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Rabia

Rabia

Encauzar la rabia sin destruir ni destruirse

La rabia designa un conjunto de emociones o variantes como la ira, la cólera o el furor, términos que comparten la necesidad de echar fuera, de deshacer la presencia o la ausencia de todo aquello que molesta, obstaculiza o acorrala. Son emociones que buscan golpear, morder, machacar, retorcer y generan destrucción: autodestrucción (hacia adentro) o heterodestrucción (hacia fuera).

La ira y la cólera tienen menos intensidad y una causaconcreta y definida que las origina. Sin embargo, la rabia y por último, el furor o la furia surgen por un cúmulo de circunstancias a menudo difíciles de precisar, como frustraciones e impotencias pasadas, no expresadas y vividas en soledad, y se expresan con una intensidad extrema. En la rabia, además, existe un fuerte sentimiento de estar acorralado.

La frustración se relaciona con la no aceptación de la vida, la necesidad de que las cosas sean como yo quiero, de que mis expectativas sean cumplidas y mis necesidades satisfechas.

La rabia puede surgir también cuando nos sentimos dolidos o asustados o bien utilizarse para tapar y ocultar sentimientos más profundos: la vulnerabilidad, la inseguridad o el complejo de inferioridad; para enmascarar el miedo, la tristeza o el dolor…

Cuando a la persona se le hace difícil controlarse, se siente frustrada o derrotada, puede usar la rabia o el enfado para trasladar la responsabilidad de lo que siente a otra persona o a otro suceso, en lugar de integrar sus propios sentimientos. A menudo consigue lo que quiere porque los demás prefieren complacerle antes de tolerar sus rabietas o sus ataques de ira. Incluso puede manipular a los demás por medio de la culpa (ya que cuando los demás se sienten culpables por cómo está, la persona gana poder) o a través del miedo (esto es más efectivo con los niños o con aquellas personas que se sienten psicológicamente débiles).

Emociones calientes

Tanto la ira y la cólera, como la rabia y la furia son emociones calientes que nos expanden hacia el exterior. Decimos caliente para diferenciarlas de otras emociones frías que congelan y entumecen el cuerpo y la respiración. La rabia (o cualquiera de las otras variantes) activa los mecanismos neurológicos y las fibras musculares de acción: piernas, pies, espalda, brazos, manos, cara, boca…y enrojecen la piel de la parte superior del pecho y la cara. Tiende a expresarse hacia fuera. El odio, en cambio, es frío y se alimenta del deseo de que a la persona odiada le vaya mal en la vida.

Cuando nos sentimos rabiosos, rabiosas, el cuerpo se prepara para la acción: el ceño está fruncido, la mirada fija en el otro, la mandíbula apretada, enseñando los dientes, la cabeza hacia delante y los puños cerrados… Tratamos con hostilidad a los demás, no escuchamos, respondemos con violencia, la voz es potente, gritamos con facilidad, nos enfrentamos y a menudo, “perdemos la cabeza”.

 

La rabia en el cuerpo

Si la rabia no es expresada hacia fuera, la fuerza de la emoción se revierte y la destrucción va hacia adentro, dando lugar a verdaderos problemas físicos, trastornos y enfermedades. Debemos tener en cuenta que todos los grupos musculares que se habían preparado para la acción se quedan bloqueados. Muchas enfermedades psicosomáticas tienen un componente de rabia importante. Lo que no decimos con palabras o actos lo decimos con el cuerpo…

Una de las zonas del cuerpo donde más rabia acumulamos es en la mandíbula. Muchos problemas dentales tienen su origen en esta fuerza reprimida. Tal y como hacen los niños, los adultos también podemos utilizar el morder (una toalla, por ejemplo) como forma de descargar la tensión acumulada en esa zona. Otra forma inconsciente es el bostezo y si estamos en el monte o en un lugar apartado, podemos gritar a pleno pulmón para liberar la ira.

Otras zonas donde acumulamos bloqueos son las manos y los pies. Por eso los deportes son excelentes para soltar la energía activa de la rabia, sobre todo los juegos o deportes de pelota.

Llorar ante la impotencia que nos genera la vida es otra manera de descargar, ya que tanto la frustración como la rabia salen por los ojos. Sin embargo hay que evitar dejarnos caer en las garras de la tristeza.

Rabia, depresión y resentimiento

La depresión y la tristeza son emociones pasivas, hacia adentro. Sin embargo, la rabia o la ira son agresivas y nos impulsan hacia fuera, volviéndose contra el obstáculo y haciéndonos recuperar el terreno perdido en nuestras relaciones.

La rabia y la depresión nunca van claramente juntas. Si hay rabia, no hay depresión ni viceversa.  Lo que ocurre es que la depresión esconde una rabia profunda, que no se ve. La rabia, a veces, también nos ayuda a salir del miedo.

Resentimiento viene de “re-sentire” o volver a sentir. Aparece cuando la rabia se cronifica, es una rabia “de guante blanco”que  no conlleva violencia física, sino que sale a través de la palabra burlona, la ironía y el sarcasmo hiriente.

El estrés y el hecho de olvidarnos de nosotros mismos son también causas importantes de frustración, impotencia y rabia. Cuando esto sucede, toda esa energía bloqueada se transforma en ira, una emoción de autoafirmación que intenta recuperar el terreno perdido aunque la forma de expresarla no sea la correcta.

¿Es buena la rabia?

En sí misma, la rabia no es ni buena ni mala. Más bien es necesaria en ciertos momentos de nuestra vida. A veces, tenemos que ser “agresivos”, decir “sí”y “no”, marcar los límites. Decir un “no”a tiempo es decir un “sí”a uno mismo.

La rabia tiene una fuerza emocional que, bien empleada, es altamente constructiva. Lo negativo de dicha emoción es el cómo, el cuándo y el dónde la expresamos. Si logramos expresar, de una manera encauzada y bien canalizada, lo que la rabia tiente que decir, descubriremos que debajo, o por detrás, el mensaje que asoma es el dolor.

La ayuda de un terapeuta experimentado que nos acompañe para vivir el volcán de la rabia sin autodestruirnos ni destruir, nos puede hacer descubrir los mecanismos que la hacen dispararse e instaurar en nosotros sistema de confianza para debloquear músculos, soltar tensiones y autoafirmarnos en nuestra capacidad para expresarnos.

Contención y culpabilidad

Para algunas personas expresar la rabia se convierte en un acto altamente destructivo hacia el otro y, en consecuencia, seguidamente, entran en culpa por haberse desbordado perdiendo los papeles. Para otras personas, esa explosión es tan difícil que prefieren contener el volcán, cortando y reprimiendo el impulso. Así, la energía se queda dentro, como en una olla a presión, y todo el cuerpo se contiene aunque, por dentro, se encuentra en ebullición.

El peligro estriba en que, al abrir la tapa, al ser la presión interna tan grande, si la emoción no se canaliza o se expresa de manera adecuada, puede destruir y hacer daño, físico o psicológico, tanto hacia dentro, como hacia fuera. Por eso, muchas veces aparece la depresión o un cuadro de ansiedad que, en el fondo, está tapando un montón de rabia no expresada. Ansiedad, culpa y depresión aparecen, con frecuencia, estrechamente unidas.

La expresión de la rabia o de sus variantes no tiene que ver con la intensidad del grito, del golpe o del pataleo, sino con  la capacidad de vivir y “resentir” lo que se chilla, golpea o patalea. Dar golpes sin ton ni son, sin saber dónde está uno o qué está haciendo es un acting out(escapar de la situación); puede ser liberador, pero no es terapéutico, porque no se produce un cambio en la profundidad, ya que “el yo regulador”no está presente. En el trabajo con estas emociones, lo importante es no deslumbrarse por la puesta en escena, sino vivir la profundidad que conllevan.

Para rescatar el mensaje de dolor o de amor que trae la rabia hay que aprender y desaprender a través de la experiencia del cuerpo emocional, del cuerpo terapéutico, que es el cuerpo vivo y vivido en profundidad. Y hay que tener en cuenta que en ese “desaprender”probablemente quedará siempre una cicatriz emocional.

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