerdotisa no podía consultar el oráculo más que tras ser purificada por un ayuno de veinticuatro horas.

En el Antiguo Testamento, se menciona con frecuencia el ayuno e incluso curaciones que seguían a esta práctica. Por otro lado Buda realizó múltiples ayunos en el camino hacia su despertar. En los pueblos célticos, todo candidato a ser druida debía someterse a una larga preparación que incluía el ayuno.

En el maniqueísmo, antigua religión que desapareció del mundo occidental a principios de la edad media y que tomó el nombre de su fundador, el sabio persa Mani (216-276 dC), los discípulos practicaban ayunos semanales. San Agustín, el gran teólogo del siglo IV, fue maniqueo durante nueve años antes de su conversión al cristianismo aunque más tarde escribiría documentos importantes contra este movimiento, que también había sido condenado por varios papas y emperadores romanos.

Los primeros cristianos asociaron el ayuno con la penitencia y la purificación (ver por ejemplo: Mat. 6,16; Mr. 9,29). Uno de tantos ejemplos es el de Joel 2,15: “Tocad la trompeta de Sión, promulgad ayuno, pregonad asamblea”. El ayuno para los israelitas, como dice Rüdiger Dahlke, era el medio acreditado para mostrar a Dios su humildad e implorar gracia y ayuda: “Entonces rogó David a Dios por el niño y ayunó” (2 Samuel 12,16). “Sabéis qué ayuno quiero yo?, dice el Señor: Romper las ataduras de la iniquidad, deshacer los lazos opresores, dejar ir libres a los oprimidos y quebrantar todo yugo; partir su pan con el hambriento, abrigar al pobre sin abrigo, vestir al desnudo y no volver tu rostro ante tu hermano. Entonces brillará tu luz como la aurora y se dejará ver pronto tu salud…(Isaías 58,3-9).

Durante los dos primeros siglos de su existencia, entre los primeros cristianos se estableció el ayuno como una preparación voluntaria para recibir los sacramentos de la eucaristía, el bautismo y las órdenes sagradas. Más tarde, estos ayunos se hicieron obligatorios. En el siglo VI, el semiayuno de Cuaresma se amplió de las 40 horas originales (el tiempo que pasó Jesucristo en el sepulcro) hasta los 40 días en los que sólo se permitía una comida al día. Después de la Reforma, la mayoría de las iglesias protestantes mantuvieron el ayuno y en algunos casos se hizo opcional. La Iglesia ortodoxa mantiene el cumplimiento de los ayunos.

Durante los primeros tiempos de la era cristiana la práctica del ayuno de veinticuatro horas era muy común. Es lo que se llamaba en latín: “Jejunium a vespera ad vesperam”. Ayunar desde el atardecer de un día al atardecer del siguiente.

Los persas, según Herodoto, mantenían su vitalidad y fortaleza del hecho de no hacer más que una comida al día y de abstenerse de carne. Avicena, famoso médico y filósofo árabe de la edad media, prescribía ayunos de 3 a 6 semanas a sus enfermos.

A. Reville cuenta igualmente que los sacerdotes del antiguo México vivían una vida austera y practicaban largos ayunos. “Previamente a todas las fiestas, se debían imponer un ayuno más o menos prolongado. Sus discípulos eran sometidos a una disciplina rigurosa con ayunos progresivos”.

Entre los judíos, el ayuno se ha guardado, con sentido penitente y purificador, cada Yom Kipur (‘día de la expiación’) desde que fuera prescrito con tal sentido por Moisés; en este día sagrado no se permite ni comer ni beber. Es muy conocido también el ayuno diurno, que acaba tras la puesta del Sol, realizado por los musulmanes durante el mes del Ramadán. En 1973, Egipto y Siria se unieron en un ataque contra Israel, con la intención de reconquistar el territorio árabe tomado por Israel en la guerra de los Seis Días (1967). Desencadenaron el ataque el día del Yom Kipur.

Los judíos orientales denominan al Yom Kipur “Ayuno Blanco”, por contraposición a Tishá be Av (el noveno día del mes Av), el “Ayuno Negro”, que se guarda en memoria de la destrucción del Templo. El Yom Kippur, o Día de la Expiación, es el día más sagrado del calendario judío. En esa jornada, el ayuno es tan estricto que ni siquiera se permite tomar agua. Es un día para la reconciliación, en el que se confiesan las transgresiones y se solicita el perdón de Dios.

Entre los árabes se encuentra el periodo del Ramadán. Periodo en el que los fieles a esa religión realizan un ayuno parcial y diurno que acaba tras la puesta del sol. Un párrafo del Corán dice: “La dieta es el remedio de primer orden; el estómago es el receptáculo de las enfermedades; no se posee nunca la salud llenándose el estómago; no hay que agotarse con la comida y la bebida; comer con exceso es el padre de todos los males; el régimen es el padre de todos los remedios”. Cuando los musulmanes van a la Meca, observan tres días de ayuno durante el viaje de ida y siete al regreso, sostenidos por el precepto de Mahoma: “El ayuno es salud”.

El Ramadán es el noveno mes del año islámico, mes santo del ayuno, y el ayuno durante este mes es uno de los cinco pilares del islam. Los otros cuatro son la profesión de fe, la oración, la limosna y la peregrinación a la Meca. Debido a que el calendario islámico es lunar cambia la fecha del Ramadán de un año a otro. El ayuno de Ramadán comienza cada día al amanecer y termina tan pronto se pone el sol y durante esta horas los musulmanes tienen prohibido comer, beber o fumar. El día posterior al final del Ramadán se denomina “Fiesta de la ruptura del ayuno” (Id el Fitr), y se celebra con oraciones y festejos especiales.

El aspirante a teuctli (en plural, teteuctin) entre los aztecas, palabra que designaba el grado más alto de nobleza, hacía rigurosa penitencia durante un año, que consistía en el ayuno, la frecuente efusión de sangre y la prohibición de toda relación sexual, además de tolerar con paciencia malos tratos para probar su constancia.

Son muy conocidos los repetidos ayunos, en forma de huelgas de hambre, llevados a cabo por Mahatma Gandhi, en su camino de no violencia, de ahimsa, para liberar a la India del gobierno de Gran Bretaña mediante una revolución pacífica. Utilizó el ayuno como “arma” en su resistencia pacífica y de no colaboración con el gobierno británico y demostró ser un verdadero “guerrero pacífico”. En septiembre de 1932, mientras estaba en la cárcel, llevó a cabo un “ayuno hasta la muerte” para mejorar la situación de la casta de los intocables. Sus ayunos fueron imprescindibles para concienciar al pueblo y conseguir del gobierno inglés la libertad y la independencia de la India. Pero además de sus ideas pacifistas Gandhi conocía los efectos beneficiosos de la abstinencia temporal de comida en la salud.

En resumen, el ayuno se ha practicado durante siglos en relación con ceremonias, rituales (iniciación, fertilidad…) y ritos de religiones que lo contemplan en mayor o menor medida.

Así que mientras unos celebran las fiestas ayunando, otros nos llenamos la tripa con banquetes. No nos levantamos del banco hasta que todo lo que se ha dispuesto en la mesa desaparece.

EL AYUNO, UN CAMINO OLVIDADO HACIA LA SALUD



Nos interesa especialmente el ayuno terapéutico y utilizo el término terapéutico en su sentido original: Terapéutico viene del griego therapeutikós y significa servicial, que cuida de algo o alguien. Derivado de therapéuo, yo cuido. Y la palabra terapeuta viene del griego therapeutés, servidor. Realmente el terapeuta no es el que cura sino el que acompaña y cuida mientras la curación tiene lugar.

Según Pedro Laín Entralgo, gran especialista en Historia de la medicina y en Antropología médica: “A comienzos del siglo XIX….Vigente desde los hipocráticos, la restricción alimentaria en las enfermedades agudas seguía siendo la regla…”

Entre los médicos hipocráticos el principal recurso terapéutico fue la Dieta, “díaita”, expuesta en los tratados “Sobre la dieta” donde se describen las características, preparación e indicaciones de los alimentos, tanto para el enfermo como para el sano. Y diaita, según ellos, no solo se relaciona con el alimento ingerido sino también con el ejercicio, la actividad profesional y las costumbres sociales. Todo ello es “diaita”, dieta. El concepto de dieta en la Grecia antigua abarcaba no solo la alimentación sino el régimen o forma de vida al completo.

Hipócrates, según el Dr. Honorio Gimeno, uno de los médicos naturistas más reconocidos de nuestro país, “preconizó la utilización del ayuno, el pan integral y las frutas y hortalizas crudas y aconsejó que en cuestiones de alimentación se atendiese al instinto del enfermo. En lo fuerte de la enfermedad, conviene alimentación muy débil o la supresión absoluta de todo alimento. En las diarreas intensas la ingestión de manzana cruda. En invierno y en primavera, se puede comer más que en verano y en otoño. Cuando se tiene fiebre, el mejor alimento es el jugo de frutas. Si un enfermo se ha adelgazado bastante por enfermedad larga, no tiene que comer demasiado para recuperarse antes, sino que ha de hacerlo con precaución. Cuando la enfermedad no es muy importante y evoluciona en sentido favorable, el médico no ha de emplear muchos remedios; es mejor que actúe la fuerza vital natural, a ser posible, por sí sola. Dicha fuerza se conoció después en versión latina como “vis medicatrix naturae”.

Según Erasístrato, las más importantes causas de los síntomas morbosos serían el exceso de alimentación (plethos), la debilidad de ésta (apepsia) y la corrupción de lo ingerido. Para Erasístrato era más importante la prevención que la terapéutica. Reconoce a la enfermedad por el órgano afectado y no como se creía, por la afectación de los humores. Sustituyó el uso de la sangría, por la ligadura de los miembros, el ayuno, los purgantes suaves, la dieta, baños y ejercicios gimnásticos.

Entre los griegos, los metódicos (de la escuela metódica), trataban de curar mediante ayunos y alimentación seca o húmeda. Entre ellos Thessalio de Tralles clasificó las enfermedades en agudas y crónicas. Para tratar estas últimas ponía al enfermo a curas de ayuno y dietas estrictas con las que intentaba cambiar el estado general del cuerpo.

Aulo Cornelio Celso, de la escuela ecléctica, quien clasifica los signos de la inflamación en tumor, rubor, calor y dolor, signos reconocidos hasta hoy mismo, vivió por el año 30 después de Jesucristo, dijo en su obra imperecedera que existe una fuerza curativa natural en el cuerpo humano. Y recomienda, para protegerse de las enfermedades, una vida de acuerdo con las leyes de la Naturaleza. Tiene en mucha consideración el ayuno, así como la sudoración y las compresas calientes. En caso de una enfermedad incipiente, indica que se debería ayunar, mantener la calma, y beber agua fría.

Ateneos, físico griego del siglo II, dejó escrito: “El ayuno cura las enfermedades, seca los humores corporales, expulsa a los demonios, libera de los pensamientos impuros, aclara la mente, purifica el corazón, y eleva el hombre al trono de Dios”.

En el siglo XVII, el ilustre físico Paracelso llamaba al ayuno “el gran remedio”.

El médico norteamericano Dr. Isaac Jennings (1788-1874), tras muchos años de ejercer la medicina convencional, en el año 1822, comenzó a desarrollar y enseñó una filosofía que él denominó ortopatía, que expresaba su concepto sobre la naturaleza básica de la enfermedad. Fue el inicio del Sistema Higienista como un enfoque renovador sobre las causas y el tratamiento de la enfermedad. La recuperación de la enfermedad por la eliminación de sus causas verdaderas y no de sus síntomas.

Jennings pasó sus veinte primeros años de ejercicio de la medicina utilizando el tratamiento médico normal y las prácticas de sangría de su tiempo, pero su confianza en estas prácticas fue a menos, de manera que abandonó la lanceta y fue reduciendo las dosis de los medicamentos. En 1822 interrumpió toda medicación. Creyendo en la capacidad de autocuración del organismo recomienda el descanso, el ayuno, la dieta, el aire puro, y otros factores higiénicos o higienistas. El uso profesional del ayuno ante la enfermedad en los EEUU comienza en 1822, con Isaac Jennings. En 1830 Graham comienza a recomendar también el ayuno. Hoy en día aún se puede encontrar en las tiendas el pan Graham, en honor al que descubrió esta manera diferente de hacer el pan, el reconocido higienista Sylvester Graham. Otro gran experto higienista y que recomendó y estudió el ayuno fue el Dr. Russell Trall.

Entre los primeros especialistas en Higiene Natural o Vital, muchos de ellos médicos, se cuentan verdaderos especialistas en el ayuno. Entre ellos estaba el Dr. Edward Hooker Dewey, nacido en 1849 y defensor incondicional del ayuno. Escribió varios libros, entre ellos The No Breakfast Plan [El plan de no desayuno] que introduce al estudio del ayuno.

El famoso Dr. Beaumont realizó un montón de trabajos experimentales con un estadounidense llamado Alexis St. Martin. Este hombre tenía una herida de bala en el abdomen y la lesión dejaba al descubierto la cavidad gástrica. Debido a esta circunstancia, el Dr. Beaumont pudo observar el proceso de digestión de distintos alimentos y los cambios en la constitución de los jugos gástricos en diferentes condiciones. Y, dice Beaumont: «En las diátesis febriles se secreta muy poco o ningún jugo gástrico; de aquí la importancia de no introducir alimentos en el estómago en las afecciones febriles. No proporcionan ninguna nutrición, en realidad son una fuente de irritación para ese órgano y, en consecuencia, para todo el sistema. En estas circunstancias no se puede secretar ningún solvente y los alimentos son indisolubles en el estómago, como lo sería el plomo en circunstancias normales. ». Beaumont informa que la comida permaneció en el estómago de Alexis St. Martin entre 6 y 14 horas sin sufrir ningún cambio, excepto el de la descomposición, es decir, la fermentación y putrefacción.

El Dr. Charles E. Page nació en 1840, estudió medicina durante la Guerra Civil Americana y escribió mucho sobre el tema de la higiene y del ayuno. También colaboró en numerosas revistas en las que escribía sobre las virtudes del ayuno en el cuidado de los niños.

A finales del siglo XIX el Dr. Felix Oswald entre sus numerosas obras se encuentra un libro titulado Fasting, Hydropathy and Exercise [Ayuno, hidroterapia y ejercicio].

El Dr. John H. Tilden nació en Illinois en 1851. Se graduó en medicina en 1872. En su clínica de Denver (Estados Unidos) utilizaba regularmente el ayuno como método de cuidados.

Leopold E. Felke (1856-1926), sacerdote que adquirió bastante fama con el uso del barro, de otras prácticas naturistas (alimentación vegetariana, ayuno, la utilización de alimentos crudos) y de la Homeopatía.

En los últimos tiempos el Dr. Herbert M. Shelton (1895-1985), el más conocido higienista, es el mayor experto en ayunos. Tomó contacto con la Higiene Natural o Vital en su juventud y desde entonces llevó a cabo una gran labor de recopilación y difusión de los estudios higienistas. Shelton dejó escritos unos 40 libros. Uno de sus libros “Fasting Can Save Your Life” ha vendido varios cientos de miles de ejemplares. (450.000 libros vendidos en el ejemplar que tengo del año 1993). Otto Buchinger es otro de los grandes expertos en el ayuno, aunque el preconiza un ayuno modificado por la adición de 200 calorías en forma de miel o zumo de frutas en las tisanas y el agua.

En España la época floreciente en el campo de la salud natural (naturismo médico y homeopatía) durante la República española fue totalmente barrida durante la época de la dictadura de Franco. Actualmente hay visos de una nueva renovación en el campo del naturismo médico y de otras medicinas no convencionales, aún no reconocidas por los estamentos oficiales que controlan y regulan el ámbito sanitario.

El Dr. Ángel de Bidaurrazaga, el más conocido de los médicos naturistas clásicos vascos, cuenta en su libro Ayunoterapia y el Matrimonio, cómo se encontraba a los 34 años padeciendo una enfermedad intestinal grave de la cual comenzó a recuperarse realizando ayunos de agua con limón, y de limón o fruta fresca que chupaba. En el año 1928 realizó un semiayuno de 28 días con agua y zumo de limón y comiendo el limón que podía. “El propósito del organismo es defenderse, eliminando la materia que atenta contra su vida; y el medio más seguro que tenemos para ayudarles en esa labor es la Ayunoterapia. Mediante ella, dejamos plena libertad a la Viz Medicatriz para que aparte en el organismo el tanto de muerte del tanto de vida”.

Gandhi, que además de sus ideas pacifistas era vegetariano y tenía amplia experiencia en los cuidados naturales de la salud, utilizó el ayuno en apoyo de sus ideales de libertad para la India. Mahatma Gandhi, en su desconocida faceta de especialista en la salud, señala “No debemos llenar el aparato digestivo con alimentos innecesarios. Tenemos que comer solamente tanto como nos sea necesario y no más. Con frecuencia comemos de más, o ingerimos cosas indigeribles, sin darnos cuenta. Un ayuno ocasional, por ejemplo de una vez por semana o una vez cada quince días, nos permitirá mantenernos equilibrados. Si no nos resulta posible ayunar un día entero, podemos saltarnos una o más comidas durante el día”. La palabra vegetariano no deriva- como cabe suponer – de la palabra vegetal, sino del vocablo latino vegetus, que significa: entero, sano, fresco, vivo.

En su Autobiografía, Gandhi comenta que lee algo sobre la formación de una “Asociación de la Eliminación del Desayuno” en Manchester. El argumento que esgrimían sus promotores era que los ingleses comían demasiado y con harta frecuencia; que las facturas de sus médicos eran pesadas porque comían hasta la medianoche, y que debían por lo menos saltarse el desayuno si querían mejorar ese estado de cosas. Hace la prueba de dejar de desayunar para mejorar sus dolores de cabeza; le cuesta bastante durante unos días, pero los dolores de cabeza desaparecieron del todo. Esto le llevó a la conclusión de que estaba comiendo más de lo necesario.

Luego escribe: “No acepten más pacientes que los que puedan atender bien. Nuestro objetivo primordial es prevenir la enfermedad. Yo consideraría nuestro tratamiento como perfecto, si pudiéramos enseñar a la gente que acude allí, cómo tiene que hacer para mantenerse libre de enfermedad”.

Como hemos visto a lo largo de estas páginas, el ayuno no es una invención terapéutica de los tiempos actuales, sino un método tan antiguo como la humanidad misma. Uno de los mejores métodos que yo conozco en la búsqueda de la salud física, mental y espiritual.

Este escrito corresponde al Capítulo 2 de libro: El poder curativo del Ayuno, del Dr. Karmelo Bizkarra. Editorial DDB.

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