HIPERTENSIÓN
06. PSICOSOMÁTICA DE LA HIPERTENSIÓN
Lo psicológico, lo emocional y la forma de reaccionar que tenemos ante los acontecimientos de la vida tienen mucho que ver con la hipertensión.
La relación de lo psíquico y lo emocional con la hipertensión es tan clara que en un libro clásico de Medicina Interna como es el Farreras-Rozman, los autores A. Botey y L. Revert escriben que en la hipertensión hay que tener en cuenta: “los factores de la personalidad, la ansiedad, la depresión, los conflictos de autoridad, el perfeccionismo, la tensión contenida, la suspicacia y la agresividad”. Y la relación de estos conflictos psicoemocionales con los trastornos del corazón salta tanto a la vista que uno de los dichos más repetidos a nivel popular así lo manifiesta: "te romperán el corazón".
Según algunos autores, especialistas en el campo de lo psicocomático, la persona hipertensa vive en una situación de atención crónica (Grace y Graham); empeñado en una lucha contra sus sentimientos hostiles y agresivos (Alexander) y lo relacionan más con la agresividad que con la ansiedad.
De las varias características en las que diversos autores psicosomáticos están de acuerdo, quizás la más común es la incapacidad de expresar sentimientos de rabia y al no poder liberar la agresividad, esta se vuelve contra uno mismo. La persona hipertensa se le compara a “un volcán a punto de erupción” pero que no acaba de “explotar”.
Se habla del hipertenso como de una persona que se siente herida o que vive en una situación que conlleva un peligro real o imaginario (Cannon, Alexander, Schneider)
Para otro autor, Dunbar, son causas importantes la ambición o metas elevadas propuestas y el miedo a no conseguir sus objetivos; de la tendencia a la perfección y a adquirir responsabilidades. No entran en conflicto con sus “superiores” pero se sienten furiosos por haber cedido y mantienen por ello sentimientos de rabia que no llegan a expresar.
Para algunos (Saul, Federico Navarro) la persona hipertensa disimula su hostilidad bajo una apariencia amable y de comprensión. Con el autocontrol intentan mantener una imagen amable para que le acepten. Hay dos tendencias contradictorias (Alexander) : un deseo de pasividad y dependencia de los demás, pero por otro lado un deseo de autonomía y de dominación.
Pueden ser personas con sentimientos de cólera e irritación (Delteil y Gerbeaux) que salen a la luz ante la menor contrariedad, real o imaginaria. Existen tendencias dominantes e inhibición de la agresividad.
En el estudio antes citado de Framinghan observaron que la presión arterial era más alta en individuos con tendencia a contener sus sentimientos de irritación.
Según Federico Navarro, son personas que controlan la explosiones de cólera a través de un bloqueo del cuello; donde hay un centro (glomus carotideo) que regula en parte la presión sanguínea.
No olvidemos que cuando una persona quiere expresar su rabia y no lo hace, “se lo traga” decimos, y con mucha frecuencia nota un “nudo en la garganta” por reprimir la expresión de este sentimiento. El sentimiento de rabia lo sentimos todos y todas y no debemos sentirnos culpables de ello, es algo normal en la situación de vida en la que vivimos, a veces es una buena respuesta ante una injusticia o ante un sentimiento de impotencia o frustración. La agresividad y la rabia no expresadas a lo largo del tiempo, pueden ser expresadas a través de un trastorno físico, una enfermedad o transformarse en agresión o violencia, muchas veces ciega y destructiva. La persona que no expresa su rabia puede transformarla poco a poco en resentimiento, ante la vida o los demás y llegar en algunos casos de mucha represión a violencia destructiva por la necesidad de destruir el mundo que le hace sentirse frustrado e impotente. Incluso cuando la represión es muy grande puede necesitar destruir, sintiendo placer en ello, como una descarga de sus propios bloqueos psicoemocionales.
Según otros especialistas (Gressel y col.,Saslow) la persona hipertensa se siente siempre amenazada, dispuesta continuamente a defenderse pero no se permite “estallar” o “explotar”, viviendo así en una situación de espera crónica (Grace y Graham).
Ante el hipertenso hay que facilitarle la liberación de la agresividad y ello hará reducir los sentimientos de ansiedad. La agresividad es necesaria para la vida, para vivir en ella ; si estoy pasando un paso cebra y los coches no me dejan hacerlo necesito expresar mi agresividad; ante una injusticia muestro mi agresividad... El problema no es la agresividad sino la agresión y la destrucción, muchas veces ciega y con ganas de hacer daño, incluso disfrutando de ello, y la agresión es en gran parte, consecuencia de la no expresión de la agresividad y de la rabia.
Para resumir: la necesidad de liberar la rabia ocasionada por la impotencia, la frustración o la poca valoración de si mismo que nos hace ser más vulnerables ante el rechazo ajeno es algo normal y que surge casi siempre en las dinámicas o trabajos psicoemocionales. Sólo la agresividad reprimida da paso a la agresión, violencia y necesidad de destruir, como “salida” al estancamiento psicoemocional propio.