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Beneficios del ayuno

El ayuno no es, en sí, una terapia sino la mejor manera de darle un descanso fisiológico, general y completo al organismo. El cuerpo humano no gasta energía en la digestión ni en la asimilación de alimentos ingeridos, y esa energía que ahorra, la invierte en el proceso de limpieza, regeneración y autocuración. 

Con el ayuno, vaciamos el intestino y dejamos sin alimentos a los gérmenes patógenos que no pueden vivir por falta de víveres.

 

Detiene la ingesta de alimentos que se descomponen en el intestino e intoxican al cuerpo.
Al no tener que neutralizar los tóxicos originados con la fermentación y putrefacción o con alimentos artificiales, el organismo no se intoxica y va sanando. De alguna manera, dejamos de introducir porquería al conducto digestivo.

 

Vacía el conducto digestivo y se deshace de las bacterias de putrefacción.
Las bacterias crecen y se reproducen en el conducto digestivo cuando hay una mala digestión, con la consiguiente retención de “comida basura”. Estos restos son el caldo de cultivo donde pueden aparecer todo tipo de gérmenes.
Al desaparecer los alimentos, concluye también la fermentación y la putrefacción de los mismos y, por tanto, también las bacterias que se alimentan de la descomposición y muerte celulares. Así, el ayuno, evita cualquier inflamación o infección bacteriana en el intestino.

 

Da a los órganos de eliminación una oportunidad para ponerse al día en su trabajo.
La sobrecarga del organismo ocasionada por continuada alimentación insana dificulta la correcta eliminación de sustancias tóxicas. Los órganos de eliminación se ven sobresaturados y no cumplen adecuadamente su función. Además, cuando nos mantenemos en un estado continuo de estrés, llegamos al agotamiento orgánico y esos mismos órganos no pueden realizar bien su labor por falta de energía, originándose así una acumulación de toxinas en el interior y dando lugar a una profunda intoxicación. Con el ayuno, la energía del cuerpo se centra en la limpieza, en la desintoxicación y en la autorregulación interior, no así en la vida exterior. Esto abre la vía hacia la curación.

 

Restablece la bioquímica y la fisiología normal y sana.
La salud no es una situación rígida y estable, sino, más bien, un proceso dinámico que se equilibra y se renueva constantemente. Mediante el ayuno, esta renovación se ve ampliamente favorecida. La forma íntima de recuperar la fisiología sana no es patrimonio de los médicos, sino de los procesos de regeneración que hay en nuestro interior, como parte de la naturaleza que nos rodea y que se cura continuamente a sí misma frente a los ataques de un ser humano egoísta y competitivo.

 

Favorece la desintegración y la absorción de pus, flemas, derrames, depósitos, tejidos enfermos y tumoraciones.
Mediante el ayuno, el cuerpo elimina todo lo que no es vital para su correcto funcionamiento. Se produce una verdadera autodigestión, autolisis o autofagia, de todas las sustancias perjudiciales para él,y un sacrificio de aquello que está menos vivo o es“malsano”: tejidos con pus, flemas, fístulas, abscesos, tumores…

Además, como demostró el Premio Nobel de Medicina del año 2016 Yoshinori Ohsumi, a través de la autofagia, que se ve favorecida por el ayuno, las células reciclan sus componentes en mal estado y crean otros nuevos orgánulos celulares en condiciones óptimas.
El cuerpo elimina lo perjudicial y lo sobrante, lo menos vital o lo que le genera enfermedad y muerte.

 

Rejuvenece las células, los tejidos, así como todo el cuerpo.
En la vida diaria, durante la vigilia y toda la actividad desarrollada hacia el exterior, el cuerpo emplea su energía en el sistema de relación (músculos, órganos de los sentidos, del habla, memoria, concentración mental) y se va desgastando. Durante la noche, mientras descansa, sueña y ayuna, el organismo pone en marcha todas las fuerzas de regeneración.
Las células, los tejidos y los órganos viven un verdadero rejuvenecimiento durante el ayuno, una recuperación que incluso se traslada al  exterior, dando lugar a una imagen más saludable, relajada y jovial de la persona.

 

Permite la conservación y recanalización de la energía vital.
Una de las causas que obstaculizan la libre circulación de la energía por el cuerpo son los bloqueos y barreras musculares originadas por tensiones emocionales y psicológicas. En el ayuno, el cuerpo disuelve estas barreras, facilitando la recanalización energética y su libre tránsito a través del “cuerpo energético”, que es lo que hace que los átomos, las moléculas, las células, los tejidos y los órganos permanezcan unidos y en una fluida comunicación.
La persona fatigada necesita descansar. Lo peor que podemos hacer es recurrir a los estimulantes. De la misma manera que el látigo hace seguir trotando a un caballo pero no le da fuerza, los estimulantes (café, alcohol, medicamentos, etc.)  excitan al cuerpo sin aportarle energía hasta que éste se agota.

 

Incrementa la capacidad digestiva y de asimilación de nutrientes, tanto en el aparato digestivo, como en cada una de las células del organismo.
El hígado y el páncreas, son los órganos encargados de transformar las corrientes nutritivas en el aparato digestivo. Durante el ayuno, no solo descansa dicho aparato, sino también los millones y millones de células del cuerpo, que también viven un descanso nutritivo. Toda la energía ahorrada en esa forma de descanso se canaliza hacia la curación, dando lugar a un repaso interno del organismo.

 

Cambia el estado mental favoreciendo una expansión de la consciencia.
El ayuno es un tiempo para interiorizar, un momento para estar “hacia dentro”. Muchos de los grandes místicos de la humanidad (Jesús, Buda, Mahoma…) eran conocedores de sus grandes beneficios para llegar a un estado de “despertar” consciente.
Una comilona pesada, como es un banquete de boda regado con licores, embota la consciencia y da sueño, llevándonos a la inconsciencia y al limbo. Por el contrario, el ayuno despierta la consciencia. No es casualidad que los chamanes ayunen antes de entrar en trance en su viaje hacia un mundo más allá de la visión normal.
Cuando es aceptado y bien llevado, el ayuno favorece una visión interna o espiritual, lo que el gran psicoanalista Sigmund Freud llamaba “atención flotante”. Realmente favorece la quietud mental y la apertura hacia la consciencia.

 

Renovación de los órganos de los sentidos.
Muchos ayunantes señalan la mejoría de su capacidad de ver, escuchar, oler y gustar. El ayuno despierta la sensibilidad, los sentidos, la percepción del mundo. Hay personas que mejoran su visión pudiendoleer sin gafasletras que eran ilegibles tiempo atrás. La salud del ayunante se refleja en sus ojos, y unosojos brillantes indican salud.
Se recobra también el olfato. Los fumadores,que normalmentesufren una retención de mucosidad nasal constante, recuperan la capacidad de oler.  Asimismo, muchos ayunantes se hacen especialmente sensibles y rechazan con desagrado olores que pueden provocar incluso náuseas, vómitos o sensación de mareo (colonias, desodorantes químicos, tabaco…)

 

Permite una pérdida de peso.
El ayuno es guiado por la naturaleza interna del cuerpo. El descenso de peso puede ser necesario y totalmente recomendable en enfermedades tan diferentes como son: la obesidad, la diabetes, artrosis, hipertensión, problemas de la columna vertebral, trastornos cardiacos y respiratorios, etc.

 

Beneficios del ayuno en relación al exceso de peso.
Aunque no sea el primer objetivo del ayuno, como consecuencia de la desintoxicación se produce una pérdida de peso que trae consigo, inmediatamente, signos evidentes en la mejora de la Salud: La respiración se vuelve más fácil al bajar de peso; hay una mayor facilidad de movimientos; desaparece la sensación de cansancio, también la de saciedad y molestias en el abdomen; los síntomas de indigestión dejan de molestar, la presión sanguínea se reduce y la sobrecarga que el corazón tiene que llevar, disminuye. Hay otras molestias que también desaparecen, mejorando el estado general de Salud. Durante el ayuno, tras la experiencia de muchas décadas, recomendamos reposo,  incluso a las personas obesas. De esa manera, la energía ahorrada es invertida en todos los procesos de autolimpieza y, en consecuencia, también se pierde peso.