Enfermedades
 
COLESTEROL

01. ¿Qué es el Colesterol? 09. Tratamiento contra el Colesterol
02. ¿Cómo se transporta? 10. La salud del corazón, las coronarias
03. ¿Cómo se elimina? 11. Angina de pecho
04. La cantidad 12. Infarto de miocardio
05. ¿Cómo aumenta? 13. Tratamiento médico
06. Exceso de Colesterol 14. Factores de riesgo
07. Arteriosclerosis 15. Cuidados higienistas
08. Factores que aumentan el Colesterol  

14. FACTORES DE RIESGO EN LA ARTERIOSCLEROSIS,
LA ANGINA DE PECHO Y EL INFARTO


Los factores de riesgo más importantes para la obstrucción de las coronarias son: el tabaco, la hipertensión arterial, el aumento de lípidos o grasas en la sangre y el estrés. Las coronarias son dañadas por: colesterol alto en sangre, exceso de colesterol y grasas saturadas en la dieta (independientemente de los niveles de colesterol sanguíneo). La hipertensión y el tabaco.

Hipertensión arterial

El aumento de la presión arterial a cualquier edad eleva de 3 a 7 veces el riesgo de enfermedad coronaria, cerebral y de circulación periférica, según el Estudio Framingham. Es tan importante la hipertensión sistólica como la diastólica (la alta como la baja). Los hipertensos tienen cinco veces más accidentes circulatorios cerebrales, y tres veces más infartos de miocardio.

La hipertensión parece agravar el proceso de arteriosclerosis, posiblemente por debilitamiento de las paredes arteriales en los lugares de máxima presión, favoreciendo el daño e invasión de colesterol y otros componentes.

Muchos estudios indican claramente que la hipertensión incrementa el riesgo de enfermedad coronaria. En 43.000 personas con moderada hipertensión que fueron seguidos durante 5 años y medio se vio que el hecho de reducir la tensión con medicamentos no reduce significativamente la mortalidad por enfermedad cardiaca. En aproximadamente la mitad de estos estudios el grupo sin medicación tuvo menos ataques cardíacos y menos mortalidad que el grupo medicado. Estos medicamentos únicamente producían efecto en los mínimos casos de hipertensión muy elevada. Como hemos podido comprobar muchas veces, los cambios en la alimentación, en el ritmo de vida, favoreciendo además la expresión de las emociones, reduce la tensión sanguínea sin los riesgos de los efectos secundarios de los medicamentos.

Tabaco

Como dice Dean Ornish, la mayoría de las personas saben que el tabaco es la mayor causa de cáncer de pulmón, pero es menos conocido el hecho que el tabaco causa muchas más muertes por ataque cardíaco que por cáncer de pulmón, tanto en hombres como en mujeres.

El tabaco aumenta el riesgo de infarto de miocardio. Cualquier exposición al tabaco, incluido el fumador pasivo, incrementa el riesgo de problemas cardíacos. Si respiras el humo que fuman otros, tienes más riesgo.

Dicho riesgo guarda relación con el número de cigarrillos, la precocidad del hábito y el tipo de tabaco.

En los grupos más jóvenes hay hasta tres veces más infartos de miocardio por obstrucción de las coronarias y muerte entre los fumadores. Si se deja de fumar disminuye el riesgo de afección coronaria, en 10 años de abstinencia el riesgo es el mismo que para los no fumadores.

La nicotina estimula la liberación de adrenalina (catecolaminas) aumentando la hipertensión, vasoconstricción (disminución del calibre de los vasos sanguíneos), y mayor agregación plaquetaria (las plaquetas tienden a reunirse y formar coágulos). Además la nicotina y otras sustancias tóxicas del tabaco dañan el interior de las arterias coronarias y eso da lugar a su constricción o cierre y a la formación de coágulos que se alojan en su interior. Hay en cambio buenas noticias para los que dejan de fumar ya que los últimos estudios de muestran que ese peligro cede al cabo de un tiempo de dejar de fumar. Según Judith Ockene al cabo de tres años de dejar de fumar el riesgo de ataque cardíaco se reduce en un 64%. Lynn Rosenberg encontró aún mejores resultados, cuando la mujer deja de fumar el riesgo de ataque cardíaco vuelve a la normalidad, a la par de los no fumadores, tras transcurrir al menos 3 años.

Cuando se abandona el hábito de tabaco, el riesgo de enfermedad coronaria decrece en un 50% durante el primer año y se aproxima al de los no fumadores al cabo de 2-10 años. Según otros autores al de 10 años sin fumar el riesgo es el mismo que para los no fumadores.

Enfermedades

En los diabéticos hay mayor enfermedad y mortalidad cardiovascular (cardio-corazón y vascular de vaso sanguíneo) y más enfermedades de las coronarias. Ello ocurre tanto en la diabetes tipo I, en la que se necesita insulina como en la tipo II que se relaciona con obesidad.

En las mujeres la diabetes es más importante como riesgo que el tabaquismo.

Obesidad

Cuando la obesidad es severa: empeora la angina de pecho, la hipertensión, el colesterol, la diabetes y disminuye el tiempo de vida. Es un factor de riesgo importante en los menores de 50 años dando lugar a más hipertensión, más insuficiencia cardiaca y más alteraciones cardiovasculares.

La obesidad moderada influye también por su asociación con otros factores de riesgo para el corazón y los vasos sanguíneos: la diabetes, la hipertensión, y el aumento de lípidos en sangre. Son obesos el 65% de los hipertensos, el 85% de los diabéticos.

El riesgo de arterioesclerosis puede descender cuando los niveles de grasas o triglicéridos son reducidos en la dieta y el 80% de los que tienen altas las lipoproteínas (Braier).

Además en la obesidad coexisten otros factores de riesgo como son: la diabetes, la hipertensión, y el aumento de lípidos en sangre. Todos los obesos tienen mayor riesgo cardiovascular, especialmente cuando son hipertensos.

Los jóvenes no diabéticos que son obesos muestran mayor nivel de glucosa y más lípidos en sangre.

Inactividad

El ejercicio disminuye el colesterol y la presión arterial. También mejora el estilo de vida y disminuye las recaídas y la mortalidad tras un infarto.

En un estudio realizado en 12.138 personas de media edad, se vio que la mitad de ellas haciendo un ejercicio moderado sufrían una tasa de mortalidad general (incluyendo el ataque al corazón) que era una tercera parte más baja que las personas con una forma de vida sedentaria. Los que hacían un ejercicio intenso no tenían diferencias significativas en relación a los que hacían un ejercicio moderado (Dean Ornish).

Estrés y personalidad

Es clásico relacionar el infarto con un tipo de personalidad, aunque claramente puede afectar a otras personas.

El comportamiento tipo A de Rosenman y Friedman, característico de las personas que se encuentran en permanente tensión psíquica, ansiedad, gran ambición, alta competitividad e impaciencia en un intento de hacer cada vez más cosas en menos tiempo (lucha contra el tiempo y los demás), irritabilidad, hostilidad, se asocia con un aumento del colesterol y de las otras grasas (triglicéridos), de la angina de pecho y el infarto.

Para Dunbar, hay en ellos autocontrol, meticulosidad y personas que subordinan a su deseo de perfección todas sus necesidades y sentimientos. Podríamos decir algo así como "antes el trabajo y el deber que el placer, la familia y los sentimientos".

Son personas a las que les cuesta mucho expresar sus afectos. La necesidad de autocontrol da un papel secundario a la sexualidad y sufren explosiones de cólera incontrolada y destructiva ante la persona amada (Federico Navarro). Según la escuela francesa (Marty, Muzan, David) estas personas tienen poca capacidad de fantasía anclándose en lo real y poca capacidad de expresar emociones con la palabra. Para Dreyfus y col. el infarto es con frecuencia precedido de una época depresiva.

Es característica del tipo A de personalidad según J. Cottraux, con el que estamos de acuerdo, tener la mandíbula contraída la tensión muscular y la hostilidad frente a los demás que se manifiesta en la mirada y en la postura. Calo ha mostrado que el infarto afecta más al que trabaja más con su cerebro que con sus músculos.

Parece ser que el infarto que ocurre hacia los 60 años afecta más a las personas con alteraciones físicas y por el contrario cuando afecta a las personas menores de 50 predominan los factores psíquicos. (A. Haynal, W. Pasini).

Al mismo tiempo, el hecho de haber sufrido una angina de pecho o un infarto puede hacer aumentar la ansiedad y el miedo por una recaída o llevar a una depresión y empeorar el cuadro.
El estrés por sí mismo produce la vasoconstricción o disminución del calibre de los vasos sanguíneos y aumenta la posibilidad de formación de coágulos en las arterias del corazón. Tan sólo el leve estrés que surge de resolver mentalmente una operación matemática es suficiente para causar una reducción del flujo de sangre en el corazón (Dr. Adrew Selwyn y John Dearficld). Un estrés crónico puede obstruir las arterias coronarias. Cuando el estrés se une a una dieta rica en grasas se potencia mucho el efecto negativo del estrés.

Dieta

Es imposible producir arteriosclerosis en experimentos sin usar dieta rica en colesterol y grasas saturadas. La dieta rica en grasa y colesterol está unidad a la arteriosclerosis, a la angina de pecho y al infarto. En las dos guerras mundiales disminuyeron la obesidad, el colesterol, la arteriosclerosis y la diabetes. Los países desarrollados de Occidente consumen más calorías, más hidratos de carbono refinados, más grasas saturadas y más colesterol y tienen más lípidos en sangre y mucha mayor incidencia de infarto que los países del mal llamado tercer mundo.

También hay que tener en cuenta que el exceso dc azúcares puede estar relacionado con un aumento de triglicéridos o grasas en sangre, y esto favorece, como hemos visto la arteriosclerosis.
En estudios en animales se ha visto que incluso una dieta desequilibrada con pocas grasas y exceso de proteínas (es una de las típicas dietas de adelgazamiento) puede favorecer la aparición de una obstrucción de las arterias coronarias. En el conocido estudio de China se vio que cuando más proteína animal se consuma, mayor es el riesgo cardiovascular. Los chinos que comían más proteínas, incluido el pescado, tenían las más altas tasas de enfermedad del corazón, cáncer y diabetes.

Medicamentos

La píldora anticonceptiva aumenta el riesgo de enfermedad coronaria. Tiende a elevar la presión arterial y los lípidos en la sangre. Los estrógenos (hormonas femeninas) de los anticonceptivos orales (tomados por boca) aumentan la coagulación de la sangre. Sus efectos se potencian al unirse con el tabaco.

La aspirina se usa como antiagregante plaquetario, pero en dosis altas inhibe la producción de prostaciclina (protaglandina o sustancia reguladora) y puede provocar angina (Braier).

El antihipertensivo propranolol y los diuréticos de la familia de las tiazidas aumentan los triglicéridos o grasas en la sangre y disminuyen el HDL colesterol.

Estimulantes

La cocaína (especialmente el "crack") y las anfetaminas son quizás las más potentes drogas y estimulantes que producen una constricción arterial y la formación de coágulos y placas de hemorragia. Varios atletas de alta competición han perecido debido a estos efectos.

El ejercicio excesivo

El ejercicio excesivo en personas con una dieta rica en grasas, fumadoras y con estrés, que además usan estimulantes puede favorecer la crisis cardiaca. Por el contrario el ejercicio moderado acompañado de cambios en la alimentación y en la forma de vida es lo más recomendable para recuperar o mejorar las lesiones cardiacas.

Otros factores

Además de los ya mencionados, se han descrito otros muchos factores cuya asociación con la enfermedad coronaria es todavía motivo de discusión. Así, se ha señalado el ácido úrico alto, el consumo de azúcar refinado, alcohol y calé.

En algunos estudios se ha constatado que el consumo regular y moderado de alcohol se asocia a un aumento de las HDL aunque en otros se ha visto que el consumo excesivo de alcohol puede disminuirlo (Cervera y col.). Además, el consumo de alcohol puede contribuir a aumentar el peso corporal y los triglicéridos plasmáticos, además de todos los demás riesgos relacionados con el alcoholismo y la toxicidad del alcohol para otras zonas del cuerpo y en especial para el hígado y el cerebro.

 
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