HIPERTENSIÓN
07. EFECTOS DE LA HIPERTENSIÓN
La hipertensión en sí misma favorece o va unido a diferentes trastornos orgánicos. Favorece el aumento de glucosa o azúcar en sangre y por ello la diabetes. Aumenta también las grasas de la sangre, colesterol y triglicéridos. A menudo la persona antes de ser diagnosticada de hipertensión arterial lo ha sido de colesterol alto, de diabetes o de ambas cosas a la vez. Estos procesos o trastornos tienden a agruparse de tal manera que el hipertenso tiene más probabilidades que una persona con tensión normal de tener el colesterol y la glucosa elevada también. Casi la mitad de las personas con hipertensión tienen elevado el colesterol. Ello es debido a que tanto la hipertensión como el colesterol alto, responden en parte a mecanismos comunes y por eso van juntos con tanta frecuencia. El cuerpo es una unidad y cuando falla por una lado indica que siguiendo una reacción en cadena falla todo el conjunto un poco. Con frecuencia la forma de vida causante del aumento de la presión de la sangre, provoca también el aumento de los otros elementos. Además hay que añadir a esto que la mitad de los hipertensos son obesos.
La hipertensión no sólo aumenta las grasas en la sangre, sino también el hecho que estas se depositen en forma de placas (arteriosclerosis) y el efecto más perjudicial de estas placas es la aparición de trombosis, Esta trombosis puede cerrar el paso de sangre en ciertas arterias del corazón a las que por ir en forma de corona, se las conoce como coronarias, y dan lugar al infarto.
En las personas hipertensas, tanto si están sometidas o no a tratamiento, es más frecuente el aumento de colesterol en la sangre.
La hipertensión unida al tabaco aumenta extraordinariamente el riesgo de trastornos cardiovasculares.
También el aumento de ácido úrico es más frecuente en el hipertenso. (Ver revista n.º 3).
Cómo hemos dicho antes cuando hay una hipertensión o aumento de la presión sanguínea, el corazón se ve sobrecargado de trabajo, tiene que hacer más fuerza para impulsar la sangre y con cierta frecuencia aumenta de tamaño y se engrosan sus paredes y puede llegar a sufrir un fallo cardíaco. La mayoría de las muertes debidas a la hipertensión son, en la actualidad, por infarto o por fallo cardíaco. Al producirse el engrosamiento aumentan las células musculares de la pared del corazón, pero no aumenta la cantidad de vasos sanguíneos de la pared y de esta manera puede aparecer una falta de sangre y oxígeno para algunas células; a esto se le llama angina de pecho o infarto.
El infarto ocurre a menudo a consecuencia de la formación de una placa de ateroma (grasas, proteínas, calcio, desechos,...) en el interior de los vasos sanguíneos del corazón (coronarias) que obstruye el paso de sangre hacia las células de una parte del corazón. La aparición de dicha placa se ve favorecida por la hipertensión. Una zona del corazón se queda sin sangre y se “infarta”, se muere, se necrosa. Si la persona continúa viva esta zona “muerta” se cicatriza, pero pierde su capacidad de contracción. Deja de ser funcional.
Otras consecuencias graves de la hipertensión son los trastornos de la circulación cerebral (cerebrovasculares): trombosis cerebral, embolia cerebral, hemorragia cerebral, infarto cerebral (el infarto como hemos dicho es la muerte funcional de una zona de cualquier tejido del organismo y por ello puede afectar a cualquier órgano y no sólo al corazón, aunque esta localización sea la más frecuente).
La trombosis cerebral ocurre como consecuencia del depósito de placas de grasa, proteínas y desechos (placas de ateroma) en el interior de los vasos cerebrales.
Y finalmente decir que la hipertensión da lugar también a trastornos del riñón.
No hay que olvidar nunca que el riesgo cardiovascular se potencia cuando la hipertensión se asocia a colesterol elevado, diabetes o ácido úrico. Situación que ocurre con mucha frecuencia. Además de la hipertensión se debe evitar estos tres factores de riesgo.