Enfermedades
 
HIPERTENSIÓN

01. ¿Qué es la Hipertensión? 08. Trastorno de nuestra civilización
02. ¿Cómo aparece? 09. A veces es secundario a otros trastornos
03. Riesgos de la Hipertensión 10. Lo más frecuente no es lo más sano
04. La falta de síntomas 11. La medicación
05. Factores que favorecen la Hipertensión 12. Resumiendo
06. Psicosomática de la Hipertensión 13. Cuidados higienistas
07. Efectos de la Hipertensión  

13. CUIDADOS HIGIENISTAS

A continuación veremos las recomendaciones para prevenir y curar la hipertensión. Con dichas recomendaciones se pueden prevenir y curar la mayor parte de las hipertensiones. Sólo algunas veces, cuando el daño en los tejidos, especialmente en las arterias o en el riñón es tan grande, puede ser algo muy difícil o en pocos casos imposible a pesar de los consejos higienistas.

Reducir el exceso de peso

El sobrepeso o la obesidad clara aumentan la presión arterial y la reducción de peso se acompaña siempre de un descenso de la presión arterial. Es necesario reducir la cantidad de comida para disminuir la presión arterial.

En el estudio Intersalt, investigación citada por el Dr. Luque Otero, en su libro “La hipertensión, una amenaza silenciosa”, y llevado a cabo en 30 países, se vio que una diferencia de peso de 10 kilos supone una diferencia de 3 mm de presión en la alta y de 2,2 en la baja. En un estudio llevado a cabo sobre 683 obesos, de los cuales el 48% eran hipertensos, se vio que salvo casos raros la tensión se normalizaba tras 2 a 4 días de ayuno. Este fenómeno ha sido bien confirmado tanto con obesos como con no obesos. (J. Susuki, Y Yamauchi, M Horikawa, S. Yamagata; y M Krotkiewski, E. Ruzyllo, A. Kotowska)

La disminución de peso puede ser incluso más importante que la eliminación de la sal en la comida, sin por ello quitarle importancia al papel de la sal en la hipertensión para reducir el peso nada más sano que comer frutas y verduras.

El Dr. Luque Otero, comenta de un estudio en Finlandia en el que se demostró que al reducir el consumo de grasas saturadas, aumentando el de insaturadas, puede reducir la presión arterial. Este hecho está bien documentado en animales. Los alimentos más ricos en grasas saturadas son las carnes grasas, mantequilla, embutidos...

La obesidad produce también un aumento de la reabsorción de sodio (sal) elevando ésta la presión arterial (B. Maceira, A.P. Rodríguez Hernández)

El exceso de peso además de elevar la presión arterial disminuye el efecto de los medicamentos contra ella.

Eliminar la sal

Este es uno de los primeros consejos que se dan a la persona afectada de hipertensión crónica. En la medicina convencional es un tema controvertido, pero los estudios muestran que la disminución o eliminación de sal en la dieta va acompañado en muchas personas de la reducción de la tensión sanguínea. Lo cierto es que es difícil controlar la cantidad de sal ingerida, ya que incluso las personas que dicen que no lo toman eliminan bastantes cantidades de sal (sodio) por la orina por lo que se hace difícil llevar a cabo un estudio controlado de la cantidad que ingieren.

La ingesta de sal en la población española, entre 10-14 grs, es la más alta de los estados de nuestro entorno.

La sal es una sustancia, como hemos visto antes, que hace retener mucho líquido en el cuerpo. O mejor dicho, el organismo vivo reacciona frente a una sustancia como la sal, reteniendo líquido para diluir esta sustancia mineral y hacerla menos perjudicial para el cuerpo. De esta manera al retenerse líquido aumenta la cantidad de sangre y con ello se favorece la hipertensión.

La sal es una sustancia mineral que no ha pasado al estado orgánico de la planta o del animal y por ello es muy poco asimilable, si verdaderamente lo es, por nuestro organismo. No podemos saltarnos la cadena de la naturaleza y alimentarnos directamente del reino mineral, el ser humano no puede alimentarse directamente de la “tierra”. La sal mineral tiene que revitalizarse pasando a ser un componente de los vegetales para que pueda ser bien asimilado por nuestro organismo. La tierra alimenta a la planta y la planta a los animales o a los seres humanos. Los animales y las personas no pueden alimentarse directamente de la tierra, no tienen esa capacidad. Por otro lado en los alimentos de origen vegetal se encuentran muchas sales minerales en estado orgánico, sales revitalizadas por la planta, y asimilables por el cuerpo humano.

Según algunos higienistas y entre ellos Alan Immerman, más importante aún que la sal misma es la proporción sodio/potasio de la dieta. Gran parte de los alimentos que comemos contienen mucho sodio añadido. La sal de cocina es cloruro sódico, está compuesto por cloro y sodio. Además los alimentos pierden mucho potasio en su “preparación”. Normalmente se come poco potasio y mucho sodio. El potasio se encuentra principalmente en las frutas y verduras.

Para hacer descender la presión o tensión arterial se debe reducir la cantidad de sodio (sal de mesa, conservas y alimentos preparados y manipulados) y aumentar los alimentos con alto contenido en potasio, es decir las frutas y las verduras, especialmente en su estado crudo y fresco. El aumento del potasio ingerido en forma de estos alimentos sanos puede hacer reducir la tensión arterial. El estudio de las poblaciones vegetarianas, comparándolas con las que no lo son, ha demostrado la menor frecuencia de hipertensión en las vegetarianas. La adopción de la dieta vegetariana durante cierto tiempo reduce la presión sistólica (la alta) en 5 ó 6 mm y la diastólica en 2 ó 3 mm. Este descenso o aún mayor lo hemos visto muy frecuentemente en las Casas de Reposo, en muy pocos días.

Principalmente, además de la sal de cocina se debe eliminar también los alimentos o mejor dicho “comestibles” (ya que muchos de ellos se pueden comer pero no alimentan) que lo contienen en alta cantidad: alimentos enlatados, conservas y alimentos precocinados. Con una alimentación “normal” se consume más sal en forma de alimentos precocinados, enlatados, sopas preparadas, embutidos... que la que se añade con el salero. Alimentos con una alta concentración en sal son: las conservas, entre ellas las latas de pescado (sardinas, anchoíllas, etc,) y otros comestibles como los tomates, pimientos, espárragos, etc., los quesos (quesitos), los preparados comerciales de pan y bollería, aceitunas, cubitos de caldos o sopas, salsa de tomate...

Si sabemos comer los alimentos poco cocidos o semicocidos, estos mantienen más su propio gusto. Si los cocemos con poca agua y al vapor, los alimentos no perderán tantos minerales que en caso contrario se disuelven en el agua de cocción y mantendrán también más su gusto y el gusto de sus propias sales orgánicas. No necesitaremos echar sal a estos alimentos. Se pueden cocinar, por ejemplo, arroz o cereales integrales con caldo de verduras, preparado anteriormente de cocer verduras: puerro, pimientos, zanahorias, o hierbas aromáticas y de esta manera le damos más gusto, y sin sal.

En las comunidades primitivas con una muy baja ingesta de sodio (sal) la presión arterial no aumenta con la edad, a diferencia de lo que ocurre en las sociedades mal llamadas “civilizadas” (Farreras-Rozman). Por el contrario los habitantes de países que consumen más sodio (sal) tienden a tener una presión arterial más alta y más hipertensión que los que consumen menos. En el citado estudio llamado Intersalt, se comprobó que con el hecho de reducir la ingesta de sal en 6 gramos, que en el caso español sería reducir a la mitad lo ingerido normalmente, disminuiría la presión sistólica (alta) en 2,2 mm de mercurio y la diastólica (baja) en 0,5 mm. Y finalmente en un conjunto de los 23 estudios mejor diseñados, citado por el Dr. M. Luque Otero, se demostró que al disminuir el consumo de sal a la mitad se redujo la presión sistólica en una media de 5 mm y la diastólica en una media de 2,5 mm, También hay que decir que hay personas más sensibles a la reducción de sal que otra y en ellas la reducción de sal da lugar a un descenso mayor de su tensión.

Y para terminar, la disminución de sal parece ser un factor determinante en la prevención del aumento en tamaño patológico del corazón (Hipertrofía ventricular izquierda) (Dr B. Maceira y A.P. Rodriguez Hernández; Medicine, 7ª serie nº 69).

Por todo ello pienso yo que “el salero hay que tenerlo dentro y no encima de la mesa”.

Alimentación sana

La alimentación sana a base de frutas y verduras es necesaria para la reducción de la tensión arterial. J. Douglas y col. vieron que la ingesta de alimentos crudos favorecía este descenso.

Un estudio citado por el higienista Alan Immerman, mostró que cuanto mayor es el consumo de azúcar más alta es la presión sanguínea. Debemos eliminar el consumo de azúcares, dulces, carnes, grasas saturadas, embutidos, fritos...

En otros estudios (Grundy, Denke) citado por Dr. Dean Ornish, uno de los grandes especialistas en trastornos del corazón, se ha observado que las poblaciones que ingieren una alta cantidad de carbohidratos (hidratos de carbono: almidones y azúcares) a menudo tienen una prevalencia de hipertensión, que se piensa es debido a la tendencia que tienen las dietas altas en hidratos de carbono a retener sal.

Con mucha frecuencia hemos podido comprobar que unos pocos días de descanso y una sana alimentación en una Casa de Reposo, bajo la dirección de un experto higienista, son suficientes para reducir en buena manera la presión arterial de los hipertensos crónicos, sin necesidad de tomar medicación alguna con los efectos secundarios y perjudiciales que ello conlleva. De todas maneras recomendamos que nunca se deje una medicación contra la hipertensión, sino lo es bajo el seguimiento cercano de un experto higienista y médico.

La ingesta baja en potasio parece ser un factor de riesgo para el desarrollo de hipertensión y de accidentes cerebrovasculares (SL. Linas, khaw, Barrett-Connor) y recordamos que los alimentos que más potasio contienen son las frutas y verduras. El aumento de potasio en sangre favorece la eliminación de sodio; y el acúmulo de sodio está íntimamente unido, como hemos visto, a la hipertensión.¡A comer frutas y verduras!

Por el contrario una disminución del potasio, inducida por los diuréticos, se asocia con una elevación de la presión sanguínea.

En estudios realizados con dietas vegetarianas, la eliminación de productos animales y su sustitución por productos vegetales, redujo la tensión arterial en pacientes hipertensos y también en los que tienen una tensión normal. (Y Rouse, L. Beilin, Armstrong, Vandogen. Margetts).

En un reciente estudio la modificación de una dieta habitual, aumentando su contenido en frutas y vegetales, y reduciendo el contenido de grasas saturadas, produjo un descenso de la presión arterial en hipertensos, incluso ligera (L. Appel, T. Moore y otros). Lo que confirma la tesis higienista de la necesidad de una alimentación sana en este y otros trastornos.

Ejercicio físico

El ejercicio físico moderado tiene unos efectos beneficiosos en la reducción de la tensión arterial.
Caminar de forma rápida una hora al día como mínimo puede ser una buena manera de reducir la hipertensión. Cualquier otro deporte: caminar, natación, tenis, ciclismo... es aconsejable. Si además el ejercicio y el deporte van acompañados de diversión o distracción, mejor que mejor. La alegría y el disfrutar del deporte es algo muy recomendable para todos.

No es bueno además que la persona hipertensa haga deporte de forma forzada y en condiciones de estrés. Elevar pesas de forma muy forzada no sólo no produce un descenso de la presión arterial sino que incluso puede provocar crisis hipertensivas.

Además del efecto de reducir la tensión (hipotensor) la realización de una actividad física de forma regular produce como efectos beneficiosos el descenso del colesterol total y la reducción del peso.

El ejercicio es además recomendable, como es natural, por su efecto beneficioso sobre el exceso de peso, el colesterol y la glucosa. Los tres disminuyen con el ejercicio físico. En los Estados Unidos se ha comprobado que las personas de edad media que hicieron ejercicio durante la adolescencia tienen menos tasas de hipertensión. El ejercicio físico en la adolescencia, en la juventud y después, es una buena manera de prevenir la presión arterial alta sin los efectos tóxicos de los fármacos. En general el hipertenso debe sólo evitar el ejercicio o deporte que le lleven al agotamiento total.

El Dr. Mann, citado por el higienista francés Passebecq, comenta que entre la tribu de los Masai, en Tanzania, están acostumbrados desde niños a caminar enormes distancias tras sus rebaños o para visitar a sus lejanos amigos. Caminan a buen paso, a un ritmo entre 5 y 8 kms. la hora y se hallan a diario en los caminos. Entre ellos no hay problemas de hipertensión a pesar de llevar una dieta principalmente a base de carne y leche. Aún con esta dieta mantienen unas tasas de colesterol bajo y tienen unas arterias sanas. Por otro lado los Masai no consumen sal; ni tan siquiera en su vocabulario aparece ninguna palabra para designar a esta sustancia. Los pasteles, bombones y pastas les resultan del todo desconocidos. El Dr. Mann examinó la capacidad física de 53 Masais hombres entre los 14 y los 64 años. Les pidió que caminasen sobre una cinta movida por un motor hasta que se sintieran cansados, observó la frecuencia del pulso de cada uno de ellos y pudo constatar que la mayoría de ellos superaban las cotas de los "atletas olímpicos". Su estado físico era excelente y poseían un corazón en perfectas condiciones.

Es necesario que la persona con hipertensión crónica sepa alternar el ejercicio y el reposo. El descanso y el sueño son esenciales en toda curación. La mayoría de los mecanismos de curación tienen lugar cuando descansamos y dormimos. Con la actividad diaria gastamos energía y cuando descansamos la recuperamos.

Además hay que tener en cuenta que la falta de actividad física es un factor de riesgo cardiovascular.

Eliminar el alcohol

Eliminar el consumo de alcohol y disminuir el peso son dos de las maneras más eficaces para disminuir la hipertensión, sin los perjuicios que ocasionan los medicamentos contra la tensión sanguínea. Se sabe que las personas que toman más de un par de vasos de vino al día sufren más fácilmente de hipertensión y cuanto más beben mayor es la frecuencia de hipertensión. Se conoce que un consumo de más de 200-250 gramos de alcohol a la semana, a parte de otros efectos perjudiciales, más o menos graves, producen un claro aumento de la presión sanguínea. Un vaso de un cuarto de litro de vino (250 cc) contiene 20 gramos de alcohol; una caña de cerveza de la misma cantidad contiene 10 gramos. Mucho más concentrados son los licores.

Según Kaplan, en los Estados Unidos, en torno al 11% de los casos de hipertensión están relacionados con el consumo excesivo de alcohol.

Otra droga, ilegal a diferencia del alcohol, la cocaína, produce elevaciones agudas de la tensión. Y el hábito de consumir cocaína está asociado a una mayor incidencia de accidentes cerebrovasculares.

Contacto con la Naturaleza y el silencio

El contacto con la Naturaleza y las actividades al aire libre (paseo, ejercicio) son necesarios para una buena salud.

La persona con hipertensión debe evitar, en lo posible, los ruidos, ya que diversas investigaciones demuestran que las personas que viven estresadas por niveles altos de ruido padecen de forma significativa más hipertensión.

Una dieta a crudos o el ayuno

Cualquier persona con hipertensión crónica, si no tiene alguna otra cosa que lo contraindique, puede hacer unos días de dieta a frutas y ensaladas, bajo vigilancia de algún experto higienista, para disminuir la presión sanguínea.

El ayuno controlado es una buena manera de favorecer la recuperación del hipertenso, así cómo cualquier otra manifestación de la enfermedad. El ayuno no cura, es el cuerpo el que se cura durante el ayuno. Por propio instinto, los animales y los niños pequeños dejan de comer cuando se ponen enfermos.

Además durante el ayuno suele tener lugar una gran eliminación de sal (cloruro sódico) por la orina y con ella una pérdida más o menos grande, especialmente durante los primeros días, de agua retenida para diluir la sal "almacenada" en exceso en el cuerpo.

La presión sanguínea se reduce mucho durante el ayuno. Alan Goldhamer y Jennifer Marano, higienistas, mostraron en un estudio llevado a cabo sobre 51 personas hipertensas, el efecto beneficioso del ayuno (ver cuadro).

Resumiendo el cuadro: Al finalizar el seguimiento, tras una media de 6 meses, mientras las personas llevaban una alimentación higienista y sana, se produjo una reducción de 3,4 puntos en la “alta” y de 1,6 en la “baja”.

El higienista Alan Immerman, en su libro “Health Unlimited” (Salud sin Límites), cita un estudio realizado por un médico que hizo ayunar a 683 personas con sobrepeso. Antes del ayuno 48% de ellos eran hipertensos, y tan pronto como al 2º al 4º día de ayuno era raro que la presión sanguínea no fuera normal.

Nuestra propia experiencia con las dietas de frutas y ensaladas, y con el ayuno a agua, es que la gran mayoría de las personas recuperan unas cifras normales de presión sanguínea en unos días.

Dejar de fumar

Es necesario que el hipertenso deje de fumar que es un factor que multiplica los riesgos de la hipertensión. Puede desencadenar los efectos perjudiciales y acelera la arteriosclerosis.

Igualmente deben evitarse los lugares contaminados por el humo del tabaco. De lo contrario seguirá siendo un “fumador pasivo” y esto conlleva también sus problemas. Además los medicamentos contra la hipertensión tienen menos efecto en las personas fumadoras.

No ingerir bebidas excitantes

El café, el té, las bebidas de cola, el mate en los países sudamericanos, son excitantes; aceleran los latidos cardíacos y deben ser eliminados. Se ha visto claramente que dos o tres tazas de café al día tienden a elevar la tensión.

Cuando bebemos café, la cafeína estimula el sistema nervioso vegetativo y como resultado se eleva rápidamente el nivel de adrenalina y otras hormonas del estrés. El café y otros estimulantes, entre ellas la cocaína, hacen que la respuesta al estrés no sea adecuada.

Píldoras anticonceptivas

Las píldoras anticonceptivas pueden ocasionar un aumento de la presión arterial y cuando esto ocurre deben ser eliminadas ya que en muchas ocasiones las presiones se normalizan de esta manera.

Relajación - Expresión emocional

En los estudios realizados se ha visto que el estrés agudo produce intensas elevaciones de la presión arterial y ayuda además a agravar la hipertensión existente. Recordar el efecto de "las batas blancas"

Una persona con hipertensión necesita expresar sus emociones y aprender, poco a poco, a llevar una vida más relajada. Necesita igualmente que realice más las actividades que le hagan disfrutar. El mismo deporte es más sano si además de mover los músculos, incluido el del corazón, disfrutamos y sentimos placer en ello, como un niño que disfruta del juego. Al final, que es la vida más que un juego, a veces duro otras menos y que tambiéns nos da la posibilidad de disfrutar. ¡Qué no se nos escape sin darnos cuenta que estamos vivos!

Las técnicas de relajación, respiración y meditación son beneficiosas para el hipertenso. La persona debe escoger la técnica con la que se sienta más a gusto. Cualquier técnica que haga reducir el estrés es beneficiosa para el hipertenso, y para todos los demás. Es siempre recomendable la liberación de la rabia y a veces un ejercicio o deporte, incluso uno que nos haga competir con el otro, es recomendable. El deporte competitivo puede ser una vía de liberación de la propia agresividad, unas buenas patadas al balón o golpes a la pelota pueden ser una buena manera de dar salida a la rabia que sentimos por haber discutido con nuestra pareja, porque los niños no me han dejado dormir o porque el jefe en el trabajo es un...

Recogemos aquí en propias palabras del Dr. Merloo lo beneficioso que puede ser la expresión de las emociones:

“Tras la última guerra, preparé unos informes sobre pacientes víctimas de campos de exterminio que, tras las horribles experiencias pasadas, esperaban verse de nuevo rechazados y maltratados. Había quedado ya asentado su diagnóstico de hipertensión esencial por parte de sus médicos de medicina general y, con ayuda de mi propio aparato de medición, encontraba idénticos valores elevados. Con todo, después de que hacía que se acostaran por lo menos durante media hora sobre la camilla de reconocimiento y les dejaba que contaran todas sus miserias, su presión sistólica, que, al principio, superaba con holgura los 200 mm. de mercurio (los 20 como cifra popular), descendía a los límites de lo normal”.

“La fobia a la hipertensión resulta también nociva. Puede ser la causa de una tensión nerviosa como consecuencia de la ansiedad” (citado por el Dr. higienista Passebecq).

Eliminar bajo control los medicamentos que aumentan la presión arterial

Los medicamentos que más favorecen la hipertensión son: los antiinflamatorios (muy usados en problemas reumáticos), los corticoides (derivados de la cortisona), incluso en forma de pomadas, los anticonceptivos en pastillas, los anti-asmáticos, anticongestivos nasales, antidepresivos. E incluso el uso crónico del regaliz favorece la subida de la tensión. (Dr B. Maceira y A.P. Rodríguez Hernández).

 
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