ARTROSIS
03. EL REUMA
En el libro “Enfermedades reumáticas, todas las respuestas” de la Sociedad Española de Reumatología, uno de los autores, el Dr. Eliseo Pascual escribe: “Algunas enfermedades reumáticas tienen su origen en problemas en la función de algunas estructuras, por ejemplo una contractura muscular mantenida relacionada con defectos de la postura u otros factores”. Los estudios de los especialistas en psicosomática demuestran que entre esos “factores” tienen un papel primordial los problemas psicológicos.
Cuando predomina la inflamación, hecho más frecuente en los jóvenes, la afectación articular se conoce como artritis. Si predomina la degeneración articular (cartílago y hueso) se llama artrosis o “desgaste”. Tanto en unas afecciones como en otras actúan varios factores además del psicosomático, como veremos más adelante. A estas múltiples afecciones se las conoce como enfermedades reumáticas o simplemente reuma. La palabra reuma es un saco donde se colocan afecciones de los huesos, articulaciones y músculos en general.
Estudiamos en principio una de las afecciones más comunes y más representativas de nuestra forma de vida: La artrosis.
Cambios en la articulación
Desde la teoría de la Higiene Vital o Higienismo la artrosis es consecuencia de lo que hemos llamado “civilización del bienestar”, donde tienen especial importancia la mala alimentación, la obesidad o sobrepeso, la vida sedentaria, el estrés o las tensiones psicológicas, las malas posturas (en la vida diaria, en el trabajo o aprendidas en la escuela). A la artrosis popularmente se le conoce como desgaste, y entre ellas el desgaste de rodilla y el de cadera son las más frecuentes. Hay que diferenciarla bien del desgaste de huesos, conocido como osteoporosis, que es una pérdida de calcio a nivel general de todo el esqueleto.
La artrosis es una enfermedad que aparece a partir de los 40 años, y se caracteriza por una alteración importante de la articulación. En dicha articulación tiene lugar un reblandecimiento original de una zona del cartílago, seguidamente aparecen unas fisuras superficiales y el cartílago se va destruyendo poco a poco y por fin se afecta el hueso que se encuentra por debajo de este (ver figura). El hueso intenta reparar la lesión formando excrecencias o salientes en las márgenes de la articulación (se conocen como osteofitos).
La cápsula articular se encuentra engrosada y fibrosa, y puede haber derrame del líquido sinovial o líquido interno de la articulación, especialmente en la rodilla.
En los estadíos avanzados sólo quedan vestigios de cartílago. Los crujidos al mover la articulación traducen la pérdida de la regularidad de la superficie del cartílago. Las articulaciones habitualmente afectadas son las rodillas, caderas, columna vertebral y los dedos. Si no hay traumatismos u otras causas locales no se afectan las articulaciones de los hombros, muñecas, tobillos y codos.
Los síntomas de la artrosis o desgaste de una articulación son locales: dolor, rigidez, limitación de la movilidad y pérdida de la función o trabajo de dicha articulación. En las artrosis avanzadas hay un abultamiento y deformidad de la articulación.