ARTRITIS
04. CLASES DE ARTRITIS
Artritis Inflamatorias
Son diversas formas de artritis que además se acompañan de síntomas generales, como la fiebre.
Algo en común a todas ellas es que no son supurativas (no se forma pus en el interior de las lesiones) las más frecuentes son: artritis reumatoide, espondilitis anquilosante, artritis psoriásica y las artritis que acompañan a las enfermedades del tejido conjuntivo, de la que la más conocida es el lupus eritematoso sistémico.
Artritis metabólica
Son artritis debidas a problemas del metabolismo de los que la más conocida es la gota.
Artritis con infección
Son las artritis en las cuales encontramos bacterias, hongos o parásitos. Se acompañan de un absceso articular acúmulo de pus en la cavidad articular.
FORMAS DE ARTRITIS MÁS COMUNES
La artritis reumatoide
Es una de las formas de artritis mas conocidas y frecuentes, que se sitúa en varias articulaciones y que puede dar además otras alteraciones de los órganos internos. Afecta tres o cuatro veces más a mujeres que a hombres y puede aparecer en cualquier periodo de la vida. Se sitúa además principalmente en las pequeñas articulaciones de las manos y los pies, y en ambos lados y también en la columna cervical alta. Algunas formas de artritis reumatoide cuando se prolongan en el tiempo dan lugar a importantes deformaciones articulares. En la articulación hay un engrosamiento y edema (retención líquida) de la membrana sinovial, luego se adhiere al cartílago, lo destruye y reemplaza. Tiempo después, los huesos pierden su alineación y se desvían. Hay aumento de calor local pero no enrojecimiento. La movilidad articular esta disminuida en parte por el dolor y en parte por la tensión en el interior de la articulación. La hinchazón se produce por la inflamación de la membrana sinovial y por el acumulo de líquido en la articulación.
En este proceso, el cuerpo produce anticuerpos y sustancias tóxicas contra sus propias células y por ello se conoce como enfermedad autoinmune. El cuerpo se vuelve contra si mismo. Aparecen alteraciones articulares y también otras más generales.
La artritis reumatoide produce dolor en las articulaciones que continúa en reposo, hinchazón, sensación de rigidez (dificultad para los movimientos), limitación de la movilidad y deformación de la articulación.
El dolor varía desde una pequeña molestia hasta un dolor intenso y persistente.
La rigidez articular después de la inactividad es muy frecuente. Se nota especialmente por la mañana y desaparece al cabo de cierto tiempo (puede durar mas de una hora), cuando la persona afectada empieza a utilizar las manos para realizar sus tareas habituales. En las formas mas típicas afecta a las muñecas, las manos y los pies. Afecta de forma casi constante a las articulaciones de las muñecas y de las manos. Otras veces puede comenzar por el codo, los hombros, las rodillas, la columna cervical u otras articulaciones.
Este proceso afecta a otros órganos del cuerpo: piel, aparato respiratorio, corazón, sistema nervioso, ojos. Con frecuencia hay otras manifestaciones generales: fiebre, pérdida de peso, malestar general, que incluso aparecen antes de las afecciones articulares. Pasan varios años antes de que haya destrucción del cartílago y bastantes años mas tarde aparecen las deformaciones de las articulaciones. A las deformaciones características acompañan una debilidad y atrofia de los músculos.
Se sabe que los cambios climáticos y las temperaturas de regiones húmedas y frías pueden incrementar las molestias de estos pacientes. (Enfermedades reumáticas, Sociedad Española de Reumatología).
Curiosamente durante el embarazo se observa una clara mejoría, más visible al final del embarazo y a veces la mujer no siente ningún síntoma en esta situación. Después del parto se produce una recaída brusca en un plazo que va desde algunos días a varios meses. Por el contrario parece existir relación con un aumento de síntomas durante la menstruación (el médico nº 632).
La evolución es crónica y en forma de brotes. Entre los brotes puede encontrarse bien o los dolores son más llevaderos.
Según el profesor Bernard Amor si a la artritis se añaden factores ambientales perjudiciales, tales como el exceso de peso, una actividad física demasiado intensa o una alimentación desequilibrada tendrá consecuencias nefastas sobre la enfermedad.
Algún día se verá que las alteraciones de las células y elementos corporales producidas por los medicamentos, las vacunas, las radiaciones... producen cambios en la estructura corporal y dichos cambios se incorporan a las células, de tal manera que el cuerpo los reconozca como ajenos a él y los ataque, dando lugar a una autoagresión contra las propias células del cuerpo.
Este mismo proceso probablemente se ponga en marcha por los contaminantes: aditivos de los alimentos, del agua, insecticidas, pesticidas, contaminantes del aire, etc... Estas sustancias como tales, acumuladas en el cuerpo, alteran además la propia composición corporal. Llegado el momento puede ser que el cuerpo no reconozca como propios estos nuevos “compuestos” formados y los agreda con anticuerpos y sustancias citotóxicas (tóxicos celulares). Esta puede ser una causa importante de las llamadas enfermedades autoinmunes.
Los fármacos pueden desencadenar la síntesis de anticuerpos anti-DNA (el DNA es la base de la transmisión genética y unido a proteínas forma los cromosomas) (Varios. Medicine nº 52 serie 7ª). Los diversos autores llaman sorprendentemente “fisiológicos” a estos anticuerpos y comentan que no parecen, ser patológicos ¿Es poca patología alcanzar el núcleo central de transmisión genética?
Observaciones hechas por Brocks en Australia confirman que tras el estrés emocional el sistema inmunológico queda debilitado. Ciertos linfocitos (una forma de célula blanca de la sangre) pierden la función de destruir los agentes de enfermedad de las infecciones y de las inflamaciones.
El factor psicológico es vital en la aparición de este proceso. El estrés es un elemento importante en la aparición de alteraciones en la inmunidad y la artritis es una enfermedad autoinmune.
Desde el punto de vista psicosomático y según Federico Navarro, psiquiatra de la línea de W. Reich, en la infancia de estos enfermos existió una represión de parte de la madre, hacia su necesidad y deseo de moverse o alejarse. No les dejo libertad de movimientos. ¡Estate quieto! es la palabra repetida por la madre. Esto impidió que el aparato locomotor se descargase, determinando una tensión muscular crónica (libro: Somatopsicodinámica de las Biopatias). De esta manera se origina el reuma por causa psicológica.
La tensión muscular crónica agarrota los huesos en las articulaciones. Ya que los músculos unen los huesos en las articulaciones, si están contraídos la articulación se encuentra en tensión y se altera.
Según F. Navarro estos enfermos se encuentran entre el deseo de servir a los demás y la tendencia agresiva para controlar el ambiente, asi como la incapacidad para abandonarse. Esto provoca un aumento del tono muscular, una tensión muscular crónica. Ello le lleva a la necesidad de actividad corporal como descarga.
La agresividad retenida y la incapacidad de abandonarse pueden explicar dos de los síntomas que expresan esta tensión en las personas con artritis reumatoide, en el cuello (control) y en las manos (cuando no se libera la tensión, la mano tiene tendencia a quedarse cerrada, en forma de puño) Un niño o una persona con rabia contenida tiene el puño cerrado.
Esta tensión crónica altera como hemos dicho la articulación que mueve esos músculos. No olvidemos además, que cuello y manos están unidos ya que los nervios y las arterias que van a las manos nacen en el cuello y por lo tanto cualquier tensión en el cuello afecta a la inervación y circulación sanguínea de la mano. Si “cerramos” o contraemos el cuello la energía no circula en condiciones hacia las manos.
El especialista y pionero de la psicosomática Jellife, es uno de los primeros en llamar la atención sobre el factor psíquico en la artritis.
Otros autores (Johnson, Shapiro, Alexander) encontraron un freno a la expresión de las emociones en las personas afectadas de artritis y rabia contenida, así como sentimientos de culpabilidad.
Hay otros autores que han descubierto problemas psicoemocionales en el origen de las artritis a veces con resentimiento inconsciente. En el año 1957 Traut y Passarelli trataron a 88 personas con artritis reumatoide con ayuda de placebos (sustancias inertes o sin efectos, que se suministran diciendo que son medicamentos sin que la persona sepa que no tienen sustancias medicamentosas) por la boca y pudieron observar mejorías en la mitad de los casos. Y la mejoría fue tanto más importante cuanto más severa fuera la afección. (Citado por Dr. A. Passebecq, higienista y médico francés, en su libro “Reumatismo y artritis” Edit. Mensajero).
Se ha visto que las personas con alteraciones reumáticas mantienen contracciones o tensiones musculares sin darse cuenta de ello y que la tensión muscular disminuye cuando la persona exterioriza sus sentimientos agresivos. Si no puede exteriorizar los impulsos agresivos la tensión muscular se eleva paralelamente a la tensión interna. La tensión muscular en este caso se relaciona con impulsos hostiles agresivos, ansiedad y sentimientos de culpabilidad (recogido por Diere Beck, citado en su libro “Resúmenes de Patología Psicosomática”). Dieter Beck habla de una represión de la agresividad.
Los trabajos de Boucharlat y cols. sitúan a las personas afectadas de artritis reumatoide también en un bloqueo del impulso agresivo y el autor interpreta un perfil de ansiedad con “temor a ceder a los sentimientos” (libro citado, R.P.Ps.)
La escuela de Chicago (Dunbar, Alexander, Saul) sitúa la inhibición de la agresividad en la artritis reumatoide, que se expresa como conflicto a nivel muscular.