CUENTOS (26 - 50)

Conversión

A un grupo de sus discípulos que estaban tremendamente ilusionados con una peregrinación que iban a emprender les dijo el Maestro: "Llevad con vosotros esta calabaza amarga y aseguraros de que la bañáis en todos los ríos sagrados y la introducís en todos los santuarios por los que paséis".

Cuando regresaron los discípulos, la amarga calabaza fue cocinada y posteriormente servida como comida sacramental.

"Es extraño", dijo con toda intención el Maestro después de haberla probado, "el agua sagrada y los santuarios no han conseguido endulzarla".

Evolución

Al día siguiente dijo el Maestro: Desgraciadamente, es más fácil viajar que detenerse".

Los discípulos quisieron saber por qué.

"Porque mientras viajas hacia una meta, puedes aferrarte a un sueño; pero cuando te detienes, tienes que hacer frente a la realidad"

"Pero entonces, ¿cómo vamos a poder cambiar si no tenemos metas ni sueños?", preguntaron perplejos los discípulos.

"Para que un cambio sea real, tiene que darse sin pretenderlo. Haced frente a la realidad y, sin quererlo, se producirá el cambio".

No - violencia

Una serpiente había mordido a tantos habitantes de la aldea que eran muy pocos los que se atrevían a aventurarse en los campos. Pero era tal la santidad del Maestro que se corrió la noticia de que había domesticado a la serpiente y la había convencido de que practicara la disciplina de la no - violencia.

Al poco tiempo, los habitantes de la aldea habían descubierto que la serpiente se había hecho inofensiva. De modo que se dedicaban a tirarle piedras y a arrastrarla de un lado a otro agarrándola por la cola.

La pobre y apaleada serpiente se arrastró una noche hasta la casa del Maestro para quejarse. El Maestro le dijo: "Amiga mía, has dejado de atemorizar a la gente y eso no es bueno".

"¡Pero si fuiste tú quien me enseño a practicar la disciplina de la no - violencia!"

"Yo te dije que dejaras de hacer daño, no de silbar".

Una taza de té

Nan-in, maestro japonés que vivió en la era Meijí (1868-1912), recibió a un profesor universitario que acudió a informarse sobre el Zen.

Nan-in sirvió té. Llenó la taza de su visitante, y siguió vertiendo.

El profesor se quedó mirando al líquido derramarse, hasta que no pudo contenerse: -Está colmada. ¡Ya no cabe más!

-Como esta taza -dijo Nan-in-, está usted lleno de sus propias opiniones y especulaciones. ¿Cómo puedo mostrarle el Zen a menos que vacíe su taza antes?

Camino embarrado

Tanzán y Ekidô andaban juntos cierta vez por un camino embarrado. Seguía lloviendo intensamente.

Al llegar a un recodo, vieron a una hermosa joven, con kimono de seda y ceñidor, que no se animaba a intentar el cruce.

-Vamos niña -dijo Tanzán al punto y, levantándola, la llevó en brazos a través del lodo.

Ekidô guardó silencio hasta la noche, cuando llegaron a un templo en que alojarse. Entonces ya no pudo contenerse:

-Los monjes -dijo a Tanzán- no nos acercamos a las mujeres, sobre todo sin son jóvenes y agraciadas. Es peligroso. ¿por qué has hecho eso?

-Yo he dejado allá a la muchacha -repuso Tanzán-. ¿Tu todavía la traes contigo?

Irascible

Un estudiante del Zen acudió a Bankéi y le planteó su problema: -Maestro, tengo una irascibilidad ingobernable. ¿Cómo puedo curármela?

Tienes una cosa muy extraña -respondió Bankéi-. Quisiera verla.

-Ahora mismo no puedo mostrársela- repuso el otro.

-¿Y cuándo me la puedes mostrar? -preguntó Bankéi.

-Me viene de improviso- explicó el estudiante.

-Entonces -concluyó Bankéi- no ha de ser de tu propia y verdadera naturaleza. si lo fuera, podrías mostrármela en cualquier momento. Cuando naciste, no la tenías; y tus padres no te la dieron. Piénsalo bien.

La mente de piedra

Hôgen, un maestro chino de Zen, vivía solo en un pequeño templo rural. Un día aparecieron cuatro monjes viajeros y pidieron permiso para encender en su patio un fuego junto al cual calentarse.

Mientras preparaban la fogata, Hôgen los oyó discutir sobre la subjetividad y la objetividad. Hôgen se les reunió y dijo: -Ahí hay una gran piedra. ¿Consideráis que esta dentro o fuera de vuestra mente?

Uno de los monjes respondió: -Desde el punto de vista del budismo, todo es una objetivación de lo mental, así que yo diría que esa piedra esta dentro de mi mente.

-Has de sentir la cabeza muy pesada -observó Hôgen- si andas llevando en tu mente semejante piedra.


Tiempo de morir

Ikkyû, el maestro del Zen, desde pequeño fue muy avisado. Su maestro poseía una preciosa taza de té, de rara antigüedad. A Ikkyû se le rompió accidentalmente esta taza, y se quedo muy perplejo. Oyendo los pasos del maestro que se acercaba, ocultó tras de sí los pedazos de la vasija. Cuando apareció el maestro, Ikkyû le preguntó:

-¿Por qué hay que morir?

-Es lo natural -respondió el digno señor-. Todo debe morir y tiene un determinado tiempo de vida.

Ikkyû, mostrando la vasija despedazada, explicó: -A tu taza le había llegado el tiempo de morir.


Intrepidez

"¿Que es el amor?"

"La ausencia total de miedo", dijo el maestro.

"¿Y qué es a lo que tenemos miedo?"

"Al amor", respondió el maestro.


Tribulación

"Las calamidades pueden ser causa de crecimiento y de iluminación", dijo el maestro.

Y lo explico del siguiente modo:

"Había un pájaro que se refugiaba a diario en las ramas secas de un árbol que se alzaba en medio de una inmensa llanura desértica. Un día, una ráfaga de viento arrancó la raíz del árbol, obligando al pobre pájaro a volar cien millas en busca de un nuevo refugio... hasta que, llegó a un bosque lleno de árboles cargados de ricas frutas".

Y concluyó el Maestro: "Si el árbol seco se hubiera mantenido en pie, nada hubiera inducido al pájaro a renunciar a su seguridad y echarse a volar".

El elefante y los ciegos

Más alla de Ghor había una ciudad. Todos sus habitantes eran ciegos. Un rey con su cortejo llegó cerca del lugar, trajo su ejercito y acampó en el desierto. Tenía un poderoso elefante que usaba para atacar e incrementar el temor de la gente.

La población estaba ansiosa por ver el elefante, y algunos ciegos de esta comunidad se precipitaron como locos para encontrarlo.

Como no conocían ni siquiera la forma y aspecto del elefante tantearon ciegamente, para reunir información, palpando alguna parte de su cuerpo.

Cada uno pensó que sabia algo, porque pudo tocar una parte de él.

Cuando volvieron junto a sus conciudadanos, impacientes grupos se apiñaron a su alrededor.

Preguntaron por la forma y aspecto del elefante, y escucharon todo lo que aquello dijeron.

Al hombre que había tocado la oreja le preguntaron acerca de la naturaleza del elefante. Él dijo: "Es una cosa grande, rugosa, ancha y gruesa como un felpudo".

Y el que había palpado la trompa dijo: "Yo conozco los hechos reales, es como un tubo recto y hueco, horrible y destructivo".

El que había palpado las patas dijo: "Es poderoso y firme como un pilar".

Cada uno había palpado una sola parte de muchas. Cada uno lo había percibido erróneamente. Ninguno conocía la totalidad: el conocimiento no es compañero de los ciegos. Todos imaginaron algo, algo equivocado.

De las invenciones modernas

"Se puede aprender algo de cualquier cosa", dijo una vez el rabí de Sadagora a sus jasidim. "Cada cosa puede enseñarnos algo, y no sólo lo que ha creado Dios. Lo que hizo el hombre también puede enseñarnos".

"¿Que podemos aprender de un tren?", pregunto dubitativamente un jasid.

"¿Que a causa de un segundo podemos perderlo todo?"

"¿Y del telégrafo?"

"Que cada palabra se cuenta y se cobra".

"¿Y del teléfono?"

"Que lo que decimos aquí se oye allá".

Lectura

Uno de los discípulos de Lao Tse, Chuang Tse, soñó una noche que se había convertido en una mariposa, revoloteando, volando entre las flores. Y a la mañana siguiente cuando se despertó estaba muy triste. Sus discípulos le preguntaron: "¿Que pasa Maestro? Nunca te hemos visto tan triste. ¿Qué ha sucedido?". El dijo: "Estoy en un apuro. Estoy en un dilema tal que ahora parece que no puede ser resuelto". Los discípulos dijeron: "Nunca hemos visto un problema que no pueda resolverse; dinos cual es el problema". Chuang Tse dijo: "Esta noche he soñado que me había convertido en una mariposa, volando por el jardín, yendo de flor en flor". Los discípulos se rieron. Dijeron: "¡es un sueño maestro!". Chuang Tse dijo: "Esperad dejadme contaros toda la historia. Ahora estoy despierto y me siento confuso. Ha surgido una duda. Si Chuang Tse puede soñar que puede convertirse en mariposa, ¿por qué no puede ser al revés? Una mariposa puede soñar que se ha convertido en Chuang Tse. ¿Así que quien es quien? ¿Soy una mariposa soñando que me he convertido en Chuang Tse?"

Porque si puede suceder que puedes convertirte en mariposa en un sueño, ¿entonces cual es el problema? Una mariposa que esta durmiendo esta mañana, descansando, puede soñar que eres tú, así que no sabes quien eres.

Milagro

Se decía que el "Haji" que vivía en las afueras de la ciudad realizaba milagros, por lo que su casa se había convertido en un centro de peregrinación al que acudía gran número de personas enfermas.

El Maestro, de quien todo el mundo sabía que ni sentía el menor interés por lo milagroso, nunca respondía a las preguntas que pudieran hacerle acerca del "Haji".

Cuando le preguntaron a quemarropa por qué se oponía a los milagros, respondió: "¿Cómo va uno a oponerse a lo que está ocurriendo ante sus ojos a cada instante?".

Evasión

Un visitante refería la historia de un santo que quería ir a visitar a un amigo suyo que estaba agonizando; pero, como le daba miedo viajar de noche, le dijo al sol: "En el nombre de Dios te ordeno que permanezcas en el cielo hasta que llegue yo a la aldea donde mi amigo agoniza". Y el sol se detuvo en el cielo hasta que el santo llegó a dicha aldea.

El Maestro sonrió y dijo: "¿No habría sido mejor que el santo hubiera vencido su miedo a viajar de noche?".

Contradicción

"¿Qué acción tendría yo que realizar para alcanzar a Dios?"

"Si deseas alcanzar a Dios, hay dos cosas que debes saber. La primera es que todos los esfuerzos por alcanzarlo no sirven para nada".

"¿Y la segunda?"

"Que debes actuar como si no supieras la primera".

Transitoriedad

El Maestro sentía alergia hacía aquellas personas que prolongaban excesivamente su estancia en el monasterio. Más tarde o más temprano, todos los discípulos oían de sus labios las temidas palabras: "Ha llegado el momento de que te vayas. Si no lo haces, el Espíritu no vendrá a ti".

Un discípulo reacio a marchar quiso saber qué era ese "Espíritu".

Y el Maestro le dijo: "El agua solo se mantiene viva y libre si fluye. Tú sólo permanecerás vivo y libre si te marchas. Si no huyes de mi, te estancarás y morirás.... contaminado".

Incongruencia

Todas las preguntas que se suscitaron aquel día en la reunión pública estaban referidas a la vida más allá de la muerte.

El Maestro se limitaba a sonreír sin dar una solo respuesta.

Cuando, más tarde, los discípulos le preguntaron por qué se había mostrado tan evasivo, él replicó: "¿No habeis observado que los que no saben qué hacer con esta vida son precisamente los que más desean otra vida que dure eternamente?".

"Pero ¿hay vida despues de la muerte o no la hay?", insistió un discípulo.

"¿Hay vida antes de la muerte? ¡Esta es la cuestión!", replico enigmáticamente el Maestro.

Humildad

A un visitante que a sí mismo se definía como "buscador de la Verdad" le dijo el Maestro: "Si lo que buscas es la Verdad, hay algo que es preciso que tengas por encima de todo".

"Ya lo sé: una irresistible pasión por ella".

"No. Una incesante disposición a reconocer que puedes estar equivocado".

Palabras

Los discípulos estaban enzarzados en una discusión sobre la sentencia de Lao Tse:

"Los que saben no hablan;

los que hablan no saben".

Cuando el Maestro entró donde ellos estaban, le preguntaron cuál era el significado exacto de aquellas palabras.

El maestro les dijo: "¿Quién de vosotros conoce la fragancia de una rosa?":

Todos la conocían.

Entonces les dijo: "Expresadlo con palabras".

Y todos guardaron silencio.

Ruido

El Maestro tenía que soportar cada día una verdadera avalancha de preguntas, a las cuales él respondía en serio o en broma, con suavidad o con toda energía.

Había una discípula que siempre se pasaba las sesiones sentada y en silencio.

Cuando le preguntaron la razón de su actitud, ella respondió: "Apenas oigo una palabra de lo que dice. Estoy demasiado distraída con su silencio".

Juzgar

"¿Qué he de hacer para perdonar a todos?":

"Si no condenaras a nadie, nunca tendrías necesidad de perdonar".

Serenidad

"¿Existe alguna forma de medir las propias fuerzas espirituales?"

"Muchas".

"Dinos tan sólo una".

"Tratad de averiguar con que frecuencia perdéis la calma a lo largo de un sólo día".

Realidad

Aunque el Maestro parecía saborear la vida y vivirla a tope, también se sabía que afrontaba grandes riesgos, como cuando denunciaba la tiranía del gobierno, corriendo el peligro de ser arrestado y hasta morir, o cuando llevó a un grupo de sus alumnos a ayudar a una aldea que había sufrido el azote de la peste.

"El sabio no teme a la muerte", solía decir.

"¿Por qué tiene un hombre que arriesgar la vida tan fácilmente?", le preguntaron en cierta ocasión.

"Por qué tiene una persona que preocuparse tan poco por el hecho de que se apague una vela cuando el día ya ha amanecido?".

Imbecilidad

Cuando se le preguntaba por su Iluminación, el Maestro siempre se mostraba reservado, aunque los discípulos intentaban por todos los medios hacerle hablar.

Todo lo que sabían al respecto era lo que en cierta ocasión dijo el Maestro a su hijo más joven, el cual quería saber cómo se había sentido su padre cuando obtuvo la Iluminación. La respuesta fue: "Como un imbécil".

Cuando el muchacho quiso saber por qué, el Maestro le respondió: "Bueno, verás..., fue algo así como hacer grandes esfuerzos por penetrar en una casa escalando un muro y rompiendo una ventana... y darse cuenta después de que estaba abierta la puerta".

 
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