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¿Qué es y para qué el ayuno?

El ayuno no es nada nuevo. Desde la antigüedad hasta nuestros días, culturas de todos los tiempos, tanto de Oriente como de Occidente, lo han practicado en diferentes periodos y por distintas razones; religiosas (expiación), espirituales (purificación), como protesta social (huelgas de hambre), por motivos de salud física (para desintoxicar el cuerpo) o mental (para ver más claro).

El descanso es, quizás, la fuerza más curativa de la naturaleza y el ayuno es una forma de descanso; el descanso fisiológico.

Los animales y los niños, por su propio instinto, dejan de comer cuando están enfermos y lo mismo haría nuestro cuerpo si lo supiéramos escuchar en periodos de dificultad. Cuando hay algo que reparar, tanto a nivel físico como emocional, el cuerpo nos indica que no es momento de comer.  Tras un accidente donde se han producido heridas o fracturas de huesos, en épocas de gran preocupación, después de haber sufrido un shock, en procesos gripales, cuando aparece la fiebre o después de una intervención quirúrgica, por ejemplo, la sensación de hambre disminuye y es así como nuestro cuerpo nos está diciendo que es momento de darle un descanso al sistema metabólico, entre otros. Es un periodo de eliminación y limpieza, algo así como un “cerrado por reparaciones” para que nuestro organismo pueda despertar sus capacidades de autocuración y autoregeneración interna.

¿Para qué sirve y cómo funciona?

Cuando una persona ayuna no gasta energía en el proceso de digestión y asimilación de nutrientes, así que, esa energía “ahorrada”, la invierte en los procesos de eliminación de sustancias de desecho y tóxicas, y de autocuración. Todo ello, lo hace guiado por la inteligencia somática, esa misma que permite que nuestro corazón lata, día y noche, que nuestros riñones filtren la sangre o que el hígado tome las sustancias necesarias para la reconstrucción orgánica y la neutralización de toxinas. Esos mismos órganos, al no tener que trabajar en los procesos digestivos, recanalizan su energía, encauzándola hacia las zonas enfermas o a punto de enfermar. Es así como el cuerpo despierta sus propias capacidades de eliminación y autoregeneración.

El ayuno no cura, es el cuerpo el que lo hace, mientras ayunamos

En ayunos hídricos (únicamente bebiendo agua) o ayunos con caldos de verdura y zumos, el cuerpo deja de recibir comida del exterior, pero eso no quiere decir que no se alimente. Sí lo hace. Se alimenta de sus propias reservas, entre otras cosas. Es como si echara mano de comida ya preparada. Durante las primeras horas, consume azúcar (glucosa), posteriormente, grasas. De esa manera consume alimentos que tiene almacenados en sus propias células.

¿Se pasa hambre durante el ayuno?

Contrariamente a la idea que tenemos, el ayuno es más fácil de llevar de lo que imaginamos, pues la sensación de hambre física desaparece durante el primer o segundo día. La impresión puede llegar a ser, incluso, como la de tener el estómago lleno, aunque sí es cierto que puede aparecer cierto recuerdo psicológico de la comida y una necesidad (mental) de abrir la nevera.